“¿Qué hacer con el refrigerador?”

Por Ammi

HAVANA TIMES – No puedo olvidar las palabras de mi hijo de siete años al estar 45 días de cuarentena en Cuba. Recuerdo su carita de quien sabe mucho a pesar de no conocer los misterios que le rodean. En su mente donde habitan juegos revoltosos y multicolores cosquillas, se escondía la ingeniosa idea del cierre de escuelas y vacaciones eternas.

Películas todo el día, comiendo palomitas, jugando al bandido, al pirata, al policía, dibujos por doquier así fueron solo las dos primeras semanas. Nunca pensé que me cansaría de jugar y ser feliz, solo quería que me doliera algo y llorar.

Hoy han pasado más de sesenta días, solo me siento a su lado, callada, miro su pequeño rostro pálido por la falta de sol, observo sus ojitos color café con sus largas pestañas que me recuerdan a mi madre. Mi hijo ha crecido mucho estos días, ha madurado, ya no corre ni salta y en algún momento lo he sorprendido llorando en silencio.

Hoy en la mañana este pequeño hombrecito ha comido su pan y el último preparado de leche en polvo, no sé cómo decirle que no almorzaremos, que se agotó el arroz, que ya consumimos la última lata de atún, que solo me quedan 10 cuc que tal vez ni siquiera los gaste pues en dos semanas no he podido entrar a la tienda aunque he hecho la cola bien temprano mientras él dormía.

Mi hijo tiene ese brillo peculiar que a veces me parece que es un viejecito lleno de sabiduría encerrado en éste pequeño cuerpo que me abraza la cintura. Le beso la cabeza trato de decirle algo pero me aprieta fuerte y quedo muda.

Abre el refrigerador, mira la gaveta donde por mucho tiempo he guardado sus chocolates y está vacía, finge tomar un poco de agua, sé que tiene hambre, pero no dice nada, siento que me lee por dentro, intento no mostrarle ningún signo de preocupación, aunque me asusta la idea de lo desconocido, de no saber cuánto falta para alcanzar de nuevo la “normalidad”.

“Mamá que haremos con el refrigerador?” La pregunta resuena en toda la cocina, imagino que a su corta edad y ver que la máquina ya no guarda comida, sino numerosos pomos de agua y hielo pues a su entender ya no tendrá mucho uso, se me desata una carcajada, un millón de imágenes graciosas danzan en mi mente, el bodeguero con la máscara verde gritando que organicen la cola para el cloro, la vecina cantando a todo pulmón su nueva versión del titanic, y mi hijo delante de mí preguntando qué haremos con el refrigerador?

Y como soy de esas mujeres a quien la vida ha enseñado a improvisar le digo con la mejor de mis sonrisas – pues al refri lo vamos a decorar-, le voy alcanzándole todo tipos de lapiceros de colores, temperas y crayolas mientras observo la superficie blanca y espaciosa donde no huele a comida, ni a dulces, ni a chocolates recién comprados.         

Ammi

Una mujer de pueblo, madre de cuatro hijos que a través de constancia, estudios y superación ha alcanzado a mejorar su entorno y he aprendido que todo esfuerzo se premia y el conocimiento se comparte. Para mí no existe nada más importante que la libertad y sobre todo aquella que se impone y es capaz de romper los limites personales. Se me considera alegre, entusiasta, curiosa y dispuesta a aprender de cada nueva experiencia.

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2 thoughts on ““¿Qué hacer con el refrigerador?”

  • Me duele este artículo, porque a veces ni con dinero se consiguen las cosas

  • Es cierto y doloroso, y como tu hay muchas madres solteras que no tienen trabajo y por supuesto en estos meses no hay entrada de dinero, como le podemos explicar a nuestros hijos esta situación, y mucho más cuando se enciende el televisor y todo esta OK, para quien, el aplauso debería ser para estas mujeres

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