Sergio Cabrera se queda con “Todos se van”

El más universal de los cineastas colombianos quiebra el mutismo tras una década sin filmar, conmovido por la alter ego literaria de la cubana Wendy Guerra

Por Isidro Estrada

De izquierda a derecha, Silvia Jardim, Wendy Guerra y Sergio Cabrera, delante de un cartel promocional de Todos se van.
De izquierda a derecha, Silvia Jardim, Wendy Guerra y Sergio Cabrera, delante de un cartel promocional de Todos se van.

HAVANA TIMES — Dígase La estrategia del caracol y el mundo cinéfilo en pleno volteará los ojos hacia Colombia. De allí salió hace 24 años – y con ese título -, una de las películas que mejor se han servido de la metáfora visual para trasladarnos las esperanzas y angustias ancestrales de ese país, como micro-mundo, de la América Latina, e incluso del orbe como un todo.

Culpable de este sortilegio fue un realizador paisa que hoy, al filo de los 65 años de edad, admite que haberse metido en política ha sido la peor película de su vida. A pesar de ello, ha regresado al plató para recrear una historia en la que el entorno político e ideológico marca cada paso de sus personajes.

Sergio Cabrera quedó prendado de la aventura de Nieve Guerra, la niña protagonista del diario-novela con que la escritora cubana Wendy Guerra ganó el premio Bruguera en 2006, y terminó llevándola a la gran pantalla. Según confiesa en exclusiva para Havana Times, esta nueva empresa fílmica ha devenido la más personal, junto a La estrategia… y le ha ayudado a iniciar un viaje de vuelta a la niñez, en un intento por conjurar ciertos fantasmas que le acompañan desde sus años de infancia y adolescencia en China.

HT: ¿En qué circunstancias llega a sus manos Todos se van?

SC: Hace ocho años me regalaron de cumpleaños un libro que leí con gran placer y me conmovió hasta las lágrimas. Era Todos se van. Sin embargo, en ese momento no se me ocurrió que ahí pudiese haber una película, no para mí en todo caso: el hecho de que la novela sucediese en Cuba la alejaba de mis planes de hacer una película con historia colombiana y seguramente se produjo en mi mente un bloqueo inconsciente. Un par de años más tarde en Lérida (Cataluña) me encontré con Jorge Perugorría, gran amigo desde hace muchos años, y hablando sobre generalidades del cine latinoamericano le pregunte si ya habían llevado a la pantalla la novela Todos se van.

Me dijo que no, que ningún director cubano podría hacer esa película y que la novela ni siquiera estaba publicada en Cuba, que él creía que solo un director extranjero la podría hacer. Quince minutos más tarde llegó con su teléfono móvil y me lo entregó: había llamado a La Habana, a Wendy Guerra, quien me manifestó su alegría por saber que yo tenía intenciones de rodar la película.

Con su característico humor, Jorge había manipulado las cosas para intentar entusiasmarme y de paso a Wendy, y la jugada funcionó, porque Silvia, mi esposa, estaba escuchando y tomó el riesgo: un par de meses después del cumpleaños me regaló un gran sobre. Cuando lo abrí me encontré con el contrato de cesión de derechos de la novela. Y ahí empecé a pensar que tanta casualidad, un cumpleaños el libro, otro cumpleaños los derechos, era demasiada casualidad, y me di cuenta de que el destino había decidido que fuera yo quien hiciera la película.

HT: ¿Qué de extraordinario traslada la novela de Wendy Guerra, como para hacer que Sergio Cabrera abandone su mutismo de diez años sin filmar y rompa un juramento de no rodar de nuevo?

SC: Cuando leí la novela sentí que volvía a ser niño, y sentí además que volver a sentirse niño es un ejercicio importante, como igualmente importante es comprender la niñez. Vi en Nieve, la protagonista de la novela, una pionera, y no me refiero a la organización infantil a la que pertenecen los niños cubanos, sino a la pionera de lo que deben ser los niños de hoy, rebeldes, creativos, libertarios.

La escritora cubana Wendy Guerra y el cinesta colombiano Sergio Cabrera
La escritora cubana Wendy Guerra y el cinesta colombiano Sergio Cabrera

Nieve es una niña que enfrenta sus problemas de una forma poco usual, es una niña que da ejemplo sobre cómo crear nuevos paradigmas. También me intereso mucho mostrar esa confrontación permanente entre la libertad y la autoridad. Y aquí debo aclarar que aunque me gusto todo el libro, y en un primer momento pensé en adaptarlo completo, finalmente para la película solo utilicé el periodo de la infancia, que era el que más me interesaba, y lo que podía meter en los 110 minutos que dura la película.

También me di cuenta que el hecho de que la historia sucediera en Cuba hace más de 30 años, lejos de ser un defecto resultaba una virtud, que en realidad eran unos ingredientes adicionales muy interesantes que me permitían hablar de algo cotidiano desde una perspectiva diferente a la cotidiana, con un punto de vista que podría generar más reflexión que la simple noticia periodística de algo que sucede todos los días a nuestro alrededor.

En cuanto a mi mutismo de 10 años, hay que decir que cuando los derechos llegaron a mis manos, solo llevaba cuatro años sin rodar, los siguientes seis los he dedicado a la escritura del guion y a la búsqueda de los recursos para poder producir la película y, claro está, estos últimos dos, al rodaje y postproducción de la película.

HT: ¿Qué tan fluida o conflictiva fue la relación entre novelista y cineasta, a la hora de trasladar el material novelado al guion cinematográfico?

SC: La relación con Wendy fue muy fluida y sigue siéndolo; gracias a la película y su proceso nos hemos convertido en buenos amigos, y siento por ella una profunda admiración, pero a la hora de trasladar la novela a guion no hubo participación de Wendy, solo leyó el guion cuando ya estuvo terminado, y recuerdo que me escribió muy entusiasmada con el resultado.

HT: Ud. no consiguió el permiso del Instituto de Cine de Cuba para filmar en la Isla. Sin embargo, el director del Festival de Cine de La Habana, Iván Giroud, le cursó una invitación a participar en el certamen anual tras ver la cinta en Bogotá. ¿A qué atribuye Ud. estas diferentes actitudes?

SC: Yo aprecio mucho el hecho de que la película se haya exhibido en el marco del Festival de La Habana, pero no sabría contestar con precisión cómo y por qué se dio esa oportunidad. Pensaría que es debido a la autonomía que el festival puede tener, quizás cuando solicité permiso al ICAIC no apareció la persona que estuviera dispuesta a tomar una decisión, que implicaba muchas otras autorizaciones, visas y varios meses de rodaje, mientras que participar en el festival era solo un evento de 110 minutos.

Además, creo que cuando Iván Giroud vio la película en Bogotá, quedó claro que no es una película de “buenos” y “malos”, ni un ataque al gobierno o a la revolución, es simplemente la historia de un divorcio visto por la hijita que sufre las consecuencias emocionales y prácticas de ello, algo que puede suceder y sucede permanentemente en todos los rincones del mundo.

HT: ¿Qué saldo le deja la película, como obra individual, y qué lugar le otorga con respecto al resto de su cinematografía?

SC: Las películas son como los hijos, uno solo les ve las virtudes y muy poco los defectos y, por lo tanto es difícil catalogarlas, o hablar de lugares o de preferencias. Sin embargo, puedo decir sin dudar, que junto con La estrategia del caracol es mi película más personal.

HT: ¿Tuvo alguna incidencia en la decisión de filmar esta obra cubana el haber vivido en China por tanto tiempo, y en períodos tan turbulentos? ¿Estableció algún tipo de asociación entre ambas realidades?

SC: Sin duda alguna, el haber vivido mi infancia y adolescencia en China influyeron mucho, primero para que me gustara el libro y luego para tomar la decisión de hacer la película. Tengo hermosos recuerdos de mi vida en China, pero también tengo recuerdos del gigantesco peso de la autoridad y de la importancia de la disciplina. Piensa que a mí me tocó vivir toda la Revolución Cultural que ahora ellos mismos critican, pero que en ese momento no podía ser criticada. Cuando leí Todos se van sentí que estaba leyendo una historia en cuerpo ajeno, y sentí mucha cercanía con muchos de sus personajes.

HT: ¿Habrá algún día una película de Sergio Cabrera sobre su experiencia de vida en China, o sobre cualquier tema vinculado con China?

SC: He tenido siempre muchos deseos de rodar en China. Me gustaría mucho hacer una película sobre mi juventud, y eso naturalmente involucraría a China. Casualmente hace dos meses recibí una propuesta para hacer un remake de La estrategia del caracol en versión china, en un barrio chino en 1940, y me parece que podría ser interesante. Ojalá se dé cualquiera de las dos, o surja alguna otra, porque yo siempre tengo un sueño recurrente, y es volver a China.


One thought on “Sergio Cabrera se queda con “Todos se van”

  • el 29 marzo, 2015 a las 7:20 am
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    En algunos años más desbloquean la obra de Wendy y eso será registrado como una muestra de “los cambios de la actualización”.Tanto fariseísmo compartido por los voceros del gobierno ya es vomitivo.

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