Pepe Ordaz en el Puente Musical de Cuba

Puente Musical de Cuba (*)

Osmel Almaguer

Pepe Ordaz, centro, foto: juventudrebelde.cu

HAVANA TIMES, 24 nov.  — Exponente de La Nueva Trova.  Ha tocado y grabado con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, Víctor Jara, Isabel y Ángel Parra, Noel Nicola, Santiago y Vicente Feliú, entre otros.

Su nombre completo es Andrés Ordaz Aguilera, y nació en la Habana, el 30 de enero de 1959.  Comenzó sus estudios musicales en la Escuela Elemental de Música Guillermo Tomás, de Guanabacoa y se graduó de percusión en la Escuela Nacional de Arte en 1973.

En 1975 funda, junto a otros jóvenes músicos, el grupo Guaicán, y se integra, como compositor, al Movimiento de la Nueva Trova Cubana.  Con el grupo Guaicán hace giras a más de 20 países de Asia, África y América.  Desde el año 1980 hasta el 2000 trabaja como Director Musical del Grupo Guaicán acompañando a la destacada cantante Sara González.  Es considerado por especialistas y críticos uno de los buenos compositores de la cancionística trovadoresca cubana.  Temas suyos forman parte ya de la memoria musical cubana de hoy.

A partir de marzo del 2003 comienza su proyecto como trovador en solitario, realizando giras a Perú, Argentina y México, siendo también una presencia constante en conciertos y programas artísticos en el país.

Su versatilidad como músico e intérprete lo convierten en figura indispensable de todo evento musical y trovadoresco.  Ha representado a Cuba como músico en diversos países de América, Europa, Asia y África.  El tema Cantar cantar, que inmortalizaran Juan Carlos Baglietto y Silvina Garré es de su autoría, además, ha compuesto canciones que interpretan reconocidos cantantes como Liuba María Hevia, con su versión de “Alex.”

Aunque no le ha sido deparada la misma trascendencia que a sus coetáneos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, algunas de sus canciones aparecen dentro de las más bellas de la trova cubana en general.  A continuación este tema, que no puedo escuchar sin que me conmueva profundamente, por su belleza y hondura, y por ese torrente de sentimientos que deja fluir el poeta en su letra.

Son para ti

Recién empiezo a comprender / que te he llevado en mí / desde que supe distinguir / entre amor y mujer / Desde que pude valorar / entre mis bolas de jugar / y un beso

Y al cabo de tanto besar / a otras me encuentro yo / Comparto el centro de mi juventud / con el final de tu niñez / Son dos etapas que al azar / se unieron para derrotar / al tiempo

Enséñame / mujer del hechicero / navegar / la senda que me lleva hasta tu cuerpo / Y hazme sentir / con el contacto suave de tu piel / que nuestro amor supo vencer / al tiempo

Y búscame / cuando la tarde pierda su esplendor / cuando tenga la noche entre mis brazos / Y en el lugar / que ayer la oscuridad nos ocultó / suspirarás / desde el primer  / abrazo

(Se repite)

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Hermosa forma de cantarle al primer amor.  Y con él, a toda forma de afecto inocente, y de pasión ingenua y desenfrenada.  El protagonista de esta historia entrañable recuerda (y descubre) como nació ese lazo entre él y su ser amado, sin que ninguno de los dos se diera cuenta.

Es ese idilio de la primera juventud, la fiebre inconsciente.  A la luz de muchos años y muchos besos descubierto su valor.  Y en un estremecimiento incomparable volvemos a clamar por nuestro amor.  El único a salvo de las miserias mundanas, él único capaz de darnos guarida, por su condición de ideal vivido.

Pero nada es comparable a la interpretación que hace Pepe Ordaz de esta canción.  Ni siquiera mi entrega más febril al sentido de su letra.  Es precisamente escuchándola que podemos alcanzar el grado máximo de éxtasis, es cuando podemos sentir que sólo con ella hubiera bastado para hacer nuestras vidas más bellas.


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