Rays en Cuba: para fanáticos de verdad

Por Ronal Quiñones

Rays-Cuba-1HAVANA TIMES — Si usted no es de esos fanáticos con mayúsculas, como los de los Rolling Stones, que viajan miles de kilómetros para ver un concierto y luego hacen picnic sobre la hierba a la espera del comienzo del primer acorde, difícilmente haya disfrutado en vivo y en directo como aficionado del juego de béisbol entre la selección de Cuba y el club Tampa Bay Rays de Estados Unidos.

Vivir ese desafío en el estadio Latinoamericano de La Habana sería poco menos que traumático para aquellos acostumbrados a disfrutar de buen béisbol, desde la comodidad de la sala de su casa, o incluso en cualquier instalación del mundo, en un partido cualquiera.

La propia presencia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, condicionó la celebración de este choque, primero de pretemporada para una franquicia norteamericana en más de 50 años en Cuba.

Eso, como es lógico, marcó la velada, pero tampoco fueron muchas las diferencias si se compara con la visita de los Orioles de Baltimore en 1999, o la del expresidente James Carter unos años más tarde, pues ambas igualmente estuvieron signadas por varias de las situaciones que leerá más adelante.

Quienes fueron “privilegiados” con entradas (principalmente estudiantes y trabajadores de centros estatales), recibieron un largo panfleto en el que se indicaba qué se podía hacer y qué no. Entre estas últimas cosas se encontraba llevar celulares o cualquier tipo de cámara, cualquier tipo de alimentos, bebidas, bolsos o accesorios, arribar al Latino como mínimo cuatro horas antes del comienzo del encuentro (previsto para las dos de la tarde), no moverse de su asiento mientras Obama estuviera en las gradas, y tampoco desplazarse o abandonar la instalación sino hasta dos horas después que lo hubiera hecho el mandatario estadounidense.

Pocas horas antes del choque se flexibilizó la medida de los celulares, y se informó que habría Internet (wifi) libre durante el partido, pero eso nunca llegó a suceder y los que pretendían subir fotos a las redes sociales desde el mismo Latino debieron posponer sus intenciones.

Rays-Cuba-2Con todas estas limitantes, ya había que ser un gran fanático, o pertenecer a una escuela militar (como fueron los que ocuparon casi totalmente las bandas de primera y tercera), para mantenerse dispuesto a acudir el histórico enfrentamiento.

Por la televisión local, en las horas previas se insistía en que un partido como este no era cualquier cosa para los cubanos, porque con Estados Unidos se juega diferente, y así lo expresaron también varios de los protagonistas, entre ellos el mentor de la novena antillana, Víctor Mesa.

Sin embargo, a medida que fueron transcurriendo las entradas, se dejó de hablar de rivalidad, y se intentó restar importancia al marcador, tras quedar plenamente marcada la diferencia entre peloteros prácticamente amateurs y profesionales, aun cuando esa no sea una franquicia muy ganadora ni mucho menos en las Grandes Ligas.

En los alrededores del estadio varias cuadras a la redonda fueron cerradas totalmente al paso vehicular, y algunas estaban colmadas con ómnibus que normalmente cubren rutas en la capital cubana, o pertenecientes a centros de trabajo que fueron utilizados para otras funciones ese día.

La presencia policial era evidente en todas las vías de acceso, y según algunos consultados por Havana Times, debieron permanecer en sus posiciones durante casi todo el día, con un servicio gastronómico mínimo, y el resto corriendo de sus propios bolsillos. Tras rehusarse a dar sus nombres, exteriorizaron su esperanza de que en los próximos días le fuese reintegrado lo gastado en alimentación para no abandonar sus puestos.

No mucho mejor eran las cosas dentro del Latino, pues no existían los repartidores habituales que se desplazan por las gradas y, como resultado, era un auténtico embotellamiento lo que se vivía en las cafeterías tradicionales del recinto, desde donde no se ve el terreno, lo cual ponía al aficionado en la disyuntiva de hacer una larga cola para obtener algo de comer o beber, o disfrutar el partido.

Tampoco hubo actividades de algún tipo para entretener a los cerca de 40 mil aficionados que colmaban las gradas desde horas tempranas de la mañana, y cada cual mató el tiempo a su manera hasta que se dio la voz de ¡Play ball!

Foto: Ernesto González
Foto: Ernesto González

El Latino es otra historia. Tras años de justificaciones diciendo que no se podía arreglar porque no había presupuesto, se necesitaban equipos muy pesados y cualquier otra excusa, en unos 15 días se hizo lo que necesitaba el más añejo de los grandes escenarios deportivos cubanos, aunque eso le costara al equipo de la capital, Industriales, jugar de visitantes el final de la etapa regular. Por cierto, los integrantes de los cuatro equipos que protagonizarán la postemporada cubana 2016 (Industriales, Matanzas, Pinar del Río y Ciego de Ávila) se encontraban también en el llamado Coloso del Cerro.

Ahora ese lugar se parece un poco más a sus pares del continente, con una grama verde de verdad, y el espacio del jardín central pintado de negro y sin presencia de público, para permitir una mejor visibilidad a los bateadores de ambos equipos.

Apenas al cierre del cuarto episodio se fueron los dos mandatarios, para alivio de los que ya tenían deseos de marcharse a casa, aunque debieran esperar hasta el séptimo para poder efectuar la salida.

Dentro del terreno, la selección cubana volvió a mostrar sus carencias, al colocar más hombres en base que los Rays, pero desaprovechar chance tras chance, hasta que en el último capítulo el industrialista Rudy Reyes los rescató de la blanqueada con un cuadrangular solitario.

En cualquier caso, el daño estaba hecho hace rato, con cuatro anotaciones de los visitantes, que jamás estuvieron en real peligro de perder el desafío. Cuando al filo de las 5:20 de la tarde el inicialista Guillermo Avilés se ponchó ante los envíos de Alex Colomé, culminaban las angustias para los que se plantaron frente a las pantallas de sus televisores para disfrutar de una victoria caribeña, y los que todavía permanecían en las gradas.

Si usted no pudo acudir al Latino, espero que tras leer estas líneas no se sienta tan mal; en definitiva, no fue muy agradable la experiencia.

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