El coronel no tiene quien lo visite

Ariel Glaria Enriquez

Foto: Nike

HAVANA TIMES – Aquel fue el último día que trabajé en casa del coronel. Después de almorzar pasé un rato con él en el balcón. Hasta donde me alcanzaba la vista solo veía edificios. Era la una de la tarde.

“Desde que me retiré nadie me visita. El reparto se ha vuelto un asco y me siento como si viviera en una selva,” comenzó diciendo.

“Antes todo era diferente. Mis subordinados me adoraban. No pasaba un día sin que uno viniera por aquí. Me acuerdo de dos tenientes, hermanos los dos, que venían a mi casa todas las noches a jugar dominó. Se la pasaban discutiendo. Si perdían, era el otro quien tenía la culpa, cuando ganaban entonces uno era el mejor. Se fajaban tanto que dejaron de jugar juntos. Así, mientras uno jugaba el otro se iba por ahí. Para mí ninguno sabía jugar. Pero me divertían. Eso duró hasta que los mandaron para la guerra de Angola. De eso hace ya… Norma, ¿Qué edad tiene Julián?”

“Treinta siete, dentro de poco cumple treinta y ocho. ¿Por qué?”, gritó Norma desde la sala.

“Por nada”, respondió el coronel.

“También tuve varios choferes. A todos los traté como de la familia. Uno de ellos hasta enseñó a manejar a Norma. Era un muchacho muy simpático. Creo que era de Las Villas. Cuando se licenció no volví a saber de él. Eso fue hace como… Norma, ¿Qué edad tiene Iván?”

“Treinta y cuatro. ¿Por qué?”, volvió a gritar Norma.

“Por nada”, dijo el coronel.

“Luego, cuando la URSS empezó a irse al carajo, fui amigo de tres oficiales rusos. Eran unos locos. Vivían como si nada les importara ya.  Les gustaba tanto el pescado que enseñaron a Norma a pescar con vara y a mí submarino. Fue una etapa también muy divertida. Por esa época nacieron mis tres hijas. Dos viven ahora en el Cotorro; la otra, en la Habana Vieja… 

No esperé el final, salí corriendo de allí.

Ariel Glaria

Ariel Glaría Enriquez: Nací en la Habana Cuba en el año 1969. Soy orgulloso portador de un concepto en peligro de extinción: habanero. No conozco otra ciudad, por eso la vida en ella, sus costumbres, dichas y dolor son el mayor motivo por el que escribo. Estudie la especialidad de Dibujo Mecánico, pero trabajo como restaurador. Sueño una habana con el esplendor y la importancia que tuvo.

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3 thoughts on “El coronel no tiene quien lo visite

  • Esta historia se repite en todas las esfera de la vida, algunos se quedan como zombis en las cuadras pues fueron tan malos con los vecinos y sobre todo dando opinión con las verificaciones, hoy son simples mortales y ni sus compañeros los visitan

  • Bueno Irina hay mucha gente que quisiera vivir asi. Buena casa y auto. Sentado en el portal jugando con su perro. Eso es vida. A lo mejor el resto del tiempo se la pasa escribiendo haikus.

    “Un monje preguntó a Zhàozhōu, “¿Tiene un perro naturaleza de Buda o no?”

    El apacible camino del viejo chocho hacia la iluminación.

  • La historia del coronel debe ser similar a la de muchos otros, cuando ya no tienen poder ni subordinados dejan de ser importantes. En mi barrio hay uno, vive sentado en el portal con su enorme barriga y permanece ocioso jugando con su perro la mayor parte del día. Tiene buena casa y auto pero ahora es un viejo chocho.

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