“El hoyo oscuro de Lola”

Por Ammi

HAVANA TIMES – No sé de quién hablarte primero, si de Lola o del hoyo oscuro que la rodea. No he podido descubrir cuál de los dos me causa más curiosidad. Voy a comenzar por ella, ya que la veo ahora mismo comerse un helado casero sin ningún color.

Sentada en el muro del portal de Antonio, mira como si esperara a alguien o algo. Ya tiene veinte, pero es como si el tiempo, en uno de sus arrebatos caprichosos, la hubiera encerrado para siempre en sus trece años.

Su padre es buzo, pero no de esos que bordean con oxígeno y patas de rana los arrecifes de coral, no, te hablo de los buzos de La Habana, los que se meten de cabeza en los latones de basura buscando algún tesoro abandonado en la reconocida urbe millonaria del Vedado.

Hace mucho que Lola viste y calza con lo que su padre es capaz de “descubrir “dentro de esas cuevas plásticas y misteriosas que ya él conoce al dedillo. La observo, tiene movimientos torpes, camina dando zancadas largas y balancea los brazos de manera exagerada.

Vio venir a su padre, con su saco al hombro lleno de sorpresas, él se ríe al verla y le dice lo mismo de siempre “Hoy para ti no hay nada” mientras comienza a sacar una quincalla de adentro del morral. Faldas multicolores de los años 80, tacones que sueltan la piel con cada toque y una sarta de collares hechos de semillas.

No puedo imaginarla más feliz mientras escucho la voz del padre nuevamente “mira que uno descubre cosas en la basura dice, mientras se pone unas botas con números visiblemente diferentes, ¿tú sabes, Lola? “la gente en el Vedado come hasta langosta, esos collares los he conseguido en medio de una peste a cascarón podrido de marisco, pero están lindos verdad?” le pregunta sonriendo y mostrando los pocos dientes sanos que le quedan.

Pues ya sabes algo de Lola, ahora te contaré de su agujero, ese que surge a eso de las tres de la tarde, cuando todavía en su casa no huele a comida ni a nada caliente que se le parezca. La chica toma un pedazo de cartulina apestosa que de algún lugar le ha traído su padre y con un pedazo de carbón comienza la faena diaria, va creando una especie de túnel que va perfeccionando según las horas que invierte en trabajarlo.

Me acerco despacio, pues siempre la he observado de lejos, me resulta demasiado rara como para ser de este mundo, me ha mirado, le brillan los ojos y creo haber escuchado un gruñido.

“Siéntate”, me dice, mientras me muestra el piso espacioso.

No sé qué tiempo, solo me doy cuenta que estoy relajado, sigo mirando el hoyo negro que se ha tragado la cola del pollo, la falta de jabón, la inexistencia de la pasta dental, las broncas con mi suegra y la mirada insistente de mi mujer diciendo que no hay dinero, se ha ido la presión en mi pecho, el deseo de gritar, se fue el virus y toda la puta idea que lo rodea, se ha ido todo, mis miedos, mis deseos, mi voluntad, todo.

“Puedes dármelo?”, digo mirando a Lola y luego al dibujo. Asiente, y lo recojo sin decir nada, me voy a casa, espero reunir a todos en la sala, mostrarles la obra de arte mientras me meto al baño a tomar una ducha.

Pd: Lola existe y el hoyo también, lo que no existen son mis miedos a decir…             



Ammi

Una mujer de pueblo, madre de cuatro hijos que a través de constancia, estudios y superación ha alcanzado a mejorar su entorno y he aprendido que todo esfuerzo se premia y el conocimiento se comparte. Para mí no existe nada más importante que la libertad y sobre todo aquella que se impone y es capaz de romper los limites personales. Se me considera alegre, entusiasta, curiosa y dispuesta a aprender de cada nueva experiencia.

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