Un traductor para las víctimas de Chernóbil en el Festival de Cine de La Habana

Por Yusimí Rodríguez                                          

Captura de pantalla de “Un Traductor”

HAVANA TIMES – Confieso que cuando fui al cine Acapulco para ver Un traductor, no recordaba la sinopsis, ni que era una película cubana, ni por qué me interesaba verla. Solo recordaba que compite en la categoría de Ópera Prima, en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

De haber recordado la nacionalidad, habría desistido de verla para ahorrarme la avalancha de compatriotas que, empeñados en ver las producciones nacionales durante el festival, se empujan y propinan pisotones para entrar al cine.

Pero lo cierto es que no tuve que enfrentar nada de esto para ver Un traductor, quizás porque sus directores Rodrigo Barriuso y Sebastián Barriuso son muy jóvenes aún para ser conocidos y esta es su primera película.

De acuerdo con la sinopsis que me había llamado la atención, un profesor de literatura rusa de la Universidad de La Habana es reasignado como traductor de los niños soviéticos afectados por las radiaciones que provocó el accidente nuclear de Chernóbil y los médicos cubanos que les atienden.

Durante mucho tiempo, para mí los niños de Chernóbil fueron las víctimas de aquel desastre ocurrido en la Unión Soviética, cuya única relación con nuestras vidas fue que nunca más los de aquí pudimos disfrutar del Campamento de Pioneros José Martín, conocido como Tarará.

Los directores en el Festival de Cine de Shanghai 2018.

Pero Un traductor demuestra que las vidas de algunos cubanos fueron impactadas por aquel desastre a un nivel más íntimo. Con una eficaz inserción de la realidad en la ficción, desde las primeras imágenes, narra cómo las vidas del protagonista, Malin, su esposa Isona y su hijo, cambiaron paulatinamente gracias a las “órdenes de arriba” que le asignaron la nueva tarea, a la vez que empezaba el período de crisis económica denominado con eufemismo, especial.

Los directores arman una trama sencilla que gana en intensidad a medida que avanza y, pese a los momentos tristes que pueden esperarse de una historia relacionada con la tragedia de Chernóbil, logran esquivar la tentación del melodrama.

El protagonista, Malin, es asumido por Rodrigo Santoro, conocido en Cuba principalmente por sus apariciones en telenovelas y películas brasileñas y el papel de Raúl Castro en Che, el argentino. Pese a que, en un par de momentos, su acento me hizo dudar que el personaje fuera cubano, Santoro demuestra una vez más su talento y nivel de entrega en cada personaje. Su actuación en esta película le valió una nominación a mejor actor en el Festival Fénix 2018. Sus coprotagonistas Yoandra Suárez (Isona) y la argentina Maricel Álvarez (Gladys) también exhiben muy buenas actuaciones en el filme.

El elenco de este filme coproducido con Canadá, lo completan Eslinda Núñez, Osvaldo Doimeadiós y Mario Guerra, entre otros actores. Desde su estreno en enero de este año, Un traductor, además de la mencionada nominación, fue nominada a Mejor Ópera Prima en el propio Festival Fénix, y al Premio por Mejor Dirección (que obtuvo) en el Festival de Cine de Shanghai.

 

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