El pasado de una ilusión

La Red Propuestas y el socialismo autogestionario cubano

Armando Chaguaceda

Foto: Irina Echarry

HAVANA TIMES — Un viejo refrán reza “aquellos polvos trajeron estos lodos”, recordándonos que aquello que a veces se percibe como novedad no es tal, y que todo tiene un pasado y un origen. A raíz de mi post anterior -dedicado al texto de Camila Piñeiro y su presentación de los autogestionarios cubanos- quiero sacar del anonimato una experiencia que tuve el honor de conocer y vivir en primera persona.

Lo hago como modesto aporte a la recuperación de la memoria del sector progresista de la academia cubana, para difundir aquellas experiencias que antecedieron al actual clima de debate y apertura que parece abrirse paso en ciertos ambientes intelectuales. Clima que, vale decirlo, permanece alejado de los medios masivos al alcance de la inmensa mayoría de la población.

En 2004, un grupo de académicos procedentes de la Universidad de la Habana, el Instituto de Filosofía, el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas y otras instituciones acompañados por varios amigos –entre ellos un periodista especializado en temas económicos- comenzamos a reunirnos de manera informal -pero conocida por nuestros colegas y directivos  y abierta a la participación ajena- para discutir los temas de la autogestión y la participación.

En los salones de nuestros centros de trabajo, en bares como El Carmelo o en la casa de algún compañero fuimos conformando lo que luego alguien bautizó la Red Propuestas.

Tanto quienes integraron el grupo como los que fungimos como coordinadores apenas frisábamos los 30 años, pero fuimos acompañados por algunos “hermanos mayores” que aportaron su experiencia de vida e investigación. En nuestro trabajo contamos con el apoyo solidario de amigos como Al Campbell, Michael Lebowitz y otros, quienes ofrecieron recursos y redes personales para la realización y difusión de nuestro trabajo en diferentes foros y publicaciones de la isla y el mundo. [1]

Sostuvimos debates con varios representantes de los grupos que señala Camila, de los que recuerdo particularmente dos. En los jardines de la UNEAC, un economista admirador de las reformas chinas trataba de descalificar cualquier idea de participación de los trabajadores, presentándola como una propuesta inviables frente a la necesaria preeminencia al mercado.

Otra vez, en el Palacio de las Convenciones, un conocido burósofo cuestionó como revisionista nuestro análisis de la realidad nacional- en especial la categoría socialismo de estado– y, en curiosa coincidencia con el economista, rechazó como inviables las propuestas de cooperativización, control obrero y planificación democrática que presentábamos como alternativas a la estatización  vigente.

El trasfondo no podía ser menos propicio para esta aventura intelectual. Estábamos en el clímax de la Batalla de Ideas -suerte de versión postmoderna de la Revolución Cultural- bajo la cual las tímidas reformas de los años 90, que otorgaron mayor presencia al mercado y ampliaron la participación comunitaria, fueron frenadas.

Se imponía la apuesta a la recentralización financiera, la reducción del cuentapropismo y el crecimiento de la burocracia, con los voraces talibanes de la Juventud Nacional en el puesto de mando. Así que nos tocó nadar a contracorriente de los estatistas y –en menor medida- de los economicistas que Camila nos presenta en su interesante ensayo.

La existencia de un grupo como la Red Propuestas -basado en el respeto intelectual, el compromiso cívico y la confianza interpersonal- se vio torpedeado por trabas que fueron apareciendo conforme el proyecto cobró vida, regularidad y publicidad.

Varios directivos vetaron la celebración de nuestras reuniones en sus centros, algunos compañeros del fueron alertados sobre la presencia de “intereses del enemigo” y un miembro del grupo fue conminado (bajo amenaza de represalias laborales) para que lanzase un rumor difamatorio sobre los dos compañeros que coordinábamos el grupo, acusándonos de “manejos turbios”.

Aunque la maniobra dejó mal parado al sujeto –al no poder presentar pruebas de sus aseveraciones y tener que retirarse en medio de la sospecha colectiva- su realización lograba parte de los objetivos previstos: sembrar dudas y tensiones en el seno del grupo. Las que seguramente contribuyeron, junto a la dinámica del trabajo común y la diversidad de intereses personales, a la paulatina extinción de esta esperanzadora propuesta.

La Red Propuestas se suma a una serie de iniciativas (como la Cátedra Haydeé Santamaría y las animadas por colegas como la entrañable Celia Hart) donde cubanos identificados con un socialismo democrático intentaron vislumbrar los contornos de su país, lejos de los dogmas dominantes dentro y fuera de la academia y política isleñas. El principal legado de estos nobles esfuerzos –que hoy recuerdo con cariño y respeto- fue el abrir una discusión e instalar ciertos temas, a contracorriente de la agenda política nacional. Mucho antes de que cierto discurso de Fidel -en noviembre de 2005- se convirtiera en plataforma de legitimación de aquellos que esperaban abordar, sin riesgo de agravio o sanción, los rumbos del proceso cubano.

Junto a otras iniciativas, impulsadas por gente comprometida con su país -desde los más diversos credos e ideologías- la experiencia de la Red Propuestas forma parte de una historia reciente de luchas y debates por un mañana mejor.

Es por tanto un relato que merece ser recuperado. Incursionar en la memoria reciente del otro socialismo cubano (democrático, participativo, autogestionario) no es solo –ni fundamentalmente- un ejercicio nostálgico o una arqueología que recorre, al decir de cierto historiador galo, el pasado de una ilusión. Es recordar, a quienes hoy persisten en una solución socialista a la crisis vigente, que existe un legado de fracasos, victorias y esperanzas que vale la pena conocer, si es que se quiere llegar a buen puerto.



[1] Los miembros de la Red participamos, entre otros, en eventos como las conferencias “La obra de Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI”, los congresos del Centro Investigaciones Psicológicas y Sociológicas y de la Sociedad Cubana de Psicología.  Frutos de este esfuerzo son obras colectivas como Pérez, Arnaldo (Comp.) Memorias del Evento Participación Social en el Perfeccionamiento Empresarial”, CIPS_CEEC, Editorial Félix Varela, La Habana, 2004; Chaguaceda, Armando (comp.) “Cuba sin dogmas ni abandonos. Diez aproximaciones a la transición socialista”, Editorial Ciencias Sociales, la Habana, 2005 y Coderch, Gabriel & Chaguaceda, Armando (comp.) “Cultura, Fé y solidaridad: alternativas emancipatorias frente al neoliberalismo”, Editorial Félix Varela, la Habana, 2005. También divulgaron nuestros textos páginas como Insurgentes, Kaos en la Red y Rebelión.

 

 

Armando Chaguaceda

Armando Chaguaceda: Mi currículo vitae me presenta como historiador y cientista político.....soy de una generación inclasificable, que recogió los logros, frustraciones y promesas de la Revolución Cubana...y que hoy resiste en la isla o se abre camino por mil sitios de este mundo, tratando de seguir siendo humanos sin morir en el intento.



Un comentario sobre “El pasado de una ilusión

  • ¿Cierto discurso de Fidel del 2005 y la Batalla de Ideas (del mismo autor) no se contradecían? ¿”El socialismo lo podemos hacer fracasar nosotros mismos” con la Batalla de Ideas? Ay Dios, se quema mi familia!!!!

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