La voz del poeta y del sinsonte

Puente musical desde Cuba*

Por Osmel Almaguer

Eduardo Sosa. Foto: ahora.cu

HAVANA TIMES, 28 dic — Eduardo Sosa es un destacado trovador santiaguero radicado en La Habana. Cubano y guajiro de “pura cepa.” Tiene la sensibilidad del poeta y la voz del “sinsonte,” esa ave tan típica de nuestros campos.

Nacido en 1972, sus primeras incursiones en el campo de la música las hace a los 12 años de edad,  “participando en festivales de diferentes organizaciones estudiantiles hasta llegar a la Federación Estudiantil Universitaria (F.E.U.) donde alcanzó diversos premios.”

Profesionalmente se inicia en el año 1997, con el dúo “Postrova.” El trabajo de este proyecto musical era bien interesante. No solo por la combinación de ritmos norteamericanos que fusionaban con el son y la música guajira, sino por el resultado final, acabado y letras de las canciones.

Desintegrado el dúo en el año 2002, Eduardo reanuda su carrera como trovador. Esta vez con un estilo diferente que caracterizaría su quehacer musical hasta el presente.

Su trabajo y carrera artísticos han estado íntimamente ligados a los jóvenes cubanos y a las diferentes organizaciones e instituciones que a lo largo de toda la isla les representan. Así, es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y forma parte de su Comisión Nacional de Música.

Su repertorio, del cual es autor,- incluye canciones, baladas, blues y fundamentalmente géneros de la música cubana tales como el son tradicional. Hay que destacar que también tiene incorporado en su repertorio, y de forma eventual, canciones de otros compositores cubanos y extranjeros.

Sus temas más populares, tal vez, sean Retoño del monte y A mi me gusta, Compay.

Pasado los treinta  CD “A guitarra limpia”

Pasado los treinta sopla el viento / y creo que aún es tiempo de desafiar al reloj / de descubrir misterios y tener alguno de ellos / de no perder el centro y mejorar lo que pasó / pasado los treinta quisiera andar / sin mirar a los lados ni sentir algún temor / iluso yo que tanto me lo advierto, iluso yo.

Pasado los treinta sigue la inconformidad taladrando / y me empeño cada día en comenzar. / Las calles más estrechas aún me llaman la atención / más cerca las paredes desafío mayor.

Pasado los treinta prefiero no encontrar / mejor es ir tallando paso a paso la razón / lo blanco o lo negro ya tuvieron su momento / y hay mucho más color.

Y sueño tanto y duermo menos que hace un tiempo atrás. / Me nacen alas en tu cielo. / Le doy cartas a Dios siempre y cuando mis dos manos / también deciden en el juego. / Abro igual los brazos / la muerte sé que espera un día enamorarme / no hay remedio y mientras tanto…

Voy respirando la impaciencia de lo que vendrá / planeando hallarte en cada tregua del camino / izando velas aunque corra algún mal viento / para quedarme aquí en mi nido. / Pasado los treinta creo en la diferencia / y sólo en el amor me fío.

Pasado los treinta la pena y la desilusión / ya hicieron daño y más de un trato conmigo / me enseñaron a caminar sin bastón / me dejaron duendes, fantasmas y algún amigo / pero mal o bien ya no temo arriesgar / y sé que un buen motivo atrae siempre el rumor / desvisto ahora mis planes cuando salen a volar / y sigo evitando el desamor.

Letra llena de simbolismo en la que el autor se manifiesta según su propia vivencia. Momento crucial de nuestras vidas en el que solemos hacer un balance de nuestros éxitos y derrotas, y en el cual ocurre un cambio esencial en nuestro interior.

A las nuevas preocupaciones se suma la calma que brinda la experiencia. Somos más dueños de nosotros mismos y pretendemos utilizar nuestras fuerzas en los planes de lo que nos queda por hacer.

Los treinta son una edad en la que ese fuego pasional que nos acercaba a las cosas deja de regir nuestra relación con el mundo. Es el momento de sustituir tótems e ídolos por una visión más adecuada al contexto en que se vive. No se renuncia a los sueños, pero estos son desplazados del centro de nuestro campo visual hacia un costado. Se comienza, así, a vivir estratégicamente.

Las utopías son igualmente vistas de otra manera. Y la mayoría de las inocencias que cometemos son permitidas por nosotros mismos.

Esa visión trascendentalista de la vida, tan característica de los más jóvenes, se empaña las primeras veces que comenzamos a pensar en la vejez y en la muerte como cosas ciertamente posibles y cercanas.

Se sigue, sin embargo, siendo joven. Se sigue teniendo fuerzas. Ya la vida no es ese juego de vida o muerte. Por eso las decisiones son tomadas con más calma.

Pasados los treinta, en fin, se cargan en la mochila de la vida duendes, amigos y algún que otro fantasma. Cosas que nos han hecho fuertes. Cosas que nos han vulnerado, y que trataremos de evitar en lo adelante. Pasados los treinta es un buen momento para “poner el campamento,” y Eduardo Sosa lo ha hecho en forma de canción.

(*) El Puente Musical desde Cuba: Este material es parte de una serie con el fin de promover la comunicación entre la gente de las diversas regiones del planeta.  Estaré utilizando una narración sencilla para hacer llegar al público interesado el mensaje que trasmiten esas canciones cubanas que por su escaso potencial comercial y las dificultades que supone su traducción, a veces permanecen en un estancamiento comunicacional, a pesar de ser verdaderas joyas de la cultura cubana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *