Parrandas, una tradición de Cuba a prueba del tiempo

Las Parrandas de Camajuaní se distinguen por la monumentalidad de sus carrozas. Carroza “Sueño de una noche de verano” Barrio San José (Sapos), 2019. Foto: Archivo IPS Cuba

 

Son fiestas populares del centro cubano, que en 2018 fueron declaradas patrimonio inmaterial de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

 

Por IPS Cuba

HAVANA TIMES – Aunque emigró hace 20 años, Ivey Díaz regresa a Camajuaní cada marzo en tiempo de parrandas. De niño, su madre trabajaba en el vestuario del Barrio San José (Sapos) mientras él hacía pequeñas carrozas con los retazos de telas.

“Esa pasión no te deja nunca, sin importar a donde vayas”, contó a la Redacción IPS Cuba, luego de la última edición, el 19 de marzo, de esto festejos anuales cuando la comunidad se divide por la amistosa rivalidad entre dos barrios, Sapos y Santa Teresa (Chivos).

Ambos grupos compiten por sacar la carroza más vistosa, el mejor trabajo de fuegos artificiales o el changüí (desfile) más popular, en este municipio de la provincia central de Villa Clara.

Luego de 125 años, este continúa siendo el evento sociocultural más importante de dicha localidad, aunque la mayoría de los habitantes alega una pérdida del “espíritu parrandero”, especialmente entre las nuevas generaciones.

¿Cuál es la pérdida?

Fuegos artificiales, Barrio Santa Teresa (Chivos), 2019.  Foto: Archivo IPS Cuba

Para Eloy González, presidente del barrio Santa Teresa por casi treinta años, la supuesta apatía de los jóvenes se debe a la desaparición de muchos elementos de la tradición, entre ellos el palenque (un tipo de fuego artificial que anuncia la salida de la carroza) y los faroles en los changüíes.

Mientras que otras partes de la fiesta como la diana parrandera, una procesión que avisa al amanecer el comienzo de la rivalidad entre los dos barrios del pueblo, se han desvalorizado tanto que corren el riesgo de perderse para siempre, lamentó.

“Muchos todavía tenemos amor por la parranda pero nos falta motivación. Antes el pueblo entero trabajaba durante todo el año por su barrio, ahora apenas son dos o tres meses y casi nadie entra a la casa de los trabajos”, comentó Gendry Bruzains, un joven instructor de arte que confeccionaba los cabezones, que son muñecos de papel maché característicos de los desfiles de esta localidad.

Por otra parte, este solía ser un encuentro familiar y comunitario que en los últimos años debió recurrir al impulso externo para seguir funcionando.

“Todavía hay familias enteras que trabajan en la parranda pero, como ha pasado en otros pueblos, cada vez hay menos artistas locales y debemos traerlos de otras comunidades. No se está fomentando la continuidad en los barrios”, explicó Díaz, quien desde el extranjero apoya cada año en los preparativos de la parranda.

Llevar las parrandas a las redes sociales ha sido una de las vías más efectivas de atraer a las nuevas generaciones.  Foto: Archivo IPS Cuba

La construcción de las carrozas, cuya monumentalidad distingue a Camajuaní, implica a proyectistas, diseñadores, vestuaristas, escultores y pintores.

Asdrúbal Martínez, miembro de la directiva del Barrio San José (Sapos), considera que este éxodo fue resultado natural del crecimiento de la industria turística en el área, con uno de los principales polos del país, la Cayería Norte de Villa Clara, y que ocupa gran parte de la fuerza laboral de los municipios cercanos (Camajuaní, Caibarién y Remedios).

No obstante, según Bruzains, existe un talento local que no está siendo aprovechado. Esta “importación de parranderos”, como llaman al fenómeno, para muchos lugareños se traduce en pérdida de autenticidad y mercantilización de la fiesta tradicional.

“El que viene de afuera contratado no llega con la pasión del barrio, sino porque les van a pagar”, concluyó Eloy González.

Para este veterano parrandero es necesario acercar más las instituciones de enseñanza a las casas de trabajo, abiertas durante todo el año para la preparación de las fiestas.

El uso de las redes sociales también ha sido efectivo para atraer a los jóvenes, apegados a las tecnologías de la comunicación, afirmó García, uno de los administradores de la página de Facebook “Parranderos de Camajuaní”, que transmitió en vivo la salida de las carrozas de 2019.

Fuego de Morteros, Barrio San José (Sapos), 2019.

El aumento de la seguridad y su implicación para las parrandas también fue muy debatido. Para muchos las nuevas medidas, mayormente restricciones en el empleo de la pirotecnia, restan espontaneidad y calidad a la fiesta, para otros son una garantía necesaria.

En 2018, esta comunidad lamentó la pérdida de una vida humana por una explosión accidental de los fuegos artificiales del barrio San José.

El presidente de los Chivos cree que es posible mantener la tradición sin correr riesgos. Solo se necesita mayor organización y una estrategia bien diseñada por todas las partes, gobierno, barrio y policía, pero que aún no se concreta.

¿Cuál es el costo?

Las parrandas se financian con presupuesto municipal, ingresos del propio barrio, el apoyo de la comunidad emigrada y otros actores locales.

La Asamblea Municipal del Poder Popular (gobierno) otorga anualmente a cada uno de los barrios un presupuesto que ronda los 3.500 dólares, en parte procedente del uno por ciento que aportan los impuestos para el desarrollo local.

Esa cifra resulta insuficiente para la magnitud de las carrozas, que normalmente rondan los 36 metros de largo, 15 de ancho y 25 de alto, además del costo de la pirotecnia, las congas, la locución y otros gastos necesarios, explicó Martínez.

La seguridad en el manejo de la pirotecnia debió reforzarse por los accidentes del último año que dejaron un fallecido en esta localidad.

Considerando las irregularidades en el abastecimiento del mercado nacional, González identifica como necesario el apoyo gubernamental en la asignación de materiales como madera, pinturas, cables, entre otros que aún con presupuesto en mano son difíciles de encontrar en los desabastecidos comercios.

La comunidad de parranderos en el exterior también contribuye mediante la importación de productos que escasean o resultan muy costosos en la isla caribeña, como telas y otros accesorios del vestuario.

Por otra parte, está el apoyo que de manera informal brindan los negocios privados, particularmente los dedicados a la confección de calzado artesanal, una actividad por la que es reconocido Camajuaní y se encuentra entre las principales fuentes de ingreso del municipio.

Esta ayuda casi siempre consiste en recursos ya que no existen mecanismos legales para que actores no gubernamentales realicen contribuciones monetarias directas.

Desde hace varios años, Sapos y Chivos buscan mayor solvencia económica con ingresos propios, para ello rentan sus carrozas a carnavales de otras ciudades como Cienfuegos, Santa Clara y Matanzas, por ejemplo.

El valor patrimonial de las parrandas pudiera ser el centro de una estrategia de desarrollo local para el municipio, ubicado geográficamente entre los dos mayores destinos turísticos de esta provincia central, la ciudad de Santa Clara y Cayo Santa María.

El proyecto ya se ha presentado al gobierno local, pero hasta el momento no han recibido respuestas, aseguró Asdrúbal Martínez.

Para este profesor universitario “la parranda pudiera vincularse con otros atractivos históricos, como la Ruta del Esclavo, en un proyecto que beneficie a la comunidad y ayude al sostén de esta tradición. Desafortunadamente en temas de desarrollo local, Camajuaní está más atrasado que el resto de las localidades vecinas”, explicó.

“Desde 1894 este es un pueblo parrandero. Pero hay que trazar un plan para recuperar la tradición porque en 30 años quizás no existan las Parrandas”, estimó Gendry Bruzains.

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