Maite Vera: Una cubana que escribe telenovelas

Por Yusimí Rodríguez         

Maite Vera en la filmación de una de sus telenovelas.

HAVANA TIMES, 18 dic — “Cuando vayas a Cuba tienes que conocer a esta mujer,” le dijo la documentalista suiza Kristina Konrad una amiga, en 1998, al saber de su intención de viajar a la Isla. La mujer era Maite Vera, autora de varias series y telenovelas cubanas, a lo largo de tres décadas.

Vera protagoniza “Cuando éramos felices y no lo sabíamos,” documental de 76 minutos que presentó Kristina Konrad en la sección “Hecho en Cuba,” durante el 33 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Esta realizadora ya obtuvo el Premio Coral para el mejor filme sobre un tema del continente de un director no latinoamericano, en el 2005, por su documental reflexiva sobre Nicaragua titulado “Nuestra América.”

En un principio, Kristina Konrad se sentía interesada fundamentalmente por la realidad cubana, pero poco a poco fue adentrándose en la persona de Maite. “Fascinante” fue el adjetivo que usó al describirla, cuando le pregunté por qué había hecho un documental sobre ella.

Esta fascinación es evidente desde que comienza el filme, con el cumpleaños número 70 de la protagonista, en el 2000. No es un documental sobre el trabajo de Maite Vera, sino sobre su vida y su persona.

Maite Vera

Como en su vida, el trabajo ha jugado un papel tan importante, está presente a lo largo del documental. Fragmentos de sus telenovelas se intercalan con escenas de su cotidianeidad, de los momentos de creación, los intercambios con asesores, actores y directores; historias del pasado, la relación con su hijo, los amigos, los vecinos.

Muchos cubanos sienten que las novelas de Maite reflejan una visión edulcorada del régimen.

Tal vez, la explicación está en este filme. Vemos a una mujer que vivió la dictadura de Batista, pertenece a la generación que construyó la Revolución y vivió la efervescencia de aquella etapa.

También dentro de la Revolución se graduó de la Universidad de Teatro y Dramaturgia, a los 50 años. Su visión difícilmente podría ser otra.

Sin embargo, uno de los mejores momentos del documental, y de mayor sinceridad por parte de la protagonista, es cuando reconoce los errores de la Revolución. Pero no los achaca solo a los líderes. “Nosotros nos equivocamos también,” afirma. “Fuimos parte de la ola, del milagro.”

La realidad cubana resulta visible en esta película. Maite viaja en taxi y el chofer le comenta que no pudo ver un programa televisivo, porque Fidel Castro, presidente de la república en aquel momento, pronunció un discurso.

También muestra la libreta de abastecimiento y los productos racionados que recibe el pueblo. No está ajena a las dificultades y el hecho de que esos productos no alcanzan.

A diferencia de la mayoría de los cubanos, a Maite le sobra el azúcar y otras cosas, que puede compartir con los vecinos, porque vive sola. Pero principalmente porque su situación económica es privilegiada, como reconoce en el documental.

El hijo de Maite Vera, Humberto Gomez Vera

Su hijo, el músico Humberto Gómez Vera, vive en Dinamarca con su mujer y una de sus hijas. Maite lo visita una vez al año. Konrad la acompaña en sus viajes a Copenhague y nos muestra esta relación madre e hijo con todo su amor y sus conflictos.

La visión de Humberto sobre lo que es ser un músico cubano en Dinamarca es otro buen momento del documental. No es el clásico cubano que se casó con una europea para salir de Cuba. “Traje a mi mulata china.”

Humberto se describe como el único mulato danés. No idealiza su vida en Dinamarca, ni la que dejó en la Isla. Tomó una decisión que tuvo sus pros y sus contras, y vive de acuerdo a ella.

Muchos espectadores sentirán nostalgia ante las imágenes de “El viejo espigón,” considerado uno de los mayores éxitos de Maite Vera.

Por mi parte, al ser demasiado joven para haberla visto en su momento, sentí curiosidad por las dificultades que implicó su filmación. No fue posible realizarla en el puerto, por tanto hubo que hacer una imitación en el estudio y hacer muchas tomas de primeros planos.

“De los seis protagonistas, cinco eran negros. No mulatos, sino negros,” cuenta Maite. Algo que no se había visto en las pantallas cubanas hasta ese entonces. (Ni después)

En el documental, habla también de la soledad, con una visión muy distinta a la que aparece en sus telenovelas, en las que casi nunca los personajes terminan sin pareja. A diferencia de ellos, Maite vive sola.

Durante diez años, Kristina Konrad filmó la vida de esta mujer, sin más camarógrafo que ella misma, sin saber en qué se convertirían aquellas imágenes.

La directora del documental Kristina Konrad.

Es quizás gracias a esto que el documental resulta espontáneo y dinámico. Maite no está sentada en un sillón, contando su vida, sino viviendo ante la cámara.

La naturalidad de la protagonista es un punto a favor del filme. Pude comprobar que la naturalidad que vemos en pantalla no es fingida, el miércoles 7 de diciembre, mientras esperaba por la proyección del filme.

Maite Vera estaba allí con entradas para sus vecinas y otros que aparecieran. Le pareció que se había vestido demasiado elegante para la ocasión, pero luego afirmó, con desenfado: “Yo lo mismo me pongo tacones para ir al mercado, que voy en tenis al ICRT.”

Admiradores y detractores aún verán su nombre en los créditos de algunas telenovelas. A los 81 años, Maite Vera continúa trabajando.

 

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