Yo también me opongo al Decreto 349

Por Adonis Milán 

HAVANA TIMES – La política cultural gestada por un gobierno totalitario y represivo es una política de exclusión y castración para la creatividad, no solo de los artistas, sino de todo el pueblo. En Cuba nada nace pero todo muere, nada camina pero todo se estanca, después de tantos años (1961) que Fidel Castro pronunciara la sentencia contra el arte en Palabras a los Intelectuales

La dinastía Castro se oculta hábilmente en el telón de fondo, un nuevo represor juega el papel de megáfono del totalitarismo. Como he expresado en otras ocasiones, en Cuba, lejos de superar etapas, volvemos a las mismas con más fuerza y hostigamiento.

Un movimiento de artistas decide alzar sus obras como emblema del cambio para nuestra marchita tierra. Así se da paso a un grupo de creadores independientes, verdaderos revolucionarios del arte cubano.

Cuando a mediados del 2015 fundo Perséfone Teatro, me doy cuenta de todo lo que tendría que pasar para hacer teatro independiente en Cuba. Mi grupo tuvo un carácter independiente desde el comienzo, porque el encargado de institucionalizar el teatro de la Isla es el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, y nosotros carecimos de su amparo y tutela.  

En un principio trabajé con jóvenes que no tenían formación académica, pero los inconvenientes de disponibilidad y disciplina me hacen buscar actores profesionales,  a quienes les pagaba de propio bolsillo para poder sostener un resultado de trabajo.

La escasa producción la costeaba junto con los propios actores. 

Para hacer teatro necesitaba dos cosas: primero, actores, y segundo, un espacio. 

Con respecto a los espacios les cuento que fueron tres lugares pertenecientes a la institucionalidad cultural de los cuales me expulsaron. Nuevamente el mito de igualdad y cultura para todos se desplomaba, como el propio Gobierno corrupto fundado por los Castro.

Por último fui expulsado de la Asociación Hermanos Saíz por expresar tanto en mi trabajo como en mi vida, una postura disidente contraria a las normativas del régimen.

Esto último hace que me una a un gremio de artistas independiente. Independiente en todos los sentidos, pero, sobre todo, en el pensamiento, estos artistas crean una trinchera de residencia creativa dentro de los viejos y denigrantes muros del totalitarismo. Un mundo alternativo se me presentaba como camino de liberación y creación.

En los últimos tiempos se consolidaba un pequeño pero potente grupo de artistas, excomulgados de las doctrinas comunistas. La respuesta de los organismos de represión fue tratarnos como lo hacen con cualquier disidente, mediante la violencia y el hostigamiento. Llovían citaciones, arrestos, sabotajes a nuestros eventos culturales y, en ocasiones, hasta golpes. 

Pero la dictadura no iba a parar ahí, ellos sabían que el esfuerzo de un grupo de artistas es difícil de silenciar. Tras el ascenso del testaferro Miguel Díaz-Canel, quien ha dejado bien claro anteriormente su descarada posición hacia la censura, deciden arremeter de manera legal contra el arte independiente cubano. De esa forma aparece el decreto 349.

Esa ley es una sentencia de muerte para la creación en Cuba, pues no solo afecta a los artistas independientes. Regula la creación artística en su plenitud y pretende extinguir el mínimo impulso de subversión. Hoy cuando el arte es el patrimonio del pensamiento y la libertad de los pueblos, en Cuba se pretende aprobar una ley que establece la censura como un corte a la garganta de la libertad.

La dictadura está tratando de virar la atención y hacer ver que el 349 es solución para aplacar el auge del reguetón, complaciendo así a muchos artistas e intelectuales con un pensamiento unilateral. La verdad es que ese decreto es solo una mordaza para cualquier intento de crear conciencia en la población sobre nuestra realidad. Y solo algunos artistas privilegiados tendrán la función de ser el termómetro, y, por lo tanto, decir algunas cosas. Todos aquellos que piensen que eso es libertad de expresión están pecando de ingenuos. 

El arte contemporáneo ha eclosionado todos los estilos, formas y definiciones, no puede haber una sola tendencia o lenguaje artístico que solo hable a un sector de la sociedad. Los grupos sociales son diversos, las expresiones de cada uno son válidas, porque responde a su identidad.

Eliminar la diversidad siempre ha sido un deseo del comunismo. Nos guste o no, el reguetón responde a un grupo determinado de nuestra comunidad, ellos se sienten muy identificados con ese ritmo. Pretender crear un estándar de consumo cultural para todos es un error, pues cada uno tiene que sentirse reconocido con lo que responda a su individualidad.

Por otro lado, llegar a las altas esferas que pretende conformar esta política es una verdadera falacia. Pues está claro su carácter discriminatorio con los que no venimos de una escuela de arte o no cumplimos los estándares de lo que ellos consideran “arte”.

Independent Cuban artists.

Entraríamos en unos terrenos desconocidos e inseguros para todos los artistas, pues es muy confusa la definición de pretender crear un molde que encierra el concepto de “artista”. Y todos hemos visto qué pasa cuando la dictadura secuestra términos y los usa a su favor, así ha pasado con las tantas veces mencionadas palabras “Patria” y “Revolución”.

La solución para erradicar ese mal es unir nuestras voces, hacer que estallen las separaciones de artistas: independientes o institucionalizados. Esta ley afecta a todos los cubanos. Nuestro arte habla de nuestro tiempo, dice quiénes fuimos, somos y seremos.

Como artistas y cubanos no podemos permitir que se silencie y manipule aquello que nos distingue como seres humanos. El arte nos eleva, nos conecta y nos hace fuertes como pueblo. Lo están atacando porque saben que si logran cercenar la creatividad, logran crear verdaderas máquinas sin alma ni pensamiento. 



Un comentario sobre “Yo también me opongo al Decreto 349

  • Muy buen artículo, escrito por alguien que vivió en carne propia lo que es el control estatal sobre el arte, un sector que más que ninguno requiere de la libertad de expresión para crear y divulgar su producto: la obra artística. Se está regresando a aquella etapa de calificar de “diversionismo ideológico” todo lo que la cúpula en el poder entendiera que atenta contra sus objetivos de mantener a un pueblo restringido a moverse dentro de un marco limitado por las conveniencias de ese régimen, sus criterios o caprichos hechos públicos mediante veredictos inapelables. Hoy dicen que el reggaeton es malo, como ayer era mala la música de the Beatles o como Stalin calificó al arte abstracto de decadente e impuso el llamado “realismo socialista”. Con este títere de Díaz-Canel, queriendo ser más papista que el Papa, Cuba irá hacia atrás en todo si es que eso es posible. Pero que no olviden que no estamos en los años 60.

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