Mi pereza y la del estado

Alfredo Fernández Rodríguez

El reloj sigue marcando.

Hoy  he decidido no seguir esperando “la bajada de la musa” y escribir.  Así, con este remedio hemingwayano pienso dar fin a un mes de pereza intelectual que no sólo me apartaba de mi espacio en Havanatimes, sino también del trabajo en mi tesis por la opción del grado de Maestro en Ciencias, grado académico que sin dudas abrirá nuevas puertas a mi vida profesional.

Este inoportuno estado de improductividad que me invade, más mi anterior visita el pasado 26 de julio a la provincia de Villa Clara donde se celebraba el acto político más esperado del año en Cuba, la conmemoración del aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, me han hecho pensar como la pereza puede, ya sea en lo personal o en la vida de las instituciones, atraer males evitables si no hacemos a tiempo lo que por ley toca.

Mi pereza es de mi absoluta responsabilidad, lo que me suceda producto de ella, llegado el momento, trataré de asumirlo como experiencia de vida. Ahora, no se si pueda hacer lo mismo con la pereza de lo que están a cargo de las instituciones del país.

No tenía grandes expectativas del discurso del pasado 26 de julio en la Plaza “Che” Guevara de Santa Clara pero me preocupa la excesiva demora en la implementación de medidas que oxigenen la maltrecha economía nacional.

De hecho la misma ciudad del Che (Santa Clara) es un ejemplo.  Junto a unos amigos el pasado domingo 25 de julio recorrimos el centro de la ciudad buscando un lugar adecuado para comer algo en la noche, sin encontrarlo.

Estoy seguro que si se permitieran restaurantes particulares (paladares,  les decimos en Cuba), sin el exceso de restricciones que termina mutilando toda iniciativa, hubieran aparecido varios  con exquisitos platos y confort.

La pereza del estado cubano ya ni siquiera le permite aprovechar lo que le brinda beneficios económicos de manera evidente.  Compararme con el estado de mi país me ayuda a desperezarme, me resulta beneficioso, pues no quiero acabar ante mis amigos como un ejemplo de alguien talentoso que si se hubiera ocupado a tiempo de sus asuntos hubiera logrado grandes cosas con sus proyectos.

Alfredo Fernandez

Alfredo Fernandez: No me fui de Cuba, pues uno no se marcha de donde nunca ha estado. Luego de gravitar por 37 años en esa extraña isla, logré pisar tierra firme, sólo para comprobar que no he llegado a ninguna parte. Quizás y nunca perteneceré a sitio alguno. Ahora vivo en Ecuador, pero por favor, no me crean del todo que ando donde digo, mejor localícenme en la Cuba de mis sueños.

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