Maquina Hamlet (obra de teatro completa)

Por Charles Wrapner

(Notas al programa de mano)

HAVANA TIMES – Inspirado en una leyenda europea, conocida por los eruditos de hoy como ur-Hamlet, William Shakespeare escribe La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca. Siglos después un autor alemán de posguerra, Heiner Müller, se obsesiona con la obra del dramaturgo inglés y escribe Die Hamletmaschine, conocida en español como Máquina Hamlet.

La escritura de Müller se convierte en un ejercicio intenso por descarnar la obra y mostrar el esqueleto del drama. Sin embargo no construye una osamenta coherente o formal, sino que subvierte el orden y el resultado es un esqueleto deforme y en ruinas. Máquina Hamlet, es una obra como toda la dramaturgia de Müller atravesada por el fantasma de la guerra. La peste, los escombros y la bestial capacidad de autodestrucción del hombre otorgan una condición única a la pieza. La contemporaneidad es mostrada con sus rasgos más descarnados y violentos.

En la “puesta es crisis”[1] que propone Perséfone Teatro la mirada avanza hacia un plano más posmoderno. Centra la pieza en un espacio muy específico y hace un corte en la banalidad de un contexto ahogado por una crisis económica insostenible y por consiguiente una crisis moral. El enfrentamiento de Hamlet – El actor – Ofelia contra una realidad asfixiante ponen en evidencia que cada parte del mundo continúa moviéndose sobre sus propias ruinas maquilladas de ciudad.

Pero tal vez el punto volátil de la puesta que ofrece Perséfone sea la precisión de dos secretos. Uno es el espacio abandonado donde se esconde el joven que se dice valiente y grita a las paredes sus blasfemias ¿Tal vez verdades? Otro es el llamado a un circo terrible del cual huye el joven y al que maldice durante su encierro.

El llamado se revela al final como un claro signo del infortunio que le espera. En medio de la crisis a los hombres jóvenes y fuertes les toca la maldición de los adolescentes, el aviso fatal que les enseñará el supuesto poderío de infundir el miedo.

¿Quién sabe en verdad por qué y para qué es preciso ese llamado? Eso no importa, los muros siguen inmóviles. Fuera de ellos las personas, como muros, permanecen también quietas. ¿Han visto las consecuencias de hacer en voz alta una pregunta? Tal vez por eso sólo las piensan. Tal vez esperan el estallido de los muros. Sólo que para ese entonces, imposibilitadas de contener tantas preguntas, puede que hayan estallado primero todas las cabezas.

[1] Prado Zavala, J. Jorge. “La máquina Müller: el drama como puesta en crisis de la historia”

 

 

 

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