Festival cubano de cine de Gibara rompe esquemas por el desarrollo local

Por Ivet González  (IPS)

Niños y adultos desfilan por una de las calles de la ciudad de Gibara, en el este de Cuba, durante la inauguración de la 15 edición del Festival Internacional de Cine, que se realiza este año entre el 7 y el 13 de julio y que brinda creciente protagonismo a la conservación del ambiente. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

HAVANA TIMES – Con banderolas blancas, azules y rojas, carteles e insignias nacionales que hicieron con sus propias manos, varias trabajadoras de una tienda estatal y vecinos engalanaron su barrio con motivo al Festival Internacional de Cine (FIC) de Gibara, ciudad del este de Cuba.

Esta Villa Blanca de los Cangrejos, como se apoda a esta ciudad costera famosa por esos crustáceos, celebra los primeros 15 años de la cita fundada por el cineasta Humberto Solás (1941-2008), que la hizo famosa y dio un giro al desarrollo del municipio homónimo, con más de 71.000 habitantes, parte de la región del país con menor índice de desarrollo humano.

“Siempre apoyamos la realización del festival, que reanima la ciudad y todas las personas se entusiasman con las actividades”, dijo a IPS la comerciante Luz Clara Gallardo, administradora de la tienda estatal, quien observa este año “mayor participación de cuentapropistas (emprendedores privados), que son parte de la sociedad”.

Dedicado al tema ambiental y financiado en un inusual porcentaje por el sector privado, la 15 edición del Festival comenzó sus actividades el 7 de julio y se extenderá hasta el 13 de julio, con un programa con la participación en diferentes categorías de 59 filmes y 15 guiones en concurso, además de otras proyecciones y actividades socioculturales y de perfil ecológico.

“Hasta 40 por ciento del festival lo cubren los privados, es muy significativo y lo más novedoso”, dijo Verónica de la Torre, una de las productoras de FIC Gibara. “Estamos hablando del aporte de 40 bares y restaurantes privados, además de algunas imprentas, servicios informáticos y otros tipos de negocios”, continúo la productora a IPS.

El resto del financiamiento corrió a cargo del Ministerio de Cultura y el estatal Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, donde se adscribe el festival, junto con las ayudas de las embajadas de Noruega y España en La Habana y empresas con capital extranjero como Ciego Montero y Havana Club.

El comité organizador agradeció todos los apoyos recibidos en un momento de recrudecimiento de la crisis económica del país, para el único festival cinematográfico que se realiza fuera de La Habana y promueve la responsabilidad comunitaria del arte cinematográfico.

Voluntarios de todas las edades realizan actividades de saneamiento en la playa Bayado, en la ciudad de Gibara, como parte de las actividades del 15 Festival Internacional de Cine, que acoge la urbe de la provincia Holguín, en el este de Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

“Hemos logrado esta incorporación masiva de los privados sin resistencias en ninguna de las partes… ha sido positivo. Ojalá se sigan sumando más para la próxima edición”, evaluó De la Torre, quien resaltó el aporte de comercios cuentapropistas de La Habana, que son la mayoría y contribuyen al desarrollo de un territorio que no es el suyo.

Con aportes monetarios y otras ayudas patrocinaron esta edición del FIC desde La Habana varios restaurantes, así como una aplicación digital, estudios de fotografía y creación audiovisual, producción y mercadeo digital.

Entre limitaciones y avances, el sector privado congrega actualmente a más de 600.000 personas, entre propietarios y empleados, en un panorama laboral dominado por el Estado, que contrata a 3,1 millones de los 4,5 millones de personas ocupadas, mientras que las 800.000 restantes trabajan en cooperativas, en su mayoría agropecuarias.

Pero muchos emprendedores suelen encontrar resistencias cuando quieren apoyar como patrocinadores o realizar un aporte social directo, en un país de gobierno socialista, donde servicios sociales y comunitarios, la cultura, el deporte, la salud y la ayuda en casos de desastre ha sido proveída y centralizada mayormente por el Estado.

“Siempre hemos trasmitido y nos hemos desempeñado por la importancia de la inserción del sector no estatal en todas las actividades que conlleven al desarrollo de la localidad”, sostuvo Josefa Medina, que junto a su esposo Jorge Luis Rodríguez, regenta el restaurante La Cueva Taína, en un barrio periurbano de Gibara.

Josefa Medina y Jorge Luis Rodríguez, un matrimonio que gestiona el restaurante La Cueva Taina, en la entrada del establecimiento, en la ciudad de Gibara, en la oriental provincia cubana de Holguín. Ellos colaboran desde sus inicios con el Festival Internacional de Cine de la ciudad, como otros emprendedores privados. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Al final de una entrada con estatuas taínas, el nombre de un pueblo nativo que habitó en Cuba hasta el exterminio por parte de la colonización española, se erige desde 2014 el restaurante de esta pareja, que junto a otros cuatro trabajadores, sirve platos típicos de la localidad y reivindica la cultura taína con mensajes y un pequeño museo a la entrada.

Colaboradores del festival desde su surgimiento, la pareja apoya en esta ocasión con la prestación de su local y recursos para la realización de talleres culinarios durante la actual edición, incluso se les reconoce como impulsores y contribuyentes del perfil ambientalista que ahora prioriza el FIC Gibara.

“Siempre hemos sido amantes y defensores de proteger la naturaleza”, remarcó Medina a IPS. “Por nuestra cuenta, empezamos un trabajo comunitario y logramos rescatar la Playa del Oro, que está cerca de aquí, sobre todo motivando a niños y niñas. En parte por eso la limpieza del festival pasado se realizó aquí”, recordó.

En 2018, gracias a la alianza con la ambientalista Fundación Antonio Núñez Jiménez (FANJ), el FIC reforzó el trabajo a favor del ambiente, que a partir de ahora constituirá una parte esencial del certamen anual.

Los organizadores también aspiran a inaugurar este año la Casa del Festival en Gibara, para pasar a contar con una sede permanente.

“No podemos pensar el desarrollo de Gibara solo a través de la cultura”, compartió con IPS Jorge Perugorría, el actor local de mayor proyección internacional y presidente del festival, tras participar el domingo 7 en la limpieza de la playa Bayado.

Después que las autoridades cubanas del sector declararon a Gibara destino turístico en 2017, el festival quiere fortalecer el enfoque ambiental y tecnológico, para fortalecer su potencial como destino.

Atardecer en un muelle de pescadores de la bahía de Gibara, la ciudad situada en el este de Cuba, apodada como Villa Blanca de los Cangrejos, por su arquitectura y por la fama de esos crustáceos locales, y que desde 2017 las autoridades cubanas incluyeron entre los destinos turísticos de la isla caribeña. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Ese día un grupo de 60 personas, en especial niños y jóvenes, recogieron los desechos sobre las arenas de una pequeña playa de la ciudad, usada para el baño por parte de pobladores y turistas, con el apoyo de la FANJ, el proyecto artístico-ambiental Tercer Paraíso, Wajiros Films y la empresa estatal municipal para la recogida de basuras.

“Estamos ayudando a complementar la maravillosa obra del festival con la dimensión ambiental por el propio interés de la comunidad de Gibara”, indicó a IPS, sobre las dunas, Yociel Marrero, especialista de la FANJ, una institución que también aspira a abordar otros problemas como manejo de desechos y promoción de los valores del patrimonio natural.

Con una bolsa azul de plástico en un mano y rodeada de amigas, la joven Keila María Velázquez, que estudia en una escuela secundaria de la ciudad, opinó que las jóvenes generaciones “tienen más conciencia de los daños de la contaminación, pero todavía falta hacérselo ver a muchas personas”.

Gracias al boom turístico que vivió al país desde 2015 y comenzó a declinar este año ciudades cubanas apartadas como Gibara se sirvieron del excedente y aumentaron las fuentes de empleo. En sus calles florecieron hostales y restaurantes, que contrastan con las viviendas humildes y afectadas por la agresividad del salitre.

Sin embargo, falta acceso a capacitaciones y recursos para que localidades como esta potencien un turismo sostenible, que es el segundo rubro de ingresos de la economía cubana, solo antecedido por la exportación de servicios profesionales, en especial de salud.

El desarrollo local y los encadenamientos productivos figuran entre las áreas a priorizan por un plan del gobierno para hacer frente a la recaída económica provocada por problemas internos, el recorte de los envíos de petróleo de Venezuela debido a su hundimiento interno y el recrudecimiento del embargo por parte de Estados Unidos.

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