El general escribe con franqueza

Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

descamisado-enrique-acevedoHAVANA TIMES — Los libros escritos por el general cubano Enrique Acevedo tienen la capacidad de despertar impresiones fuera de lo común. Enrique y su hermano mayor, Rogelio Acevedo, subieron a la Sierra Maestra en plena adolescencia, para unirse a las fuerzas de Fidel Castro durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Al triunfar el movimiento en 1959, integraron las fuerzas armadas del nuevo gobierno y ascendieron por su escalafón.

Naturalmente, ya se ha visto cierto número de materiales testimoniales de otros compañeros de Acevedo. Por lo general, los relatos son bastante homogéneos, sin contradicciones, aptos para insertarse en un texto de historia escolar simplista como los que abundan por aquí: rebeldes heroicos, sin tachas, abnegados; más un enemigo batistiano, imperialista, muy pero muy malo, que ni siquiera merece la palabra.

Descamisados, primer libro de Acevedo, sorprendió a críticos y lectores. La narración de las trastadas de los hermanos durante la lucha guerrillera, con estilo desenfadado y simpática frescura, se apartó totalmente del canon. Con el apoyo del general de ejército Raúl Castro, este primer libro vio la luz y dio pie hasta para una serie televisiva muy edulcorada.

Guajiro viene a ser la continuación de Descamisados. Recoge las memorias del protagonista a partir del triunfo de 1959. Los relatos que disponemos sobre aquellos tiempos turbulentos están violentamente sesgados por los intereses de la feroz lucha de clases que todavía se libra. Cada bando endiosa a sus miembros y demoniza a los contrarios. Esta situación torna dramáticamente original el texto de Enrique Acevedo.

La rareza de esta narración estriba en que recoge, con inédita franqueza, las debilidades humanas de los revolucionarios. En estas páginas se desmorona el mito de que el espíritu de rebeldía fuera acompañado siempre por una moral intachable, un desinterés material absoluto o algún tipo de pureza espiritual.

Muchos compañeros de Acevedo, como él mismo, dejan bastante que desear para esa imagen que se intentó crear. Las numerosas anécdotas referidas, tan escandalosas para el punto de vista puritano, más bien parecieran alardes de conquistador de castillos y mujeres.

Unos cuantos procesos del período posterior a 1959 se comprenden mejor después de leer lo sucedido con este Guajiro. Por ejemplo, la metamorfosis de los melenudos con barba, bajados de la Sierra, en adalides del pelo corto, de la estética y la moral de la clase recién vencida.

Los jefes guerrilleros tuvieron que cursar escuelas militares para dirigir el nuevo ejército, proceso en el que encajaron sin dificultad en muchos moldes de los oficiales del ejército anterior, tanto como los de las fuerzas armadas del llamado campo socialista.

Los mismos cuadros que dirigían la esfera militar, asumían asimismo la conducción de las esferas civiles –situación que se perpetúa hasta el presente. De aquí se puede comprender la implantación en estas últimas de los mismos hábitos de ordeno y mando.

Acevedo sirvió en la fortaleza de La Cabaña y no podía evadir el peliagudo tema del enjuiciamiento de los colaboradores y esbirros de la tiranía batistiana. Los sentenciados despiertan pocas simpatías en el joven oficial, que tiene frescas en su memoria y al alcance en las páginas de la prensa –aún independiente–, las imágenes de las atrocidades cometidas por aquellos.

Aún así, percibe el exceso de exhibicionismo manifiesto en algunos procesos y no se libra de los epítetos condenatorios que le lanzan madres y esposas de los procesados bajo su custodia.

La politiquería de muchos “ñángaras” quedan más que al desnudo, ante la mirada de este Guajiro, ex–Descamisado. Se conoce que la dirección del partido comunista en aquella etapa intentó capitalizar, con actitud oportunista, el éxito de un movimiento revolucionario colectivo.

Igualmente se argumenta, con vehemencia, que la dirección suprema de la Revolución efectuó un proceso posterior de depuración en el partido para unificar a todas las fuerzas nacionales. Ciertamente, Descamisados y Guajiro se parecen poco a mis libros de historia escolar.

Recientemente, el general Acevedo publicó también Fronteras. Este otro texto autobiográfico recoge su actividad en Angola, donde dirigió dos unidades militares cubanas durante el conflicto en aquel país africano.

En la primera ocasión, los hombres bajo su mando estaban dislocados en la zona norte. La actividad combativa fue relativamente menor, lo que no quiere decir que no se vivieran grandes tensiones. El ejército de Mobutu Sese Seko tendía una amenaza periódica sobre Angola, particularmente sobre la provincia de Cabinda. El enconado conflicto fronterizo de Katanga también reclamaba la atención de los mandos militares, sin obviar los movimientos UNITA y FNLA, enemigos del gubernamental MPLA.

La narración de Acevedo tiene el mayor interés en esta primera etapa, en la solución de problemas logísticos, así como en la familiarización de los cubanos con las costumbres, cultura y vida de los pueblos angolanos.

Estos pasajes construyen una especie de reencuentro con la raíz africana de nuestra nación y llevan el mayor protagonismo en la parte inicial. Abundan nuevamente anécdotas personales, análisis de actitudes y procesos que enriquecen la gama de personajes ajenos a los prototipos intachables en nuestra acostumbrada propaganda.

Para la segunda etapa de su misión, Acevedo deberá encabezar sus fuerzas en la complicada frontera sur. La actividad militar ocupa entonces mayor protagonismo. Ya no se hace tanto énfasis, como en las obras anteriores, en las posibles barrabasadas y de los protagonistas.

El joven teniente ha madurado y ahora es todo un general: está casado, tiene algunas canas, mayores responsabilidades y una imagen que defender. Aún así, no se soslayan del todo las facetas humanas y díscolas de los personajes, algunas aventurillas corridas y muchos elementos que no caben en la versión oficial.

Con la victoria de las tropas cubano angolanas, la misión concluye; regresan a sus hogares los hijos del Caribe y termina también el recorrido por estas Fronteras. Los aportes históricos y literarios del general Enrique Acevedo, en mi modesta opinión, todavía están lejos de finalizar o, como mínimo, de ser comprendidos del todo.

3 thoughts on “El general escribe con franqueza

  • Carlos A. Caballero: Eso que estás pidiendo no lo vas a encontrar en esos libros. Los he leído todos y es cierto que hace tangible la figura de los héroes, humanizándolos, porque son seres humanos con virtudes, defectos y debilidades como cualquiera. Pero esa imagen del Ché que tienes (que no se porque la tienes) no va a ser corroborada en estos escritos, muy por el contrario, Enrique Acevedo combatió en la tropa del Ché en la Sierra y luego trabajó subordinado a él en La Cabaña y en el Ministerio de Industrias y todo lo que refleja es la gran admiración y el respeto que siente por él.
    AlejoCabezón: Este artículo se refiere a Enrique Acevedo, no a su hermano Rogelio Acevedo que estaba al frente de AEROCARIBBEAN, no de Cubana de Aviación.

  • Contará en algùn momento los enredos legales de su mujer o por qué lo destronaron de Cubana de Aviación?

  • Excelente articulo. Seria bueno que aparezcan mas publicaciones que recojan hechos reales y atroces que cometieron los “barbudos” cuando estaban luchando contra las otras “clases” sociales. Me interesa sobre todo la imagen “romantica” y edulcorada que se le ha dado al Che Guevara. Esa imagen, promovida inmediatamente despues de su muerte por Fidel Castro, me suena a cover up, a dolor en la conciencia de quien le mando al calvario. La imagen del Che Guevara que yo tengo es la de un sanguinario aventurero, quien no vacilaba en quitarle la vida a aquel que le caia entre ceja y ceja.

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