Por Ronal Quiñones

Cuban baseball fans.
Fanáticos de la pelota cubana.

HAVANA TIMES — Peleada, intensa y no ajena a las polémicas ha sido la Serie Nacional de béisbol de Cuba en su edición 53. Como cualquier torneo que se respete, dirían muchos aficionados.

Lo cierto es que concluida la fase preliminar, y ahora la segunda con la presencia de los refuerzos y solamente ocho equipos, han sido los cuatro más estables los que alcanzaron el boleto a la postemporada, los mismos que indistintamente se han alternado los primeros puestos del campeonato prácticamente desde el comienzo, en noviembre del pasado año.

Vea el calendario de los semifinales de la pelota cubana.

Solamente la Isla de la Juventud estuvo entre esos cuatro en una etapa avanzada del campeonato, y si no logró mantenerse en ese cuarteto fue en buena medida porque, por segundo año consecutivo, su mentor, Armando Jonson, escogió bastante mal los refuerzos.

Poca suerte tuvo con el lanzador Ariel Miranda, considerado el mejor zurdo de la pelota cubana actual, quien fue atrapado en un intento de salida ilegal y apartado por el resto de la Serie, pero los siguientes pudieron haber sido mejor pensados.

Su segunda opción, el tunero Yudiel Rodríguez, refuerzo el pasado año con Industriales, no tuvo un buen campeonato desde el principio, y sumando ambas rondas es el líder en juegos perdidos. En el momento de pedirlo quedaban en la bolsa mejores serpentineros como el mayabequense Leinier Rodríguez, el camagüeyano Yormany Socarrás o el granmense Alberto Soto, por mencionar unos cuantos.

Tampoco se inclinó por un torpedero bateador cuando quedaba el avileño Yorbis Borroto, por ejemplo, y eso también lo echó en falta.

Por el contrario, el que no estaba entre los cuatro primeros al cierre de la primera vuelta y finalizó nada menos que en segundo puesto la clasificatoria, Pinar del Río, estuvo entre quienes mejor seleccionaron. El manager Alfonso Urquiola, el más experimentado y exitoso de los involucrados en el torneo, se inclinó por Vladimir García (lamentablemente lesionado en las postrimerías) y el mentado Socarrás, además de tres buenos jardineros que inmediatamente pasaron a su alineación titular y se integraron al colectivo de manera armoniosa.

Artemisa y Holguín también pensaron muy bien a la hora de reforzarse, aunque partían con demasiada desventaja y solamente pudieron avanzar hasta el sexto y el quinto lugar, respectivamente. En el caso de los holguineros, estuvieron muy cerca de desbancar al vigente rey de la pelota cubana, Villa Clara, y si no lo hicieron fue en buena medida por el mal manejo de su inexperto cuerpo de dirección.

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Matanzas (izq.) y Industriales son dos de los equipos en los semifinales.

Pero apartándonos un poco de lo estrictamente deportivo, incluyendo la Serie del Caribe, a la cual ya le dedicamos un amplio espacio en estas páginas, el actual campeonato tuvo momentos alarmantes en cuanto a la seriedad de sus dirigentes, específicamente en cuestiones arbitrales.

El primer gran foco de alarma fue protagonizado por el mencionado Vladimir García, quien no le perdona al villaclareño Ramón Lunar haberle decidido en par de ocasiones consecutivas partidos decisivos con sendos jonrones y cada vez lo ve enfrenta, le lanza la pelota por la cabeza.

Esto era del conocimiento de todos, y en consecuencia actuó el árbitro Lorién Lobaina  cuando el derecho avileño golpeó al bateador en el primer inning de un desafío, a finales de diciembre. La decisión de Lobaina fue inmediata: expulsar al lanzador.

Sin embargo, aquí comenzaron a salir las sombras de este torneo, cuando telefónicamente la dirección del béisbol echó ese criterio atrás, volvió a colocar a García en el montículo y separó al imparcial por el resto del campeonato.

Ahh, si hubieran sido adivinos!!! Unas subseries más tarde se repitió un incidente similar y entonces sí fue expulsado el lanzador, pero ya el daño estaba hecho.

El 17 de febrero de 2014 pasará a la historia de la pelota cubana como uno de sus días más tristes, pues fácilmente pudo haber registrado la primera víctima en un terreno. Jugaban Villa Clara y Matanzas y al lanzador Freddy Asiel Álvarez, principal responsable de la coronación naranja en la pasada campaña, acababa de recibir un cuadrangular y al siguiente bateador lo golpeó. El árbitro actuante, Osvaldo de Paula, entre los más curtidos en Cuba, pasó por alto el incidente y dos turnos más tarde Freddy Asiel vuelve a dar pelotazo.

Aquí se armó la gorda, porque desde el banco de los matanceros, con razón, se pensó que era demasiada la impunidad, y Demis Valdés salió bate en mano a tomar justicia. Freddy Asiel lo esquivó, pero se interpuso Lunar, quien recibió un batazo en pleno rostro que aún hoy, más de un mes más tarde, todavía le tiene el rostro desfigurado, aunque ha vuelto a los terrenos.

En otro dislate de la vilipendiada Comisión Nacional, se decidió sancionar por solamente un año a Valdés, y por el resto de la campaña a Freddy Asiel, dos medidas demasiado similares para la evidente disparidad en la gravedad de los actos de cada uno.

Por supuesto, Villa Clara en pleno, incluidos público y periodistas incluso de medios nacionales, clamaron por aligerar la sanción al serpentinero.

Algunos comienzan muy temprano.
Algunos comienzan muy temprano.

Por suerte, y esto último es un criterio muy personal, no se dio marcha atrás, porque hubiera aumentado, si es posible, el descrédito para la oficina dirigida por Higinio Vélez, bastante poco consecuente en demasiados aspectos importantes.

De hecho, la ratificación de la sanción se extendió hasta que quisieron Higinio y sus acólitos, y la explicación de la demora y el por qué se mantenía fue tan ilegible que no la entendió ni el periodista del diario Granma que publicó la nota el pasado lunes.

El arbitraje en sí ha sido muy criticado, y muchos pensamos que es lo peor de la pelota cubana actual, con equivocaciones bastante frecuentes, más de lo permisible para un béisbol con ínfulas de estar entre los mejores del mundo, y demasiada libertad en cuanto a la zona de strike. Ojo, ahora que viene la postemporada los ánimos se exaltan más, y una jugada de apreciación puede derivar en trifulca.

También han creado suspicacias algunos detalles sobre la comodidad del calendario para Matanzas, entrenado por el polémico seleccionador nacional, Víctor Mesa, o la propia política de jugar doble para tener un día más de descanso, iniciada precisamente por los yumurinos y luego extendida a otros equipos.

Así, trastabillando una y otra vez, llega la Serie a su postemporada, que una vez más servirá de bálsamo a los directivos para ocultar sus meteduras de pata en la efervescencia lógica del período crucial, en el cual las emociones de los desenlaces diarios hacen olvidar las penas pasadas.

Los cruces que arrancarán desde este mismo jueves tendrán a Matanzas como claro favorito ante Villa Clara, por la estabilidad mostrada por los matanceros a lo largo de todo el campeonato y la notable ausencia del lanzador estrella en la rotación de los anaranjados.

En la otra semifinal se miden dos de los grandes de la pelota cubana, Industriales y Pinar del Río, y aunque los azules dominaron con comodidad la serie bilateral con siete triunfos y apenas dos reveses, incluido balance de 5-1 en el estadio de los pinareños, ahora es borrón y cuenta nueva, y son los pativerdes los únicos que dominan a los capitalinos en el balance histórico entre ambos planteles.

Si en el primer cruce el mejor conjunto de la temporada puede incluso barrer, este otro debe regresar al Capitán San Luis para definirse en un sexto o séptimo partido, y quedaría la escena lista para una gran final, sea quienes sean los protagonistas. Pero de eso es mejor no hablar, volveremos sobre el tema cuando ya tengamos a un campeón.

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