Jorge Dalton sobre su padre, El Salvador, su conexión con Cuba y el cine

El cineasta Jorge Dalton, hijo menor del prestigioso poeta y revolucionario salvadoreño, revela detalles de la vida de su padre y de la suya propia, atada indisolublemente a Cuba. Generador de pensamiento, polémico cuestionador de los dogmas y romántico; un hombre común y corriente al que le gustaba la calle, amar la vida: así describe a su papá, Roque Dalton.

Por MARINA MENÉNDEZ

Especial para ¡Por Esto! De México 

Jorge Dalton
Jorge Dalton

HAVANA TIMES – Nuestro primer y único encuentro ha sido por teléfono y me sorprende no solo su locuacidad, sino ese acento tan cubano que me hace preguntarme si del otro lado del hilo tengo realmente a Jorge Dalton, uno de los hijos del insigne poeta y revolucionario salvadoreño.

Pero sus respuestas, que ha tenido la gentileza de enviarme vía correo electrónico porque lo he contactado cuando le quedan apenas horas para tomar el avión rumbo a El Salvador, pronto aclararán mis dudas: se ha criado y formado en la isla, y considera que «lo mejor que he podido hacer en esta vida es ser cubano pues yo me levanto, camino, procedo, pienso, sueño y duermo como lo hace un cubano».

Debo confesar que aunque a su dirección se debe uno de los documentales más conmovedores que he visto en la televisión  cubana —«Herido de sombras», un testimonio del cantante Eduardo Hernández, «El Chino» en el ocaso de su vida, que permite repasar la historia del famoso y ya extinguido cuarteto Los Zafiros—, me acerqué a él atrapada, como tantos, por la obra y la vida de su padre Roque Dalton pasando tal vez por alto su prolífico currículum como cineasta.

Sin embargo, su «hoja de servicios» en el mundo del séptimo arte es tan amplia que pronto me doy cuenta necesitaría el espacio de otra entrevista para reflejarla. Es director, productor de cine, video y televisión y está considerado como uno de los más destacados documentalistas de la región centroamericana y caribeña.

Formado bajo la mirada de los célebres Fernando Birri y Santiago Álvarez, dos de los padres del Nuevo Cine Latinoamericano, estuvo entre los fundadores de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de la habanera localidad de San Antonio de los Baños y cuenta con más de 20 años de experiencia en la dirección y producción de audiovisuales, una labor que ha desempeñado en Cuba, México, Nicaragua, Estados Unidos y El Salvador.

Allí, en la tierra donde vio la luz, ha sido el creador e impulsor de la Dirección de Cine y Audiovisuales dentro de la Secretaría de Cultura de la Presidencia y promueve el proyecto de creación del Instituto Nacional de Cinematografía y otro dedicado a la creación de la Cinemateca Nacional de El Salvador, empeños de los que habla con calor y orgullo durante los breves minutos de una conversación que se prolongaría después, todavía sin vernos, gracias a la magia de la comunicación por email.

Pero la figura de su padre, sus poemas, y los años de la guerra en El Salvador con el clandestinaje obligado para los revolucionarios mientras Cuba fungía como refugio y amparo de tantos perseguidos por las dictaduras militares de la época, me hace «traicionar» otra vez al artista, y aflora su padre cuando formulo el cuestionario que  este hombre que recién descubro me respondería 48 horas después, aprovechando un día de lluvia en San Salvador que lo dejó «atrapado» en casa, y haciendo gala de la misma locuacidad y calor con que habla.

Imposible referirse a Ud. sin recordar a su padre. ¿Podría contarnos qué recuerdos tiene de él y de la vida en familia? ¿Quiénes la integraban entonces?

Jorge Dalton: Quiero comenzar diciendo que  hablar de mi padre para mí es un hecho reciente, nunca antes lo había hecho como ahora. Incluso rechazo asistir a los homenajes porque suelen ser muy solemnes y yo soy un enemigo de la solemnidad. No puedo recordar a mi padre si no es con alegría aunque eso me cause, por supuesto, mucho dolor. Tengo varios recuerdos que me marcaron desde que conocí a mi padre en una esquina del barrio de San Miguelito en San Salvador, lugar donde yo nací y quedaba la casa de «la Niña María», mi abuela materna.

Con Jorge Gestoso
Con Jorge Gestoso

Creo tenía unos cuatro años cuando se produjo ese primer encuentro en días en que mi padre comenzaba a convertirse en un mito, un poeta prófugo, un ciervo perseguido que se había rebelado contra el régimen militar imperante. Hacía poco tiempo había escapado de la cárcel y le dio por querer conocer a su más pequeño hijo. Arregló “un conecte” para que una empleada de mi casa me llevara a esa esquina donde quedaba el cine Fausto. Inmediatamente mi padre fue a mi encuentro y me cargó en brazos; en ese instante venía un carro patrulla bajando por la avenida España y decidió comprar unos boletos y refugiarse en la sala de cine.

En el cine daban “Una dura noche”, acerca de Los Beatles, del director inglés Richard Lester. Fue un encuentro que nunca olvidaré porque fue el primero con mi padre; yo nunca había visto cine antes y por ende fue también mi primera experiencia con la magia del cine y mi primer encuentro también con Los Beatles.

Mis dos hermanos mayores Roque Antonio y Juan José, mi madre Aída y mi padre llegamos a convivir como familia verdaderamente hasta que nos trasladamos a la ciudad de Praga en 1965, ahí vivimos casi tres años, una experiencia también inolvidable y un privilegio en nuestras vidas haber sido testigos de tantas cosas en una Europa dividida por el “Telón de acero”, en uno de los enclaves de la Guerra fría.

¿Cuándo llegaron ustedes a Cuba? ¿Pudo convivir con él en la Isla?

JD: Llegamos a La Habana el 24 de diciembre de 1967. Yo tenía apenas seis años y medio. Ya mi padre había llegado meses antes que nosotros a Cuba pues había recibido una invitación de parte de Fidel Castro y de Haydée Santamaría para trabajar en Casa de Las Américas, una de las instituciones claves creadas por la Revolución Cubana.

Era una invitación que le fue comunicada durante el Encuentro Latinoamericano de Escritores Rubén Darío, ese mismo año. Mi padre ya era una personalidad literaria conocida en Cuba por sus constantes viajes  y participación en certámenes de poesía, su vínculo con la UNEAC, el ICAIC; su voz se hizo sentir en la Conferencia de los Pueblos, en OLAS y otros foros. Ya era una persona muy querida y parte de todo ese boom cultural.

Cuba era un hervidero creativo, una especie de conspiración literaria en que se daban cita los más importantes escritores, intelectuales y artistas de Latinoamérica como era el caso de Julio Cortázar, Eraclio Zepeda, Eduardo Galeano, Mario Vargas Llosa, Heberto Padilla, Roberto Fernández Retamar, Antón Arrufat, Lezama Lima, Jorge Amado, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Nicolás Guillén, Juan Gelman, Alejo Carpentier, Tomás Gutiérrez Alea, Juan José Areola, Ernesto Cardenal, Carlos Fuentes, Rodolfo Walsh, Eliseo Diego, Fernando del Paso, Margaret Randall, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Miguel Ángel Asturias y Virgilio Piñera por solo mencionar algunos que me vienen a la mente. Cuba vivía momentos de esplendor en todos los sentidos y los ojos del mundo estaban centrados en ella.

Eran los días del descubrimiento de la nueva Cuba por parte de la intelectualidad y vanguardia cultural internacional, sobre todo europea. Mi padre estaba ahí en medio de una época esplendorosa, siendo testigo y protagonista de uno de los procesos más trascendentales del Siglo XX.

Cuba le ofrecía a mi padre un espacio para crear y vivir como ningún otro sitio del mundo. Es en Cuba donde escribe sus más importantes obras y es también el sitio donde desarrolla y profundiza todo su pensamiento político. Fue un cubano más sin dejar de ser muy salvadoreño y era de una personalidad que le permitió insertarse fácilmente en la vida diaria cubana, le caía bien a la mayoría.

Rodoaje de la Jinetera 2
Rodoaje de la Jinetera

Su manera de ser y su poesía influenciaron a muchos poetas cubanos y latinoamericanos. La manera de hacer su poesía, su estilo, influenció incluso a la llamada Nueva Trova cubana. Como mismo era parte de toda esa élite intelectual, generador de  todo un pensamiento, era también polémico cuestionador en contra de los dogmas y lo establecido, romántico hasta morir y triste como son todos los enamorados, un hombre común y corriente al que le gustaba la calle, amar la vida, el buen y el mal trago, su amor por las mujeres de manera desenfrenada y hasta irresponsable.

Una persona muy atractiva pero nada bella, pésimo bailador, muy desafinado y con el oído cuadrado como suelen ser la mayoría de los salvadoreños, un ser nocturno, una especie de «gato de techo» arrabalero y uno de los jodedores monumentales que habitaron la faz de Cuba en las décadas de los 60s y 70s».

Sabemos que recientemente ha rescatado los archivos de su padre en México. ¿Por qué estaban allí? ¿Cómo pudo localizarlos? ¿Qué contienen esos archivos? ¿Qué destino le dará?

JD: El archivo de mi padre permaneció en Cuba hasta principios de los 80s y luego de un ofrecimiento de una editorial mexicana que publicaría toda la obra en los 80s se trasladó a México. Desgraciadamente eso no se pudo concretar y el archivo quedó al cuidado de Juan Antonio Asencio, Elena Poniatowska y  mi querido tío Eraclio Zepeda.  Hasta que en 2001, si mal no recuerdo, viajé acompañado desde El Salvador con Carlos Consalvi, el director del Museo de la Palabra y la Imagen y lo trasladamos a El Salvador.

El archivo contiene casi toda su obra poética, los manuscritos y toda la investigación y apuntes documentales de libros como «Miguel Mármol», la novela «Pobrecito poeta que era yo», las obras de teatro, apuntes de viajes, cartas, los trabajos periodísticos, trabajos políticos y una buena cantidad de fotos entre El Salvador, Praga, La Habana, París y los viajes a China y Corea. Es todo un tesoro del que se ha publicado un porcentaje considerable, pero otras cosas se mantienen inéditas.

La Editorial UCA en El Salvador ha publicado la mayoría de sus libros al igual que Ocean Sur recientemente. La idea de mi padre siempre fue que su obra se conociera en El Salvador y Centroamérica, y en ese sentido se ha cumplido su sueño. Pero el cuidado y preservación de los papeles es un asunto muy complejo y nosotros, como familia y herederos de la obra, no tenemos capacidad ni tecnología para poder preservar ese patrimonio literario. El Estado salvadoreño tampoco posee esas capacidades y mucho menos voluntad. Hemos recibido ofrecimientos de varias universidades en EE.UU. como Duke y Princeton University, pero aún no hemos llegado a ningún acuerdo. Es posible que ese archivo tenga que regresar a Cuba porque Cuba fue su última casa y creo ahí estarían mucho mejor. Es algo que tendremos que decidir».

¿Qué espera Ud del Estado salvadoreño en relación con la muerte de su padre?

JD: En honor a la verdad, no espero nada, ya perdí las esperanzas que se haga algo al respecto. El FMLN ha terminado por traicionar el legado y la figura de mi padre, pisoteando su obra literaria y hasta su pensamiento político y todo lo que mi padre significa para El Salvador y el resto de Latinoamérica, cometiendo la desfachatez y la deshonra de proteger, promover y elegir a unos de los asesinos del poeta en un alto cargo dentro del gobierno de izquierda, por puros intereses mezquinos y sucios.

El FMLN nos comunicó al inicio del período del presidente Mauricio Funes que ellos como partido no tenían responsabilidad de ese nombramiento. Más tarde llegamos a comprobar que había sido algo pactado entre todos ellos, de manera colectiva, y en el mandato actual del presidente Salvador Sánchez Cerén, Jorge Meléndez, ex comandante “Jonàs”, señalado como uno de los criminales del Poeta Meritísimo de El Salvador y de otros crímenes que están detallados en el Informe de la Verdad de las Naciones Unidas, fue ratificado en su cargo por el propio presidente Sánchez Cerén.

Entonces no les bastó no solo con ensuciar la memoria del poeta revolucionario, sino que engañaron a mi familia, engañaron y pisotearon a mi madre y han engañado al pueblo salvadoreño y a muchos de los que ofrendaron sus vidas por la causa revolucionaria. Entre ellos a mis dos hermanos, poniéndose al lado de los asesinos y dejando a un lado a las víctimas de tan horrendo crimen.

Es bueno aclarar que el FMLN ya no tiene mucho que ver con ese movimiento prestigioso y heroico que tomó las armas por la dignidad del pueblo salvadoreño a finales de 1979 y los comienzos de la década de los 80s, esa organización que fue reconocida y que se ganó la simpatía del mundo entero.

Una vez convertidos en instituto político, muchas cosas cambiaron y con esos cambios se desató toda una cadena de decepciones. Sus pactos oscuros con determinadas personas y grupos políticos dan lugar a muchos cuestionamientos, y  obran en determinadas ocasiones de la misma manera que lo ha hecho la derecha durante largas décadas.

Con Edward G Olmos
Con Edward G Olmos y Susy Caula

¿Cómo puede explicarse y que justificación puede dar el FMLN a lo que voy a exponer a continuación?

Cuando vino la orden de extradición de los ex militares acusados de cuantiosos crímenes de lesa humanidad llamados “La Tandona”, acusados del vil asesinato de los padres jesuitas de la UCA, Mauricio Funes, presidente del primer gobierno de izquierda, en lugar de proceder con esa orden de captura, en lugar de cumplir con su deber y favorecer a las víctimas y a la justicia  universal además cumplir con la sociedad y comunidad democrática internacional, al contrario dio la orden de proteger a esos criminales y no movió un dedo para que la orden de captura se hiciera realidad.

Eso ha sido uno de los retrocesos más significativos en materia de justicia en estos últimos años y el FMLN tiene una cuota de responsabilidad histórica en eso y se prestó para eso. El presidente Funes se olvidó de los mártires de la UCA y obró de manera cobarde, sucia, traicionándose a sí mismo, colocándose al lado de los victimarios.

El FMLN, por su parte, tampoco dijo una palabra al respecto y se convirtieron en cómplices de semejante atrocidad. Como pueden ver no tengo palabras suaves ni nada elegantes para definir lo que es hoy el FMLN, que para mí dejó de ser hace ya un buen rato una verdadera alternativa de izquierda a pesar de que está en el poder por segunda vez. Tampoco creo que sean una alternativa de solución de los problemas que ahogan hoy por hoy a la más pequeña nación centroamericana.

En cuanto a mi padre, el FMLN tampoco ha movido un dedo en ayudar al esclarecimiento de ese crimen, con sus acciones  se han empeñado en que la verdad no salga a la luz como debe ser, se han convertido en parte integral de la impunidad que reina en esta nación y han contribuido al pacto de silencio de los asesinos, de la misma manera que se protegieron a genocidas implicados en graves violaciones a los derechos humanos en países como Guatemala, Argentina, Chile y Paraguay.

No creo que a estas alturas hagan nada por esclarecer nada. No tienen la más mínima voluntad de hacerlo, no les interesa, ni les conviene. Ahí están las pruebas de lo que digo, ahí están las fotos que han sido publicadas de los pactos sonrientes y los abrazos entre el ex presidente Funes, la ex Primera Dama Vanda Pignato, el actual presidente Salvador Sánchez Cerén, con uno de los asesinos de mi padre. Sus acciones no pueden ser más que repudiables porque no benefician en nada al esclarecimiento de la verdad y la justicia».

¿Qué recuerdos conservaba usted de El Salvador a su vuelta? ¿Puede decirse que está establecido ahora allí o comparte su vida entre El Salvador y Cuba? ¿Qué ha significado Cuba para Ud?

JD: (Bueno son dos preguntas) Yo vengo a El Salvador en 1998 junto a mi esposa Susy Caula, que es cubana y es fundamental para mi vida y parte del aire que respiro. Venimos de México y llegué a El Salvador no como alguien que regresa luego de un largo exilio, porque yo no puedo considerarme un exiliado. Nunca vine con ese concepto del retorno pues mis vivencias eran muy pocas; salí con casi cuatro años de edad de El Salvador y la mayoría de las cosas que tenía como referencia era lo que nos había contado mi padre, o por todo lo que se conocía de este país a raíz del conflicto armado.

Yo crecí y me formé en Cuba donde fui influenciado por todo lo que constituye la vida diaria allí hasta tal punto que considero que lo mejor que he podido hacer en esta vida es ser cubano pues yo me levanto, camino, procedo, pienso, sueño y duermo como lo hace un cubano. Tengo un gran amigo que me dice siempre: “Es que eres insoportablemente cubano”. O como un escritor cuyo nombre no recuerdo ahora y que un día, refiriéndose a mi aporte a la cultura cubana, escribió: “Jorge Dalton, ese sentimental salvadoreño que llegó a ser tan típico en Cuba como las maracas”. Es algo que agradezco con mucha alegría. Y la verdad, no sé hacer las cosas de otra manera.

Me viene a la mente ahora el gran poeta cubano Eliseo Diego cuando supo en México en 1994, a raíz de su premio Juan Rulfo, que yo había iniciado trámites para hacerme cubano y renunciar a la nacionalidad salvadoreña. Me abordó y dijo esa vez: “Me tienes que prometer que no harás eso, no lo hagas por tu padre. Quién sabe si en un futuro tengas que ir y trabajar por El Salvador. Además, todos en Cuba saben que tú eres cubano solo que con pasaporte salvadoreño”.

Con Mirta Ibarra y Titon
Con Mirta Ibarra y Titon

Poco tiempo después Eliseo Diego murió y yo le puse dos rosas rojas en sus manos el día que se fue de este mundo: ese gran poeta cubano al que considero uno de los monumentos más grandes de la poesía iberoamericana. Hasta el momento he cumplido con esa promesa, pero confieso que es algo con lo cual no me comprometí del todo.

Vine a El Salvador cumpliéndose lo que años atrás el poeta Eliseo Diego me había pronosticado: a vivir y trabajar por El Salvador. Porque eso es lo que he hecho desde que llegue hace 14 años que han pasado volando. Llegué con una mirada curiosa del país donde había nacido, y eso tal vez me permitió insertarme e iniciar toda una labor en el campo de la cultura y, específicamente, en el impulso del cine salvadoreño.

¿Qué ha significado Cuba para Ud?

JD: Cuba es el sitio más importante de mi vida. Un sitio que vive conmigo las 24 horas, y no concibo mi vida sin Cuba o sin La Habana porque más que cubano, soy obsesivamente  habanero.

Yo no me considero cubano porque un día descubrí al Che Guevara, porque me supe de memoria las canciones de Silvio o fui parte de un Comité de Solidaridad por Cuba; por un amor a primera vista o porque soy de esos tantos “turistas revolucionarios”.

A pesar que me considero hijo de ese proceso que se inició en 1959, mis motivos son mucho más profundos, son muy de raíz y están estrechamente relacionados con la nación cubana. Siempre he vivido agradecido de mis padres por haberme llevado a Cuba, y pienso que uno es del lugar donde crece y se forma, donde casi todo es por primera vez.

Fue en Cuba donde me dio paperas, rubeola y todas las enfermedades que le dan a los niños por primera vez; fue donde aprendí a leer y escribir en español, donde pasé vergüenza por primera vez por “sacar un boniato” (dar un traspiés) en plena vía, donde salí solo a la calle por primera vez en plena sanidad, ir al cine solo, tener muchas novias sin que estas se enterasen, ir solo a la escuela, al teatro, al trabajo voluntario, a la guardia del CDR, a estar becado lejos “en casa del carajo”, a estar sin luz, sin agua, tener dos mudas de ropa pero con dignidad y sin dejar de ver el horizonte, tener muchos amigos, estar dispuesto a morir por los demás pero también estar dispuesto a cuestionar, protestar, ser también inconforme, luchar y sufrir con los demás y aspirar y soñar por una Cuba mejor.

Vivir bien con menos y  subirme en una guagua solo por primera vez. El sitio en que tan bien se está, donde di y me dieron el primer beso con sana premeditación y alevosía. En donde hice el amor por primera vez y donde me enamoré también por vez primera. Todo eso para mí está muy relacionado con la nacionalidad, con la patria y mi sentido de pertenencia.

Fue en Cuba donde me eduqué, tuve y tengo mis mejores y eternos amigos, mis más apreciados maestros, donde adquirí las herramientas para desenvolverme en la vida y ser independiente y soberano, donde aprendí el verdadero concepto de ser revolucionario y donde me hice de un pensamiento libre y propio.

Rodando.
Rodaje.

Fue en Cuba siendo yo muy “cazuelero” y metido en lo que no me importa que un día me dio por mirar por un hueco y me hice cineasta de la mano de Santiago Álvarez, Arturo Agramonte “Camaguey” y de todo lo que significaban Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solás, Julio García Espinosa, Alfredo Guevara y todos los demás cineastas cubanos que son mi orgullo, como los son los pintores, músicos, poetas, humanistas, actores y todos los cubanos habidos y por haber vivan donde vivan y piensen lo que piensen; lo que es y deberá seguir siendo Cuba con instituciones como el ICAIC, la Cinemateca, la Casa de Las Américas, el ICRT y la EICTV que ayudé a fundar y que fueron a parte de mi casa, mis hogares.

Hace unos días le dije a Carla Valdés, una joven documentalista cubana, que mis padres me habían premiado con muchas cosas, pero mi premio mayor ha sido y será siempre Cuba.

Todo eso se lo debo en gran parte a mi padre, a quien tuve la malísima suerte de verlo y despedirme de él por última vez casualmente en otra esquina a muchas millas del cine Fausto de San Salvador. Esta vez fue en una esquina de La Habana Vieja, a pocos metros del famoso hotel Isla de Cuba, un día gris como el uniforme de obrero que traía puesto ese día. Creo fue 1972 y yo era aún muy joven. Me citó para despedirse y decirme que se marchaba a El Salvador, a integrarse a la lucha armada y la liberación de su país. Fue un día fatídico que marcó el final de muchas cosas, y algo murió dentro mí ese mismísimo día.

Yo, la verdad nunca fui de los que se acostumbró o celebró la idea que “los héroes viven en el corazón del pueblo”; yo quería a mi padre de vuelta en el corazón de  mi casa sano y salvo, y esa era mi consigna y mi estandarte en ese instante de la primavera. Quería a ese «gato de techo», arrabalero y jodedor lo más revolucionario posible, pero vivo.

Yo recuerdo haber llorado de manera desconsolada como nunca antes. Lo lloré tanto que me quedé sin lágrimas y no volví a llorar por él hasta muchísimos años después. Lloré ese día como no lo deberían hacer “los niños y hombres valientes y revolucionarios”, lamento haber traicionado ese principio ese día por el simple hecho que yo estaba más que convencido de que bajo esas circunstancias, mi padre no regresaría jamás a casa, a pesar de sus reiteradas promesas de retorno. Ese día me convencí también de que los poetas no sobreviven en los campos de batalla, como no sobrevivió José Martí. Mi padre y Martí no eran para nada hombres de armas y ambos murieron en circunstancias muy desfavorables y casualmente un mes de mayo.

¿Cuál es su labor hoy en El Salvador? ¿Qué espera de ese movimiento de cine mediante el cual está formando a los jóvenes?

A mi llegada en 1998 pensé que me encontraría con ese grupo de documentalistas salvadoreños que fueron parte del movimiento cinematográfico que surgió durante el conflicto. Una vez firmados los acuerdos de paz en 1992, pensé que el FMLN apoyaría y fortalecería esa instancia cinematográfica que ya contaba con una infraestructura y era un proyecto que, incluso, se consideraba estratégico durante la guerra, y lo sería también en tiempos de paz.

Pero de manera sorprendente ese proyecto tan importante y revolucionario fue abandonado por el FMLN y en poco tiempo desapareció: desaparecieron las cámaras, los sistemas de sonido, las moviolas, las películas y hasta el rico archivo histórico. Sus integrantes se fueron del país y otros se integraron al mundo de la publicidad. Lo poco que se logró recuperar por suerte es hoy parte del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI).

Siempre he dicho que los acuerdos de paz, acabaron con la guerra pero también acabaron con ese cine que se había gestado al calor de los combates. El cine en ese momento jugaba un rol estratégico para dar a conocer el programa político de los alzados en armas; era un arma eficaz de propaganda y de comunicación pero esas, en realidad, no son  las verdaderas funciones  del séptimo arte.

Una vez terminada la guerra al FMLN le dejó de interesar, además de que no sabía realmente qué hacer con el cine en las nuevas condiciones. Sigo pensando que aun a estas alturas el FMLN sigue sin saber para qué realmente sirve el cine, su impacto en la sociedad, su función social: siendo el cine la expresión más completa y compleja de las artes. Dudo también que tenga capacidad para entender las verdaderas funciones del arte y la cultura.

Entonces me topé con un panorama absolutamente desolador en el plano cinematográfico y televisivo. Nadie quería hablar de cine ni de producción nacional porque lo veían como algo imposible y una inversión demasiado cara. Otros solo veían el cine como era presentado en las salas comerciales. “Y si no lo vamos hacer como lo hace Hollywood, para qué meternos es eso”, alegaban, con una mentalidad muy acomplejada y subdesarrollada. Había un gobierno de derecha que se había instaurado en el poder y el cual no tenía ninguna intención de soltarlo. El cine no le interesaba ni a la derecha ni a la izquierda.

Recuerdo que en las universidades programaban ciclos de cine salvadoreño y lo que hacían era exhibir hasta la saciedad los documentales salvadoreños durante la guerra, una propuesta que había quedado en el pasado.

La gestión cultural en general era bastante pobre y para colmo no había proyectos de cine de ninguna índole, ni cortos, ni documentales, ni nada. Eso, sumando a que no había guionistas, sonidistas, productores, realizadores, montajistas, directores de fotografía, etc. Todo eso era inexistente y en realidad  había venido a dar al peor país del mundo a iniciar algún proyecto cinematográfico.

Recuerdo que en una de mis primeras entrevistas que di a la prensa, al preguntarme cuáles eran las razones por las cuales en El Salvador no había cine nacional, y yo respondía de manera categórica: Porque no habían cineastas, no había tampoco proyectos recientes ni obras de cine. El país estaba en cero en materia de producción cinematográfica.

Entonces hice un corte radical con todo ese pasado y con todos esos obstáculos y me acerqué a los jóvenes, y comencé a formar grupos de trabajo con ellos, porque con los veteranos me di cuenta que no avanzaría ni un milímetro. ¡Para veterano yo!

En 2001 tuve la suerte de que la compañía inglesa que produjo Buena Vista Social Club me comprara los derechos de mi documental “Herido de sombras”, y con parte de la plata que me pagaron me compré una cámara profesional de video y algo de sonido y me uní a unos jóvenes músicos que producían sus propios video clip. Estos se denominan Trípode Audiovisual a los que considero casi mis hijos. Ya en 2006 llegamos a producir un documental llamado “Entre los muertos”, una experiencia muy buena pues estos chicos nunca antes habían incursionado en el cine documental y fue el primer documental en participar y competir en festivales internacionales de envergadura como Mar del Plata, Viña del Mar, Bogotá, Biarritz en Francia, el Festival de Málaga, España; en el Festival de La Habana, así como en otros eventos en Hungría, Estados Unidos, etc. Los jóvenes comprobaron que sí se podía y fue una gran experiencia. Fue un buen inicio aunque casi no contamos con presupuestos. Logré conseguir dinero ganando el Concurso CINERGIA. Conjuntamente con eso surgió el Festival Centroamericano ICARO.

Así, por el estilo, comencé a trabajar con otros jóvenes y estos también crearon sus propias estructuras de producción. Con un presupuesto miserable llegué a organizar con gran éxito la Primera Muestra de Cine Iberoamericano con apoyos de los institutos de cine de varios países que me respaldaron y logré traer al país 15 películas de largometraje con una sala comercial llena toda la semana.

Se comprobó que los salvadoreños estaban deseosos de consumir un cine distinto. Empecé a mover cielo y tierra y logré crear con apoyo del gobierno el Certamen Nacional de Video, que sirvió para incentivar y premiar las incipientes obras nacionales. No me alcanzaba el tiempo para nada pues también en eso me dediqué a enviar aspirantes salvadoreños a la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños. Vivía entre dos fuegos pero no estaba dispuesto a rendirme porque la derecha me acusaba de “comunista” y la izquierda no dejaba de verme con sospecha y desconfianza, y en lugar de apoyarme no movieron un dedo, porque todo esto comenzaba a gestarse en el gobierno de derecha.

Al mismo tiempo que yo hacía mi labor de gestión, no dejaba de producir y así surgieron dos documentales que fueron premiados y reconocidos a nivel internacional como fue el caso de “Cuando yo soñaba un mundo al revés” mi trabajo más premiado internacionalmente y “Llevarte al mar” en 2009, este último, premiado también en CINERGIA y que produje junto a mi esposa Susy en Honduras y con los jóvenes de Trípode Audiovisual.

En todo este esfuerzo no me quedó más remedio que invertir recursos propios, unir a mi esposa y muchas otras voluntades y hasta a Edú, el perrito adorable de mi casa. No he dejado de producir y en este año 2015 acabo de terminar mi último documental de largometraje titulado: “En un rincón del Alma”.

No recuerdo bien, pero para 2008 llegó a El Salvador André Guttfreund, un cineasta salvadoreño muy valioso y ganador de un premio Oscar, miembro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, el único centroamericano ganador de un Oscar. La llegada de André ha sido fundamental porque  se ha convertido en mi mejor aliado. A parte de ser un director es productor, académico y profesor de importantes escuelas de cine en EE.UU. Con él se implementaron los talleres de capacitación a los que acudieron muchos jóvenes que forman parte, hoy por hoy, de la Asociación de Cine y TV de El Salvador y de la que André es presidente. Este año él ha sido parte de la primera producción salvadoreña de ficción de largometraje de distribución internacional. Es tal vez una personalidad mucho más obstinada que yo en muchos aspectos.

En un hecho trascendental porque no dejé de insistir hasta el cansancio de la obligación del Estado de apoyar el cine, logramos crear la Dirección de Cine y Audiovisuales dentro del Estado, que está a mi cargo y constituye la primera instancia cinematográfica en la historia de El Salvador.

Creamos además el Centro de Producción Audiovisual, que ya produce innumerables documentales y nuevos programas, siendo la ventana de exhibición el canal del Estado. En estos momentos estoy impulsando junto a André y otros colegas el proyecto de creación del Instituto de Cine y la Cinemateca Nacional.

Por otro lado han surgido en El Salvador varias productoras independientes con jóvenes talentos. Trípode Audiovisual dejó de ser un grupito y se han constituido en una empresa de audiovisuales muy exitosa; así por el estilo ocurre con Meridiano 89, Contra Luz, Ocho Milímetros, Garaje Films, Pro Arte, Holón Films y muchas más. Han surgido nuevos nombres de directores salvadoreños como es el caso de Marcela Zamora, Edson Amaya, Julio López, Javier Kafie, Brenda Vanegas, Paolo Hasbún, David Gallardo, Pilar Colomé, Arturo Menéndez y Gerardo Muyshondt, entre muchos otros.

El movimiento de cine salvadoreño es una realidad hoy por hoy y es ya indetenible, algo que yo he defendido a capa y espada. Ha habido peligros y obstáculos como fue el caso, hace dos años, cuando el presidente Funes, en el primer gobierno de izquierda, cometió la torpeza de elegir de Secretaria de Cultura a un ser mediocre y corrosivo que llegó a la Secretaría de Cultura de una manera nada revolucionaria a imponer y dirigir la cultura a su antojo, en beneficio de sus intereses personales, todo un retroceso… Y una de las cosas que se le ocurrió hacer fue destruir la Dirección de Cine y Audiovisuales, y yo me revelé junto a mi equipo de trabajo obteniendo todo el apoyo de los cineastas y de casi todo el gremio de la cultura.

Terminé en la calle con un megáfono siendo yo un funcionario de gobierno. Salí a defender una conquista de los jóvenes, de la cultura y por la dignidad. Fuimos parte de la huelga más larga que se conoce en la historia de la institución del Estado. Entonces ganamos esa lucha y sigo estando dispuesto a defender con mi vida esa conquista.

Aún queda mucho camino que recorrer y por supuesto hay muchos obstáculos e incomprensiones, pero estos jóvenes protagonistas de este nuevo movimiento audiovisual han llegado para quedarse en un El Salvador que necesita de ellos para poderse transformar. Es un movimiento de jóvenes talentosos, con conciencia social pero sin ataduras ni compromisos partidarios, y han decidido de una vez y por todas darle imagen propia a El Salvador a través del cine. Yo, lo único que he hecho desde 1998 ha sido darles un empujoncito».

¿Cuál estima Ud es el mayor desafío que hoy enfrenta El Salvador?

JD: Los desafíos son muchos porque El Salvador atraviesa por el momento más complejo desde el conflicto armado. Se ha convertido en uno de los países más peligrosos y violentos del mundo. Es una verdadera pena porque es a la vez un país con gente maravillosa y una geografía envidiable, como lo son también Guatemala y Honduras.

Encaminar a este país por el sendero del desarrollo y una paz social duradera se ha tornado sumamente complicada y requiere de mentes y voluntades casi extraordinarias en medio de un sistema político en crisis en que está inmersa la derecha, pero también la izquierda. El Salvador sigue siendo un país de enormes desigualdades sociales donde hay un sector minoritario que lo tiene absolutamente todo y donde existe una pobreza extrema que no tiene absolutamente nada. No me quiero extender en este tema pero estoy más que convencido que el desafío más grande de El Salvador sigue siendo hoy por hoy lograr la paz. Sin eso no habrá desarrollo.



8 comentarios sobre “Jorge Dalton sobre su padre, El Salvador, su conexión con Cuba y el cine

  • muy buena entrevista :D

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  • Dicho con el mayor de los respetos: la publicación de un solo comentario sin sustancia en este extenso artículo, luego de más de un día de su salida a la luz este fin de semana, es indicio de que el mismo ha carecido de interés para los lectores, o de que los editores de Havana Times han decidido no aceptar otros comentarios en este caso. El tiempo y la publicación o no de la presente nota aclararán la situación.

    Respuesta
    • La entrevista ha tenido una buena cantidad de lectores. En general la gran mayoría de las personas prefieren no comentar. ¿Cuál es su comentario sobre el texto?

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  • Es cierto que tomando en cuenta la importancia del tema que aborda esta entrevista – básicamente el alevoso asesinato de Roque Dalton por sus propios compañeros de lucha, así como al aparente ocultamiento que del mismo han intentado hacer las actuales autoridades políticas del país centroamericano -, cabía esperar un mayor flujo de comentarios.

    Quizás la ausencia obedezca en parte a la extensión del texto. Siendo Marina Menéndez una veretana redactora, creo que debió empeñarse en sintetizar lo expuesto por su entrevistado, distribuyendo las respuestas en consideración a los tres puntos fundamentales del temario: vida, muerte y legado de Roque Dalton, decurso de la vida de su hijo Jorge en Cuba y su tierra natal, y situación de la creación cinematográfica en El Salvador. O dividir esta entrevista en tres entregas sucesivas.

    Por algo se dice que lo bueno, si breve, es bueno dos veces…

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  • A mi me parecio genial la entrevista. Si no hay más comentarios creo que es porque el tema de las revoluciones y los revolucionarios latinoamericanos ya es historia antigua. Sobre todo por el fracaso histórico en el fallido objetivo de lograr sociedades alternativas al capitalismo.

    El Salvador es uno de esos tristes ejemplos de como un pueblo noble, creyente y pacífico lo convirtieron en fieras despiadadas y sangrientas. Y lo peor, que se confirma una vez más que cuando la izquierda “revolucionaria” una vez que toma el poder, se convierten en gobiernos más retrógrados, reaccionarios y corruptos que los capitalistas de derecha que suplantan. Otra decepción para sus pueblos.

    Creó que Jorge Dalton ha sabido aprovechar el legado de su padre para formarse y actualmente para aportar considerablemente a la cultura de su país. Parece ser un hombre consecuente con el mismo y sueños a pesar de lo que la gente espera de el por su apellido Dalton. Creo que es un hombre inteligente y sensible a la injusticia, que no crítica públicamente a la dictadura castrista por agradecimiento, pero a mi entender el también es una víctima de la barbarie castrista – guevarista en su proyecto de exportación de revoluciones. Es lo menos que podían hacer con el y su familia, el no tiene nada que agradecerles.

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    • Respondiendo al El bobo de Abela. Pues de entrada no acostumbro a responder no es mi política cuando escribo o hay una entrevista sobre mi persona pero de todas maneras le escribo para agradecer sus palabras. Eso en primer lugar. Yo aunque usted no lo sepa he sido sumamente crítico con muchas cosas que suceden en Cuba de toda la vida. No soy una persona comprometida con la oficialidad. Mi compromiso ha sido y será con la nación cubana y ese compromiso me causó inconvenientes y un sinnúmeros de sufrimientos porque yo he tenido incluso “restricciones” para entrar a Cuba y eso la mayoría lo sabe. Producto de mi postura de mis opiniones de mi afán porque los cubanos sean una misma cosa independientemente de lo que piensen, que se acaben las diferencias entre un cubano y otro. Esa lucha me ha costado muy caro. Yo me fui de Cuba en 1992 y fui a parar a la ciudad de Miami donde sufrí como mismo sufren los cubanos privados de su patria. Llegue sin nada y viví ahí sabiendo y defendiendo lo que yo considero defendible del exilio cubano, la dignidad de muchos cubanos que viven fuera, que viven sobreviven y que también merecen reconocimiento y respeto por su dignidad y apego a la nación. He sido un gran defensor de la potencialidad que los cubanos han edificado fuera de Cuba y su incidencia en el futuro de la nueva Cuba. He sido un gran opositor al término “GUSANO” por ser tan denigrante y tan deshumanizado. Eso tendrá que abolirse en la NUEVA CUBA en la cual creo de manera muy ferviente. El termino “GUSANO” nunca debió existir.. Supe en carne propia la injusticia de ser un emigrado cubano junto a los cubanos y no a los salvadoreños. Trabaje en los mismos trabajos que los cubanos hacían para sobrevivir sin privilegios de ningún tipo. He sabido en carne propia lo que es el exilio cubano, sufrí soledad y desarraigo y estuve a la par de los exiliados con la misma filosofía de sufrir con ellos y estar dispuesto también a morir por ellos pero también estar dispuesto a discrepar y no estar de acuerdo con los extremismos que van en contra de la nación. A debatir y no estar de acuerdo pero siempre mirándonos a los ojos algo incluso muy arraigado en la cultura cubana y la manera de ser de nosotros los cubanos. En fin pudiera estar horas escribiéndole pero lo voy a aburrir con mi “muela”. Yo quiero que usted sepa que yo incluso desciendo también de una familia norteamericana de California, una familia que pudiera considerarse fundadoras de la nacionalidad norteamericana, mi familia Ronstadt -Dalton dio todo un aporte a la nacionalidad norteamericana de finales del Siglo 19 y principios del Siglo XX. Algunos de mis familiares estuvieron entre las tropas que invadieron Cuba en 1895. Linda Ronstand la cantante famosa norteamericana de los años 70s y 80s es la prima hermana de mi padre. Yo sin embargo nunca he luchado por ser ciudadano norteamericano, mis pensamientos están siempre en Cuba porque soy profundamente martiano y tengo motivos más que suficientes.

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  • Gracias Jorge por participar. Es bueno saber los detalles de tu vida como intelectual comprometido con los destinos de la nación cubana, también tu patria. Lamentablemente la gran mayoría de los artistas e intelectuales dentro de Cuba han optado por darle la espalda al calvario que sufre el pueblo cubano, sabiendo que sus voces son escuchadas y pudieran contribuir a desmontar el sistema tiránico en que ha derivado lo que se conoció como revolución cubana.

    También la llamada izquierda latinoamericana tan combativas contra las dictaduras militaristas de derecha, han hecho silencio cómplice a favor de la dictadura izquierdista castrista, que no ha sido menos cercenadora de libertades, explotadora y represora de los trabajadores que las de derecha.conocidas en la región.

    Creo firmemente en el importante trabajo cultural que haces con tu sufrido pueblo salvadoreño. Como martiano estas aplicando su máxima de ser culto es vital para que un pueblo sea verdaderamente libre.

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Cabo San Lucas, Baja California, México. Por Ray McCloud Hensley (EUA). Cámera: Google Pixel

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