por Yusimí Rodriguez

HAVANA TIMES — Más de 30 años atrás, el director alemán Werner Herzog filmó su película más importante, Fitzcarraldo, que le valió el Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes 1982.

El filme narra la historia de Brian Fitzgerald, (Fitzcarraldo), un hombre excéntrico y obsesionado con la ópera, que decide construir un teatro en la selva amazónica. Para conseguirlo necesita hacer dinero en el negocio del caucho, y para ello debe transportar un gran barco fluvial fuera del agua, por encima de un monte, y cuenta con la ayuda de un gran número de nativos.

El cauchero peruano de origen irlandés en el que se inspira el filme, Carlos Fermín Fitzcarrald, utilizó un barco más pequeño que el del filme y lo desmontó en varias partes para pasarlo por encima del monte. Herzog, sin embargo, se empeñó no solo en usar uno más grande, sino en pasarlo por encima del monte sin desmontar, en una sola pieza.

Durante el rodaje, en el que resultaron heridos los protagonistas y el actor principal se enemistó con el director, el propio Herzog escribió un diario titulado La conquista de lo inútil”.

Como si no fuese suficiente conquistar lo inútil una vez o la inutilidad de todo el proceso no hubiese quedado totalmente demostrada, los jóvenes estadounidenses Harley Adams, Sam Pressman y Luke emprenden un viaje de más de ocho mil kilómetros a través de la selva amazónica para seguir los pasos del “Fitzcarraldo” de Herzog, y de Burden of dreams, documental de Les Blank sobre el rodaje de “Fitzcarraldo”.

Semejante aventura solo puede denominarse La reconquista de lo inútil, y ese es el título del documental que traen estos tres jóvenes al 37 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Tuve la oportunidad (y la paciencia) de verlo en el Multicine Infanta. Al final de la proyección, nuestro editor Circles Robinson me preguntó qué me había parecido. “Hermoso… y estúpido”, fue mi respuesta.

No pensaba escribir sobre este filme, a pesar de que provocó un debate entre Robinson, una amiga y yo, sobre la relación entre los primer mundistas y nosotros, los del tercer mundo y la ventaja que siempre nos llevan en esa relación. Esta conversación me hizo permanecer en la entrada del cine el tiempo suficiente para que un amigo me presentara a uno de los jóvenes creadores del documental, Sam Pressmann.

Cuando supo que soy colaboradora de Havana Times y estaba en compañía de mi editor, le insistió para que me convenciera de escribir. Le pregunté si estaba seguro de querer eso, y dijo que sí, totalmente dispuesto a arriesgarse a que yo hiciera trizas su filme.

Pero lo que habría sido un artículo en el que yo hubiese hablado sobre la inutilidad, en mi opinión, de hacer esa película que no conduce a ninguna parte, de la impaciencia que me provocó por momentos… y de la belleza de las imágenes, de la capacidad de mantener la suficiente dosis de curiosidad en el espectador, ha terminado por ser un diálogo con los tres creadores.

HT: ¿Para qué hacer un filme sobre un proceso que ya saben es inútil? (El propio Herzog les dijo que allí encontrarían “nada”).

Luke: Habría que preguntar cuál es la utilidad del arte, de la vida.

Sam: Muchos artistas se preguntan a veces para qué están trabajando.

Durante el proceso de filmación, hubo problemas entre ellos: Harley recibió un puñetazo en la nariz, Luke enfermó. Además, tuvieron problemas con la ley en Machupichu.

HT: ¿En esos momentos, no pensaron en renunciar y mandar todo al carajo?

Harley: Creo que los momentos de mayor incertidumbre sobre el sentido de tu creación, son los mejores y más verdaderos, es cuando estás haciendo algo que realmente te importa. Cuando te sientes seguro es muy fácil, cuando sabes que lo que haces es bueno y, por tanto, decides continuar.

Precisamente, Herzog estuvo cuatro años en la selva, durante la filmación de “Fitzcarraldo, preguntándose: “¿Realmente debo hacer esto, no debería irme a casa? Esto no significa nada; es una mierda. Es una conquista de lo inútil, para qué lo estoy haciendo. Es una carga de sueños”. Por tanto, que nosotros estuviéramos allí y no nos hiciéramos las mismas preguntas sería una mentira. Necesitábamos ir y estar en ese espacio de incertidumbre de la creación. Y es un hermoso espacio.

Sam: Leíste que el Fitzcarraldo real dividió el barco y que además no tenía ningún interés en la ópera. Herzog se inspiró en un teatro para la ópera que se construyó en Brasil en esa época. Pero el único interés del Fitzecarraldo real era el dinero, la explotación.

HT: ¿Crees que eso hace al Fitzcarraldo de la ficción, mejor que el real? ¿No provocaron problemas ambos? A causa del Fitzcarraldo ficticio se hizo pasar ese barco por encima de las montañas…

Sam: Creo que si vemos a Fitzcarraldo como la historia de un soñador que está luchando por su sueño, es mejor el de la ficción, absolutamente. Pero creo que hay un lado oscuro en eso, lo decimos en el filme cuando llegamos a Machupichu.

En el mundo se han hecho cosas horribles en nombre de la belleza. No podemos asumir simplemente que los sueños de un soñador son necesariamente buenos. Creo que Herzog es muy reflexivo en cuanto a la cuestión de los sueños.

En el filme de Les Blank sobre la realización de Fitzcarraldo, tiene grandes momentos en los que se cuestiona y dice: “Incluso si completo esta tarea, si logro hacer pasar el bote por encima de las montañas, nadie podrá decirme nunca que lo que he hecho es bueno”. Creo que el mito de Sísifo era muy importante para Herzog y para nosotros. Para los griegos, la belleza del mito está en el momento en que hace rodar la roca montaña abajo y ve completada su tarea. Quizás, también hay una belleza en la lucha, que no debemos descartar.

Harley: El cine occidental de Hollywood, Alemania o de donde sea, ha estado obsesionado con historias de extranjeros que vienen a esta parte del mundo, ya sea Aguirre, Fitzcarraldo. Nosotros queríamos examinar esa historia desde adentro, preguntarnos si hay algún significado en ello, cómo podemos venir también como extranjeros y a la vez hacerlo de manera diferente.

¿Cómo podemos entender lo que vino antes de nosotros y lo que dejaron estas historias? ¿Qué queda de Herzog, de Fitzcarraldo y de Aguirre en ese lugar? Porque no es que la gente venga al Amazonas, haga una película, se vaya, y todo siga igual. La gente deja huellas. Por tanto, no sabemos la respuesta a tu pregunta: ¿Es mejor que Fitzcarraldo haya querido hacer una ópera? ¿Es mejor que Herzog haya querido hacer una película? ¿Es mejor que nosotros hayamos querido seguir sus pasos? No sabemos y espero que nunca sepamos.

Mientras miraba “La reconquista…”, no podía evitar la incomodidad al ver a los nativos que aparecen en el documental, con una actitud ingenua, como esperando algo de esos extranjeros occidentales que los usan para su filme y sacan de ellos más provecho que el que puedan obtener los nativos.

También, el hecho de que la filmación de Fitzcarraldo empeoró conflictos ya existentes entre tribus de nativos, me hizo preguntarme qué traen de positivo estos extranjeros a nuestro continente. ¿Prejuicio de mi parte? Quizás, pero es precisamente ese cuestionamiento lo que me lleva a una de las búsquedas más importantes de los creadores del filme, sobre todo, de Luke que ha desarrollado una tesis sobre antropología del turismo. Está consciente de que los occidentales del primer mundo mientras persiguen sus sueños pisotean cosas a su paso.

Luke: Quería investigar si el turismo puede ser bueno, tanto para los extranjeros, como para los nativos del lugar.

Sam: ¿Recuerdas lo que dice Carlos Pizarro en el documental? “Cuzco es una ciudad para los turistas”.

Luke: Para mí, básicamente el turismo no es bueno y continúa una historia de esclavitud y colonialismo que comenzó en el pasado. Están las grandes compañías que explotan los recursos de esos países: los árboles, el petróleo. Sólo piensan en sacar.

HT: ¿Ustedes como turistas, mientras hacían este filme, trajeron algo bueno para los nativos?

Luke: No podemos decir si fue mejor que otro tipo de turismo, pero fue una pregunta que nos hicimos.

HT: Entiendo que puede ser una pregunta incómoda…

Harley: En realidad quisiéramos que todo el mundo nos hiciera esas preguntas. En el Cuzco, hay solo otro tipo de turismo: el de los grandes hoteles, carísimos, donde la gente está con otras personas de Estados Unidos, Alemania u otros países del primer mundo. Se acercan a los nativos solo para comprar souvenirs, discutir por el precio de un collar, tomar una foto e irse. Es el tipo de turismo que ocurre allí, en general.

Están también quienes van para convertir a las personas al cristianismo y los traficantes de drogas. Nosotros no somos nada de eso, y si lo que hicimos es mejor o peor, no sé, pero nos pareció más honesto invitar a las personas a tocar guitarra con nosotros, a compartir nuestra comida y pedirles que nos dejaran compartir la suya, que nos invitaran a sus casas. Los invitamos a montarse en el bote con nosotros, a participar en la película y a usar la cámara. Quisimos intentar romper esa separación de mundos creada por el turismo, por medio de nuestra interacción con las personas.

Además, los niños que estaban con nosotros en el bote no viven en la selva, sin ropa, sino en ciudades, con teléfonos móviles, Internet y todo lo que nosotros conocemos. Les gustan las mismas películas que a nosotros.

Luke: Queríamos interactuar con ellos como si fuésemos niños también, haciendo arte juntos.

Sam: John Waters, un director de cine estadounidense, está interesado en temas como el racismo, la homofobia… y argumenta que si la gente pudiera vivir en los vecindarios de esos a quienes consideran diferentes, sería la única forma de entender el mundo fuera de sí mismos. Si no te colocas en lugares fuera de ti mismo, siempre pensarás desde la perspectiva de lo que has experimentado, de lo que tu cultura te dice que es cierto.

Luke ha tenido un gran impacto en mí al ayudarme a examinar y cuestionar nuestra subjetividad. En teoría, el cine, como otra forma de turismo, puede ayudarnos a expandir nuestra conciencia y a entender otros mundos. Pero con demasiada frecuencia, debido a la mono cultura y a las representaciones que hacen los medios, creemos solo en las categorizaciones que conducen al miedo. Esta es una forma de turismo que puede crear formas más honestas de interacción, la gente aprendería más y se vería como familia en esta casa global que compartimos.

HT: Una última pregunta. ¿De quién fue la idea de hacer este documental?

Harley: Me gustaba la idea de viajar juntos y dije: “busquemos algo que hacer”.

Luke: Yo tenía esa tesis. Después de cuatro años en la Universidad, estuve pesando en el turismo. Quería investigar la parte del turismo que puede romper todas las fronteras y las jerarquías en el mundo global; cómo el turismo, en la historia mundial, ha hecho avanzar revoluciones. No hay revoluciones si estamos prisioneros en nuestras mentes, en nuestros países.

Harley: Creo que tu pregunta anterior es muy relevante para nosotros ahora mismo en Cuba: cómo no ser otros turistas estadounidenses más en Cuba. Es algo en lo que pensamos mucho. La respuesta corta es el cine. Estamos viendo magníficos cines en La Habana, películas del país, interactuando con las personas.

Sam: No vemos mucho cine de Latinoamérica en los Estados Unidos.

HT: Es algo que también preocupa a los directores latinoamericanos. No solo que no se vean sus películas en los EUA, sino que no se ven aquí en el continente. Por lo general, se ven producciones de Hollywood.

Sam: Creemos que este festival es una gran oportunidad para ver películas cubanas y latinoamericanas.

Harley: Nos sentimos muy felices de estar aquí.

Sam, Luke y Harley han hecho otros cortometrajes juntos. Este es su primer largometraje. Los tres estudiaron en la Universidad de Stanford, California. Sam estudió Cine; Luke, Antropología, y Harley, Historia del Arte.

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