Una Jessy Norman “cubana”

Por Helson Hernández

Aliozka JiménezHAVANA TIMES — Aliozka Jiménez, soprano cubana con una voz particular, sale a escena despojada de atriles o comodines, solo valiéndose de su potencial vocal y de su musicalidad.

HT: ¿Graduada de música, pero no precisamente de canto?

Aliozka Jiménez: En realidad la primera vez que canté en serio, hasta donde me permite mi memoria, fue a los siete años en un coro escolar, y ello me posibilitó después entrar al Coro Infantil de la Radio y la Televisión cubana. Y efectivamente, a pesar de mi inclinación inicial por el canto, entro a estudiar la carrera profesional de Música, pero por el instrumento de la viola.

Yo soy muy alta, y grande, cualidades que me facilitaron optar por ese instrumento; gracias también a las influencias de Silvio García, violista e integrante en aquel entonces del grupo del reconocido compositor y pianista cubano José Ma. Vitier.

HT: ¿Qué no encontró en la viola, cómo para decidir por la voz humana?

AJ: Siempre he visto la viola como un instrumento que me sorprende por su sonoridad y timbre pastoso, coincidentemente muy parecido al sonido de mi voz. Además, fue el camino que me llevó a conocer la música. Soy de las que piensa que solamente con una buena voz no se canta ni se hace una carrera. Por ello siempre conjugué mis estudios de canto con los de viola.

Incluso, teniendo ya una trayectoria llena de compromisos en el canto, aún ejerzo la docencia impartiendo clases de ese instrumento en conservatorios. Pero definitivamente cuando me paro en escena a cantar, resulta una experiencia única, me puedo elevar más, transmitir estados de ánimo, tocar el corazón de la gente, en fin, experiencias que no se pueden explicar con palabras.

HT: ¿Alguna memoria trascendental?

AJ: Recuerdo cuando fui por primera vez a la casa de mi maestra de canto, ya fallecida, me dijo con estas palabras: “Negrita, hay potencial…”. Y lo segundo, el gran problema que se me presentó cuando me gradué de las dos carreras, viola y canto, que lo mismo estaba en el foso con la orquesta o en el escenario del teatro, y el maestro Roberto Sánchez Ferrer me llamó para decirme: “Algún día no muy lejano, tendrás que decidir dónde quieres estar”. Y rápidamente ese día llegó.

HT: ¿Cuales retos implica para una soprano llevar su carrera en un país como Cuba?

AJ: Tener que lidiar con los problemas que enfrentamos todos los cubanos diariamente, pero como artista algunas cosas afectan más que otras…. No hay condiciones de desplazamiento cuando tienes una actuación, más aún una ópera completa.

Uno llega cansado al teatro, luego de tratar de conseguir en qué trasladarte. Yo, por ejemplo, canto Wagner o personajes fuertes como Aida, Tannhäuser; en fin, obras que requieren un gasto de energía física considerable, y la mayoría de las veces no puedo alimentarme con lo que se necesita para reponer esas energías.

HT: ¿Preferencias como soprano?

AJ: Mi ópera favorita es Aida de Verdi, porque me encanta todo el repertorio verdiano y pucciniano. Los espirituales negros (Black spirituals) es un género que me atrae de forma particular, por la libertad y la fuerza que encuentro al cantarlos.

HT: ¿Experiencias más allá de la Isla?

AJ: Tuve la suerte de debutar en Austria, año 2000, en el rol de Bess y Clara de la Ópera Porgy and Bess, con el Teatro Lírico Nacional. Luego comencé a residir en España donde viví varios años. En ese país trabajé con el pianista Félix Lavilla, esposo de la famosa mezzosoprano Teresa Berganza, y quien también acompañó a la gran soprano Jessy Norman. Ese pianista al conocerme me encontró puntos de similitud con la referida soprano.

Realicé en ese período conciertos en teatros de gran prestigio internacional como el Kursal, de San Sebastián, Barcelona. También realicé óperas completas, Don Giovanni de Mozart, y otros trabajos que me dejaron una huella profesional inolvidable en mi paso por Europa.

HT: Una de sus cualidades es prescindir de leer las partituras en sus apariciones públicas

AJ: No critico a los colegas que lo hacen, pero para mí es contraproducente. Si intento tocar el corazón de las personas con mi canto, no me puedo permitir estar mirando unas hojas entre el público y yo. Siento que se pierde la conexión y entonces solamente cantas notas.

HT: ¿Aliozka hoy?

AJ: Ahora mismo estoy en otro punto de mi vida, desde que aprendí a decir “No”, soy más feliz. Canto lo que me gusta y después de 20 años de carrera me permito escoger lo que quiero interpretar. Al alcanzar mayor madurez vocal, tengo en planes varios roles del compositor Richard Wagner, los estoy preparando con mucha ilusión, pero, sobre todo, muy relajada. Igualmente quiero estrenar en Cuba el ciclo completo de Gustav Mahler de las Canciones de los niños muertos, para el próximo 2016.

 

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