“Dime hermano, como está la cosa”

Armando Chaguaceda

Julio Garcia Luis

HAVANA TIMES, 13 ene — Los ojos cansados, la mano engarrotada de tanto teclear una tesis que parece interminable. Husmear un poco en Internet antes de irme a dormir y, de repente, la incómoda noticia: se ha ido Julio García Luis, Decano de la Facultad de Periodismo, cubano y comunista honesto, buena persona.

No soy bueno para obituarios, sobre todo ante alguien que no puedo imaginar sino riendo, con ojitos adolescentes, y una voz franca y calma de guajiro bonachón.

Además, estoy seguro que sus numerosos discípulos, desde todas las edades, credos y coordenadas geográficas, le regalarán mejores homenajes, llenos de lirismo.

Yo sólo puedo aportar el testimonio de un joven profesor encargado de impartir Historia del Pensamiento en una facultad desconocida, que guarda el buen recuerdo de las charlas que en cinco años, compartimos.

Y a quien siempre dejó experimentar, compartir, dudar…con total libertad en los predios bajo su “mando”, ayudando a la cosecha de esa maravillosa generación de egresados que, algún día, tendrán un mejor escenario en el periodismo de la Cuba futura.

En su desempeño como maestro rural, o en el Sindicato de la Educación; como dirigente electo por – y no impuesto a – sus colegas de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y en su cátedra en la Escuela de Periodismo, Julio siempre defendió la necesidad de hacer un periodismo de investigación que reflejase la realidad y diera voz a las demandas de la población.

En sus artículos y tesis doctoral no dejó de cuestionar las trabas que el aparato partidario imponía al ejercicio de los periodistas cubanos. Y fue capaz de decir públicamente, frente a Fidel, los problemas que aquejaban al gremio, asumiendo los costes de tal “osadía” sin volverse un adulador ni pedir perdón por lo hecho.

Lo peor que podemos hacer es santificar a alguien que, de tan humano, debe haber sentido las mismas dudas, temores y desencantos de cualquier alma noble.

Es cierto, Julio nunca renegó de su idea de Revolución, la misma que buscaba hacer realidad en cada acto cotidiano.  ¿Y qué?

Quienes lo conocimos sabemos que nunca fue chivato o censor, aun cuando – aprovechando su arraigo entre los estudiantes- desestimuló alguna protesta de los muchachos de la facultad, echándosela encima para tratar de encauzarla sin “daños colaterales”.

Así sentía que los protegía de los sabuesos del Comité Central, siempre alertas ante una facultad tenida de “conflictiva”. Una vez lo discutimos; ahora no importa quien tenía (si eso existe) “la” razón.

Con una decencia a prueba de bombas, y una limpieza en el trato que sólo puede emanar de alguien convencido de sus ideas, Julio aventajaba- por años luz- a aquellos simuladores, cobardes y oportunistas que acechaban sus pasos y ambicionaban sus cargos.

Por ellos nadie verterá una lágrima ni escribirá una línea, a Julio hoy muchos le dedicamos nuestros mejores recuerdos y esperanzas.

Y aunque a él sí le corresponde, como a pocos, la socorrida frase “descansa en paz”  prefiero saludarlo como siempre lo hacíamos, en medio de carreras, en el rinconcito entre su oficina y el mostrador  del café: “Dime, hermano, como está la cosa¡”

 

Armando Chaguaceda

Armando Chaguaceda: Mi currículo vitae me presenta como historiador y cientista político.....soy de una generación inclasificable, que recogió los logros, frustraciones y promesas de la Revolución Cubana...y que hoy resiste en la isla o se abre camino por mil sitios de este mundo, tratando de seguir siendo humanos sin morir en el intento.


2 thoughts on ““Dime hermano, como está la cosa”

  • el 16 enero, 2012 a las 3:13 am
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    Armando. Solo conozco el periodismo cubano por lo que leo. Soy consciente que como regla general, se publica lo que deciden los del Departamento Ideológico o los de la otra cara de la misma moneda (los del dinero del norte). El Granma y el Miami Herald me parecen dignos exponentes de la escuela de periodismo que enterró los postulados martianos acerca de ese noble oficio. Opiniones sinceras de periodistas honestos no se encuentran por casualidad y aún buscándolas, es dificil hallarlas. Recuerdo poco a Julio García Luis y ahora entiendo por qué: el silencio es el precio que se paga en Cuba por las virtudes que tú nos cuentas que él tenía. Ojalá sirva su vida ( no su muerte) de ejemplo a los tantos honestos periodistas que seguramente andan por ahí en silencio, dispuestos a reivindicar la prensa cubana el día que le quiten la mordaza.

  • el 15 enero, 2012 a las 7:30 am
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    Hola Armando..!,es triste que alguien se “vaya”en tu primer parrafo….despues de lo escrito” escribes” buena persona!…..ya esta muerto!!…mejor seria “era buena persona”,un abrazo y disculpa!!,pero intercambiando opiniones “mejoramos algo” cuidate!!

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