Música en la Acera los viernes

Fotoreportaje por Irina Echarry

HAVANA TIMES, 12 nov. — Frente al hotel Inglaterra, a un costado del Gran Teatro de la Habana García Lorca, en pleno corazón del municipio Centro Habana, cada tarde de viernes sobre las cuatro comienza un ajetreo sui géneris: oboes, flautas, saxos, contrabajo y hasta tumbadoras se agrupan en torno a la batuta que dirigirá la orquesta.

Pentagramas y atriles, mujeres y hombres, jóvenes y no tan jóvenes, todos se unen en un esfuerzo por transmitir la buena música al público que pasa por esa zona tan céntrica, gente que regresa del trabajo o de las clases y que se detienen a tomar un aire.

La banda Provincial de Conciertos ofrece estos espectáculos al aire libre, gratis, para todo el que desee apreciar el buen arte.

Lo mismo se escucha el Himno de la Alegría de Beethoven, que un Preludio de Chopin, o un variado repertorio de música cubana que incluye trova tradicional, música de Cervantes, Lecuona, danzones o el Unicornio Azul de Silvio Rodríguez.

Una agradable oportunidad para relajarse del estrés diario y sus consecuencias.


One thought on “Música en la Acera los viernes

  • el 18 noviembre, 2010 a las 9:35 am
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    Recuerdo una ocasión en la cual una de las orquestas que existen en la ciudad se presentó en la Habana Vieja, ahí al aire libre en plena plaza, quizá con este mismo afán “cultivador” que de pronto les embarga a algunos elementos por ahí, y hubo pasajes de las piezas que tocaron que definitivamente me hacen recordar porqué elegí la música como camino de vida. Curiosamente siempre que escucho estos fragmentos muestro la emoción de alguna manera, esa ocasión fue aplaudiendo, quizá un tanto mal acostumbrado por mi constante asistencia y relación con el jazz, lo desdichado fue ver la cara de los personajes que “fingían” como espectadores: parecían reprocharme con la mirada la osadía de haber mostrado mi emoción de esa forma… seguro estoy que eran ignorantes de que aquello que sonaba era una obra de Lecuona, y que toda esa fanfarronería de la que se visten público y músicos dedicados a la “música culta” sólo encierra una supina ignorancia con respecto al origen de las obras que las orquestas presentan.

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