Casa Cuba y la noble construcción de lo cubano

Armando Chaguaceda

logo-casa_cubaHAVANA TIMES — En días pasados, han aparecido en la prensa trasnacional cubana diversos análisis sobre la más reciente iniciativa del Laboratorio Casa Cuba, proyecto auspiciado –en compañía de un grupo de jóvenes intelectuales socialistas isleños – por los editores del proyecto Espacio Laical.

Como regla, los diversos cronistas han ponderado la claridad, espíritu propositivo y el consenso forjado por los autores del documento; algo que se agradece ante la compleja problemática cubana.

Destacan que el texto sea un nuevo refuerzo a la serie de iniciativas (Campaña por otra Cuba, Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible y la Declaración contra detenciones arbitrarias en Cuba) impulsadas en fecha reciente por diversas personas y colectivos ciudadanos; propuestas que comparten la virtud de hablar sin cortapisas del aquí y  ahora de nuestra vida nacional.

Creo que poco podría añadir a los análisis ya hechos, por lo que quiero rescatar algo del trasfondo humano de esta iniciativa. En ese sentido, me viene a la mente una conferencia impartida en Santo Domingo, hace un año, por Lenier González, joven editor de Espacio Laical y destacado impulsor de Casa Cuba.

En aquella ocasión, con prosa fluida y elegante, Lenier enumeró las contradicciones que lastraban el debate y participación ciudadanos en la Cuba actual, apostando por una búsqueda -sin exclusiones ni violencia- de alternativas que preservaran la soberanía nacional y popular, frente a las amenazas autoritarias y mercantiles que nos acechan.

Pero recuerdo en especial un gesto de Lenier que lo enalteció a los ojos de los presentes y emocionó a varios de quienes asistíamos al foro. En su ponencia, hizo un reconocimiento explicito a varias iniciativas; algunas que habían sido decisivas en su formación personal y otras que reconocía por su aporte a la actual vida pública de nuestro país.

Se refirió a las revistas Vitral y Temas, y a los proyectos Observatorio Crítico, Estado de Sats y el propio Espacio Laical. Recuerdo que la nobleza de sus palabras impresionaron a un amigo asistente al foro, al cual yo trataba por entonces de convencer de la calidad humana y cívica de quienes empujaban el proyecto editorial de los laicos habaneros.

Y es que quizás a algunos esa simple enumeración de foros y publicaciones no les diga mucho, pero no pasará desapercibida ante cualquiera que conozca las escaramuzas inciviles y los asesinatos de reputación y memoria que aun asedian nuestra precaria (pero expansiva) esfera pública.

Con su testimonio, el joven periodista no sólo estaba ofreciendo a los asistentes una somera cartografía y bitácora del debate y activismo ciudadanos: ese que suele invisibilizarse en las páginas de la prensa oficialista y de los medios del exilio recalcitrante.

También se ubicaba en una posición huérfana de envidias y protagonismos, la única desde la cual es posible forjar un proyecto de diálogo y construcción de alternativas a la política dominante en ambos lados del estrecho de la Florida.

Mucho ha llovido desde aquel encuentro en la cálida tierra dominicana y mi amistad y acompañamiento para con el proyecto Espacio Laical y sus animadores han crecido. Con todos los ingredientes que supone una sincera amistad: discusiones agrias y sin cortapisas, sueños y frustraciones compartidas, alertas sobre los escenarios por venir.

En ese tenor, la reciente iniciativa que varios amigos han adelantado tiene toda mi solidaridad y atención. Para celebrar la concisión y calidad de sus propuestas, que atienden -sin ausencias y con notable y fértil imaginación- a los graves desafíos nacionales.

Para sugerirles la apertura del proyecto a nuevas identidades sociopolíticas (como la demoliberal y la ecologista), susceptibles de complementar las disimiles perspectivas socialistas y democratacristianas presentes dentro de la plataforma ciudadana.

Con el Laboratorio Casa Cuba los esfuerzos de Espacio Laical por impulsar el debate informado y no excluyente entre cubanos se ven coronados de un nuevo triunfo. Y se reafirma al proyecto editorial laico como la publicación más consistente de la isla en cuanto al abordaje concreto de las problemáticas económicas y sociopolíticas cubanas.

Con ello, sus animadores se ubican, parafraseando a un mexicano inmortal, en la región más transparente del pensamiento y civismo nacionales. Una donde las miserias humanas fenecen por su propio peso, y donde afloran –pese a los temores, cansancios y censuras- toda la grandeza y creatividad forjadas en dos siglos de agónica construcción de lo cubano.


 

Armando Chaguaceda

Armando Chaguaceda: Mi currículo vitae me presenta como historiador y cientista político.....soy de una generación inclasificable, que recogió los logros, frustraciones y promesas de la Revolución Cubana...y que hoy resiste en la isla o se abre camino por mil sitios de este mundo, tratando de seguir siendo humanos sin morir en el intento.


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