Kamankola del Puente Musical desde Cuba

Osmel Almaguer

Jorge (“Jorgito”) Lian Garcia Diaz el cantante de Kamankola.

HAVANA TIMES, 29 junio — Kamankola es un proyecto musical cubano de joven promoción.  Su gestor principal, el rapero Jorge Lian García Díaz (Jorgito), lo funda a principios del año 2009.

Kamankola funciona con un formato de 5 músicos.  Estas cinco plazas no siempre son ocupadas por los mismos ejecutantes, sino que cuentan con la colaboración de diferentes músicos que trabajan gratuitamente para el proyecto.

En esto se diferencian del grupo musical Interactivo, cuya confluencia de artistas se debe más bien a una voluntad experimental que a una limitación económica.  Por tanto, la labor de Jorgito vendría siendo algo así como el equivalente musical del “cine pobre.” si fuera posible yuxtaponer en este caso los términos “música” y “pobre.”

Vea entrevista con “Jorgito”

Kamankola fusiona el hip hop, como base principal, con elementos de la música nacional y extranjera (guaguancó, rumba, funk y rock n’ roll).  La fuerza fundamental de esta agrupación radica en las letras de sus canciones, en las que se aborda la existencia social, “la realidad del día a día.” como ellos mismos afirman.  Necesidades y carencias del cubano encuentran en ellas un espacio ideal, sin que esta característica opaque el orgullo manifiesto de “ser cubanos.” “Jóvenes con deseo de lucha, con hambre de cambio, con mucho que hacer.” así se autodefinen.

Cuentan con un CD titulado “Musas desechables.” que aún no ha sido firmado con ninguna casa disquera.

K-rabana del CD “Musas desechables

(Coro)   Ya se va la caravana, ya se forma el arrebato, Kamankola en la farándula, abre monte garabato.

Sin miedo.  Prostituyendo fuerza sin disfraz, enajenado de la voz del necio y dando más,  haciéndole la guerra al flojo y más voraz, soy palomo torcaz.  Sin miedo.  Soy cliente fijo del contrabando ilegal, de exigir libertad a un costoso soborno.  Tengo muchos conceptos de rebeldía, y no pienso llenar de ironía mi filosofía y mi entorno.  Sin miedo.

(Coro)   Ya se va la caravana, ya se forma el arrebato, Kamankola en la farándula, abre monte garabato.

Pa’ lante, que es de pánico el eco de los adversarios, que hay señal de abandono y rechazo a bandada, que hay aumento en la tropa de notas hambrientas en los pentagramas.  Pa’ lante, a la orden forzamos el fuerte.  Hay de aquel que se esmere en hacer resistencia.  Sentimientos no habrán hasta izar mi bandera conguera sobre sus cabezas.  Pa’ lante.

(Coro)   Ya se va la caravana, ya se forma el arrebato, Kamankola en la farándula, abre monte garabato.

Conocí a Kamankola por casualidad (aún hoy es de esa música que viaja en las memorias flash de los amigos) pero cuando le escuché me llamó mucho la atención.  Quiero decir, me pareció muy loable tal producto musical para un individuo que se propone decir cosas mediante la música, pero sin un centavo, y renunciando a la clásica estampa del trovador con su guitarra que sueña con un día tener su propia agrupación.

Jorgito tomó otro camino, y al parecer no se equivocó, pues si bien todavía permanece en un anonimato casi total dentro de nuestro país, recientemente recibió un reconocimiento que podría significar un gran impulso a su carrera y para el proyecto.

Se trata de dos nominaciones al premio Puños Arriba, en las categorías de Mejor Tema Spoken Word, y Mejor Video, resultando ganador en la primera de estas.  Es de resaltar que este triunfo fue logrado en un evento en el que el hip hop es más bien valorado en su estado puro, y no fusionado, como es característico en Kamankola

K-rabana nos recuerda el éxodo bíblico.  Tiene mucho de la pasión juvenil.  Sueña no con un mundo mejor, sino con el éxodo a un mundo mejor, aunque tal vez algo así no exista.  Pero esta minirevolución se nutre de fuentes atípicas, pues utiliza el desecho, lo callejero, la marginalidad, la prostitución y la enajenación, no solo como elementos que integran el discurso, sino también como denuncia de lo que existe y a veces rehusamos.

Su juventud les lleva a una posición casi temeraria, al menos así podrían pensar aquellos que dentro de esta misma sociedad tienen algo que conservar, sin embargo, es en esa misma carencia en la que radica la fortaleza de Kamankola.  Por eso parecen preguntarse, ¿a qué más le podemos temer?, ¿qué más me pueden quitar?

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