¿Qué hubo en el discurso de Raúl Castro?

Armando Chaguaceda

Fidel y Raul Castro en la primera sesión de la nueva legislatura cubana el 24 de febrero, 2013. Foto: granma.cubaweb.cu

HAVANA TIMES — Los taxistas y trabajadores informales, agudos cronistas de la vida cotidiana, suelen sorprendernos con su agudeza para captar  aquello que las explicaciones rebuscadas dejan de lado.

Hace una semana, en pleno centro de México, un limpiador de calzado, al darse cuenta de mi acento, me preguntó “Eres cubano?” Para enseguida, a mi respuesta afirmativa, añadir una frase “Oiga cubano, este viejito es más sensato que el otro …verdad?”

Como el lector rápidamente supondrá, al aludir a los viejitos el ambulante hablaba de Raúl y Fidel, las octogenarios figuras que han dirigido el estado cubano en los últimos 54 años. Y es que las noticias de que “ahora los cubanos pueden viajar, vender sus casas y hacer negocios” son presencia cotidiana en más de un medio de información – y en charlas de calle- a lo ancho y largo del mundo.

Rondaba aun esa frase en mi mente cuando presencié los videos de la conformación de la nueva (¿¡) Asamblea nacional cubana. Ante los agudos análisis sobre el trasfondo y repercusiones de los cambios anunciados el pasado 24 de febrero -aportados por reconocidos especialistas como Rafael Rojas [1]  y Haroldo Dilla [2] – hay poco que añadir. Pero sí quisiera centrar mi mirada sobre el discurso pronunciado por el presidente cubano, después de conocerse su esperada reelección. [3]

No fue un discurso de grandes sorpresas. Como era natural, Raúl recordó nuevamente al auditorio que su misión “no es instaurar el capitalismo” y cerró su intervención repitiendo el subversivo concepto de Revolución de su hermano mayor. También es normal que dedicase palabras de aliento y elogio a sus partners bolivarianos, sostenes de la economía isleña y aliados de la política exterior cubana.

Sin embargo, creo que del discurso raulista vale la pena destacar varios tópicos. Primero, que toda su intervención estuvo dirigida a destacar el peso creciente de la institucionalidad, las leyes y los procedimientos ordenados para el relevo de liderazgo en la isla. Se podrá argumentar, justamente, que es una pauta de sucesión dentro del monopolio del PCC y con la élite al mando desde hace decenios. Pero que se anuncie una limitación de mandatos y edades apunta al ascenso de nuevos liderazgos, los que inevitablemente aportaran cambios a la conducción política del país. Además, todo el que recuerde la ejecutoria personalísima de Fidel –y su consiguiente dislocación de roles e instituciones- convendrá que siempre es mejor la rotación de figuras y el límite del tiempo a un modo de dirigir donde los caprichos personales se convierten, sin freno alguno, en política de estado.

Que se ponga tope a la edad de los dirigentes es, a mi juicio, menos importante. Quizás hoy ello sirva como mensaje de prejubilación a la añeja dirección del país, pero si tomamos en cuenta que somos una población con tendencia al envejecimiento creo que los tiros no van por ahí. Lo que se necesita son jóvenes (o viejos) con ideas jóvenes, democráticas y aglutinantes. Porque siempre será preferible un provecto Mandela a cualquier talibán de la UJotaCé. Lo mismo es válido para la invocación de una mayor presencia racial y de género en la Asamblea: estas valdrán en la medida que expresen las especificidades de esos segmentos de la población y no si operan como meros figurines, diluidos en la marea unanimista.

Por último me llamaron la atención dos asuntos: que Raúl reconoció que los llamados a acelerar los cambios no fueran solo fruto de malintencionados y que renunciase a repetir las consabidas descalificaciones a los grupos disidentes. Que haya hecho tal cosa no significa que se haya despertado imbuido en el espíritu de Luther King: pero sí expresa su interés en concentrar sus últimas fuerzas en la batalla estratégica de edificar un orden regulado, eficaz, previsible. En construir institucionalidad, dotarla de sustento legal (Constitución mediante) y avalarla con la legitimación popular (por la vía de un referéndum).

Al final, nadie debe hacerse esperanzas de que estamos en la antesala de una democratización (liberal, socialista o de cualquier otro color) del régimen vigente. Esa solo vendrá de la mano de la presión y demandas –forzosamente crecientes- de la ciudadanía. Pero ignorar que estos cambios preparan un escenario mejor para todos –incluidos la propia elite y sus herederos- es una torpeza. En una vía de tránsito del socialismo de estado al autoritarismo se crean espacios para que la diversidad social se exprese, cada vez más, en sus manifestaciones políticas, sea de forma espontanea y movimientista o organizada e institucional. Así que habrá que ponderar la reciente movida raulista, recordando la proverbial sentencia bíblica: al César, lo que es del César.

Armando Chaguaceda

Armando Chaguaceda: Mi currículo vitae me presenta como historiador y cientista político.....soy de una generación inclasificable, que recogió los logros, frustraciones y promesas de la Revolución Cubana...y que hoy resiste en la isla o se abre camino por mil sitios de este mundo, tratando de seguir siendo humanos sin morir en el intento.

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2 thoughts on “¿Qué hubo en el discurso de Raúl Castro?

  • // ¡Ni césar, ni burgués, ni dios! //

    ¡Democracia verdadera y práctica, que es sin dudas posible!

  • Armando,

    Recuerda que ellos tienen el PODER, pero vosotros, los jóvenes cubanos, tenéis el TIEMPO. Y el tiempo inevitablemente termina venciendo al poder.

    El poder será vuestro.

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