Salir de Cuba, Mal de Montaña

Alfredo Fernández

alfredo1HAVANA TIMES — Lo sospechaba, lo que hay detrás de la aduana del aeropuerto José Martí es un salón con muchas sillas y tiendas que venden desde casi todas las variedades de ron existente en la isla, así como buena parte de la artesanía nacional.

Debo de aclarar que aunque me lo imaginaba así, si algo debía ver para creer era precisamente este lugar, inaccesible para mí justo hasta la madrugada del pasado día 11 de marzo en que abordé el vuelo de la aerolínea TAME que me condujo, sin escala, a la ciudad de Quito.

Nada más despegar el avión y me surgió una pregunta, cuándo volveré a ver esta extraña isla, instantes después todo se veía negro por la ventanilla de mi asiento, solo hasta pasadas las 3 y media horas en que el avión sobrevolaba la inmensa cantidad de luces de neón que ilumina a cualquier capital que no sea La Habana.

Sobrio y contemporáneo me resultó el aeropuerto “Mariscal Sucre”, a hora y media de la ciudad por unas carreteras que exigen la máxima destreza del conductor a cargo del vehículo.

Pasan 6 horas y ahí está el Soroche, que no es otra cosa que el “Mal de Montaña” (Quito está a 2800m de altura sobre el nivel del mar).  Me duele la cabeza, me falta el aire, me soplo la nariz y sale sangre, subo una escalera y me cansó como si terminara de correr una maratón, aun así me queda ánimo para examinar la ciudad.

Las lomas de Santiago de Cuba, que antes corroboraba inmensas, ahora me parecen imperceptibles, más para los quiteños las altas colinas no son un problema, gente está  al parecer de hierro.

Camino la ciudad y me aturde el bullicio de tantos comercios, los pequeños negocios, el siempre atestado tráfico, los incontables transeúntes del Quito colonial. También me impresionan los indios, los habitantes originarios de estas tierras y para colmo los más jodidos y pobres, siempre sumidos en la subsistencia inmediata.

alfredo-3Leo un cartel que dice: “Casa museo de Manolita Sáenz” –La libertadora del Libertador”–, entro y alegre le digo a la historiadora y directora del museo que recién me  leí en Cuba la novela de Denzil Romero “La esposa del Dr.Thorne” y ella automáticamente me reprende porque esa historia  para nada describe la personalidad de Manuela Sáenz.

Luego me dice tantas cosas de la patriota ecuatoriana que se me olvida el Soroche por la casi hora y media que la escucho de pie.

Regreso al hotel en el centro de Quito en que estoy parando, converso con el gerente que es un cubano que vive hace 18 años en Ecuador, luego entre el cansancio y el frio me acuesto a las 9.30 pm.

No sé qué circunvalación de mi karma hace que cuando ocurra algo importante en mi vida, generalmente no pueda documentarlo, de manera que el cargador de mi cámara esta vez se me quedó en La Habana y así mi primera impresión de Quito queda sin fotografiar.

Al otro día parto de visita al Cotopaxi, el volcán en activo más alto del mundo, a 5892 m, en el camino el guía que he alquilado me sugiere que me baje y me tire una foto — lo hizo con su celular–  “pues en un rato las nubes no dejaran ver al volcán durante ese día”.

Luego el guía me convino a ascender hasta el refugio, el carro solo llega a 4200m, éste se encuentra a 4862m, pensé que el ascenso me sería más fácil, pero no, el dolor de cabeza, el frio, y una fatiga  jamás experimentada casi me hacen desistir.

Si no hubiera sido porque el día anterior en el hotel, Oliver, el gerente cubano, me confesó que su madre de 80 años había ascendido, y lo que resultaba peor para un machista latinoamericano, destacamentos completos de muchachas europeas me pasaban estoicas por al lado con destino al refugio.

Así que me sentí sin más opción  que subir, demoré justo una hora en llegar, a unos 60m más arriba comenzaba la nieve, la cual veía por primera vez, y para regalo de la naturaleza, al rato de estar en el refugio, comenzó a nevar.

Era la primera vez que veía la nieve y por supuesto nevar, confieso que nunca pensé verla en el Ecuador, el país más cercano al sol, pero así son las cosas de la geografía y de mi buena suerte con el Cotopaxi.
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Alfredo Fernandez: alfredolahabana@gmail.com

Alfredo Fernandez

Alfredo Fernandez: No me fui de Cuba, pues uno no se marcha de donde nunca ha estado. Luego de gravitar por 37 años en esa extraña isla, logré pisar tierra firme, sólo para comprobar que no he llegado a ninguna parte. Quizás y nunca perteneceré a sitio alguno. Ahora vivo en Ecuador, pero por favor, no me crean del todo que ando donde digo, mejor localícenme en la Cuba de mis sueños.

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