La pelota cubana en los Panamericanos de Lima

Por José Antonio Michelena (IPS-Cuba)

HAVANA TIMES – El director de la selección cubana de béisbol, Rey Vicente Anglada, dijo en varias ocasiones que a los Panamericanos iban por el oro, pero del dicho al hecho hay un largo trecho y la cadena de derrotas sufridas por ese deporte en la arena internacional en los últimos años pesaba una tonelada en la memoria de los aficionados, aun entre los optimistas.

Sin embargo, ni siquiera los más pesimistas pudieron imaginar lo que sucedió en Lima: la caída en el abismo, merced a una sola victoria contra el equipo de una nación sin tradición alguna, a la cual pudo ganarle cualquier conjunto de una provincia cubana.

Yordan Manduley anotó la primera y única carrera de Cuba frente a Colombia.
Foto: Tomada de Cubadebate

Durante muchos años se hablará del juego perdido con República Dominicana por el quinto lugar, la sucesión de lanzadores en ese décimo inning, incapaces de preservar una ventaja de ocho carreras.

Esa entrada del peor béisbol de manigua hará olvidar las derrotas ante Colombia y Canadá; pasarán a un segundo plano las discusiones en torno a la mala utilización de los lanzadores en el juego con los norteños o la orfandad ofensiva contra los cafetaleros. Visto en perspectiva ahora todo encaja: en Lima no habíasalvación. La derrota cubana estaba decretada antes de lanzarse la primera bola.

El descenso del béisbol cubano ha sido un largo proceso, aunque se haya negado obstinadamente. (Consúltese la prensa). La fiebre triunfalista duró tanto tiempo que aun cuando la realidad decía otra cosa, seguían los cantos, a pesar de los desencantos.

En cada nueva derrota se discutían estrategias que habían salido mal, se culpaba a los directores, a determinados jugadores, a la suerte, pero no se iba (no se ha ido nunca) a la esencia de los fracasos. Vale la pena repasar algo de historia.

Cuando se jugó, en 1961, la última temporada de béisbol profesional en el Gran Stadium del Cerro, Cuba era la segunda potencia mundial en ese deporte y la liga cubana era la más fuerte del Caribe. Pero también había un béisbol amateur de enorme calidad que era una gran cantera de peloteros.

Al cesar la liga profesional, de inmediato comienzan las series nacionales. En ellas trabajarán muchos jugadores profesionales que decidieron permanecer en la Isla y tributar sus conocimientos a esta nueva época de la pelota cubana. Su aporte fue invaluable, como managers o como entrenadores, dirigiendo o formando peloteros. No se puede hablar de Industriales sin mencionar a Ramón Carneado, o de Azucareros sin hablar de Pedro Natilla Jiménez, por solo citar dos ejemplos significativos.

A las series nacionales se integraron peloteros cuyos nombres eran conocidos, porque brillaban en la liga nacional amateur, como Pedro Chávez, Alfredo Street, o Ricardo Lazo, pero también muchísimos otros que venían de otras ligas, como las azucareras, o incluso directamente de la manigua. Todos aprendían, maduraban, corregían defectos, bajo la pupila de Carneado, Natilla, Conrado Marrero, Fermín Guerra, Gilberto Torres, Roberto Ledo, Andrés Ayón, Arnaldo Raxach…

Esa forja de talentos estaba acompañada por una práctica del béisbol desde las primeras edades, para la cual había terrenos, implementos, entrenadores, campeonatos. Y había prensa que reseñaba ese acontecer, y narradores, comentaristas, periodistas, conocedores de la pelota. Y ese deporte reinaba sin sombra en los medios y en el imaginario popular.

Merced a ese desarrollo y pujanza, durante los años sesenta, setenta, ochenta, las selecciones cubanas reinaban en cuanto campeonato internacional hubiera; solo los universitarios de Estados Unidos les hacían resistencia.

Pero llegó la crisis económica de los noventa y comenzaron las catástrofes: el retiro masivo de peloteros notables (Lázaro Junco, Romelio Martínez, Juan Carlos Millán, Gerardo Miranda, Luis Ignacio González…), la fuga de talentos, el abandono de los terrenos, la carencia de implementos, la desmotivación, y el desinterés por el béisbol de las nuevas generaciones, entre otras.

Como hace tiempo, continúa la mala racha para el béisbol cubano en competencias internacionales.  Foto: Tomada de Cubadebate

Mientras tanto, los peloteros profesionales, managers y entrenadores, habían dejado su lugar a sus pupilos, exjugadores, o llegados desde la academia. Cabría saber cuántos de ellos estaban al tanto de lo que estaba sucediendo, en béisbol, en el resto del mundo, sobre todo en la Major League Baseball (MLB), porque en Cuba, de eso no se hablaba.

Cuando llegaron los jugadores profesionales a los torneos internacionales, como se dice en el argot popular, “se viró la tortilla”, empezaron a sucederse las derrotas cubanas; sin embargo, todavía en 2006 el segundo lugar alcanzado en el I Clásico Mundial siguió alimentando la fiebre triunfalista, desconectada de la realidad: Cuba se había ido quedando atrás en ese deporte. Los años siguientes se encargaron de demostrarlo.

Ahora, in extremis, en la encrucijada de los Panamericanos y el torneo Súper 12, último intento para acceder a los Juegos Olímpicos (una quimera), la cúpula del béisbol cubano delineó un programa delirante de entrenamiento cuyo resultado ha sido este descalabro.

Y cabe preguntarse: ¿Ese es el nivel real de nuestros peloteros? No lo creemos. ¿Desde cuándo esos jugadores venían envueltos en topes, torneos, entrenamientos? Aunque ellos no lo digan, están fatigados, física y mentalmente.

Cabe pensar que la primera razón del bajo rendimiento de los peloteros cubanos en los Panamericanos es la fatiga extrema. Deben estar hartos de jugar pelota. Pero también tienen que estar hartos de esa cantaleta de consignas, abanderamientos, teques, compromisos.

Lo menos que merecen esos peloteros de la selección nacional es hacerlos víctimas de la humillación y la vergüenza que sí deben sentir los directivos, los jefes, los que trazan esos programas absurdos de entrenamientos y topes, acaso para viajar ellos.

Duele leer, en las redes sociales, cómo personas sin conocimiento alguno de la historia del béisbol cubano, ni del béisbol en general, tejen un discurso disparatado, afiebrado, estólido, y dicen cosas horribles que hasta incluyen un castigo a los atletas que nos hace pensar en el que sufrieron los futbolistas de Corea del Norte unos años atrás.

Esas personas, que probablemente solo ven béisbol en el marco de los Juegos Panamericanos, o Centroamericanos, y que únicamente les importan las medallas, tal vez ignoran la marca identitaria del béisbol para la nación cubana desde el siglo XIX. Solo desde esa ignorancia se puede entender lo que dicen.

Ciertamente el béisbol cubano se ha quedado atrás. Se ha vivido durante muchos años de espaldas, o ciegos, ante el desarrollo global de ese deporte. El béisbol ha cambiado mucho y los entrenadores cubanos parecen no haberse enterado.

La fuga de talentos, la desactualización, las injusticias con los atletas, los continuados errores/horrores de los directivos, la desmotivación para jugar en Cuba, son apenas algunos aspectos que han lacerado al béisbol en la Isla.

Recobrar el terreno perdido le llevará muchos años. En el futuro inmediato, solamente la inserción, en la selección nacional, de los peloteros que juegan en otras ligas pudiera acercar a Cuba a los podios. Pero, incluso, si ese milagro ocurriera, también habría que valorar quién los iba a dirigir.

Claro que establecer una conexión con la diáspora beisbolera comporta un problema doble: la aprobación de la liga en que juegan, y el interés de los propios peloteros. Durante demasiado tiempo, ellos fueron demonizados, tratados como desertores. A pesar de eso, muchos han manifestado su voluntad de jugar por su país. Ojalá sea posible.

Mientras eso no ocurra, sería bueno que la próxima selección no se someta a esos calvarios de entrenamiento dilatado. Y no los machaquen con consignas y compromisos. El béisbol es un deporte no un campo de batalla política. Que jueguen lo mejor posible. Si ganan, mejor; si pierden, no se acaba el mundo.

Un comentario sobre “La pelota cubana en los Panamericanos de Lima

  • El tema del beisbol cubano ya deja mucho que decir…nuestro deporte nacional cada día presume de la incapacidad de los peloteros…que pena.

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