Aniversarios de la Luna y de Woodstock

Por Dmitri Prieto

(homenaje de un cubano-ruso al romanticismo americano).

Por estos días se conmemoraba el doble aniversario del desembarco del primer hombre (Neil Armstrong) en la Luna, y también del gran festival de Woodstock. La televisión cubana dedicó unos cuantos programas a recordar ambos eventos.

Como ruso -portador de un alma que algunos califican de “romántica”- siento que llegar a pisar la Luna puede ser como un sacrilegio… Por eso estoy contento de que no fueron los soviéticos (que en aquel entonces hacían todo lo posible para ello, con su cohete N-2), ni tampoco los chinos (que a lo mejor serán los próximos), sino los pragmáticos americanos los primeros que llegaron a la Luna.

Los programas de la TV incluían segmentos de documentales norteamericanos con entrevistas a algunos astronautas del programa Apollo. Me impresionó mucho como hablaban esos astronautas. Lo hacían con tremendo sentido de reverencia, de humildad, de respeto, de poesía… La mayoría de los norteamericanos que conozco no son normalmente románticos. Toman mucha cerveza, comen bistec y popcorn, y les gusta mirar American football por la TV, aun cuando están in England. Pero los astronautas de que estuvieron en la Luna hablaban como poetas, como gente de espíritu. Me conmovió. Uno decía que después de haber estado allá nunca había podido quejarse del tiempo (weather) o del tráfico, que ya no le importaban, no era nada en comparación con la condición del hombre más solitario en el universo… Se alegraba mucho de ver mucha gente en la calle, que era una gran bendición para él, que en la Luna no había gente, estaban ellos solos. Ellos estuvieron tan solos en ese lugar, y vieron nuestro planeta tan chiquito…

Yo había leído que en Rusia no transmitieron por la TV cómo los americanos llegaban a la Luna en 1969. Pero sí lo vieron los miembros del Politburó del Partido Comunista, y otras gentes importantes, en una sala con TV especial. Y cuando Neil Armstrong bajó a la Luna, por un segundo no sabían que hacer… Era el país enemigo el que llegaba allá, y llegaba primero.

La URSS perdía la carrera espacial… Pero en la sala estaban también los cosmonautas soviéticos, y cuando Neil bajo a la Luna ellos empezaron a aplaudir. Y entonces todo el Buro Politico de la URSS aplaudió también, con mucha alegría, celebrando a esos seres humanos que  estaban allá, llegaron allá, tan lejos, tan cerca de la Muerte.

En ese sentido hablaban en el documental Neil Armstrong y Buzz Aldrin: que ellos eran emisarios de la humanidad, no de un país, y como tales eran siempre recibidos después en sus giras por el mundo. Y aprendí mucho de ellos, aunque la primera frase de Armstrong en la Luna (“un pequeño paso para un hombre, un gran paso para la humanidad”; en el documental Neil confiesa que la pronunció después de orinar en su bolsa portatil) me parece algo patética en comparación con el “Payehali! (Here we go!)” de Yuri Gagarin, aquel 12 de abril de 1961.

Es interesante que a medida que nos alejamos en el tiempo se va perdiendo la visión del programa lunar norteamericano como la campaña de propaganda política más costosa de la historia. Cada vez más se impone la versión de que iban para allá para cumplir con la misión encomendada por JFK. Como si el otro extremo en el mapa del poder mundial no hubiese existido…

Nuestra TV también homenajeó a los cantantes del gran festival de Woodstock. Pudimos ver a Jimi Hendrix cantar esa versión tan suya del Himno de los EE.UU., pudimos deleitarnos con los acordes de su guitarra. Y ver también a Santana, Bob Dylan y muchos más.

Hace unos años coordiné un screening de un largometraje documental sobre Woodstock en una sala de video de Habana del Este, y recuerdo cómo los participantes debatíamos sobre cómo ese espacio de música pero también de pensamiento había emergido casi de la nada, es decir, de la concertación de unas cuantas voluntades que se pusieron de acuerdo y convocaron a la gente, y la gente fueron, y los músicos. Y se hizo música, poesía, política, sexo, y de nuevo música poesía política, con mucho pelo largo y otras hippadas a lo ´60.

Una organización autogestionaria, dirían hoy, una zona temporal autónoma (TAZ), casi un foro social.

Pero eso lo comentábamos nosotros hace años en aquella sala de video; por la TV de estos días sólo hablaban de música y de Jimi Hendrix, Bob Dylan y Santana.

Nos falta mucho para re-apropiarnos del tiempo, de nuestra memoria histórica colectiva. Cuando Woodstock y Apollo 11, en Cuba los hombres no podían llevar pelo largo, todos los timbiriches privados habían sido cerrados en la “ofensiva revolucionaria” el año anterior, el país estaba viviendo el “Año del Esfuerzo Decisivo” previo a la Zafra de los 10 millones del 1970: el Gran Salto Adelante que sacaría para siempre el país del subdesarrollo. Pero la zafra fue un fracaso, los 10 millones de toneladas de azúcar no se hicieron, la economía se derrumbó, vino la época del CAME y de los manuales de Filosofía de Konstantinov.

La TV cubana no menciona esos otros aniversarios. Tampoco menciona los 20 años de la masacre de la plaza Tiananmen de Beijing, o de la caída del muro de Berlín. Y a los románticos sólo nos queda apagar el televisor para mirar el conejo de la Luna, recordando a Neil Armstrong junto a la bandera de barras y estrellas que hoy aún debe estar allá arriba al lado de la base del módulo Eagle, y tararear el himno yankee imitando los acordes de Jimi Hendrix.



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