Dejando huellas

Irina Echarry

HAVANA TIMES, 24 sep. – Para los artistas del Proyecto Huellas, Cantarrana tiene un toque especial.  La cuadra donde decidieron establecerse los acogió con la misma naturalidad que recibe al sol en las mañanas o el pestilente olor del río que corre tan cerquita.

Todos son artistas plásticos: pintores, ceramistas, dibujantes que un día decidieron irrumpir en las costumbres de este barrio para dejar su impronta artística, pero con el tiempo han ido tejiendo un intercambio socio-cultural sobretodo con los niños, que espèran enriquecer con un trabajo en conjunto a favor del medio ambiente.

“Queremos hacer un parque con banquitos donde la gente se siente a escuchar conferencias o a jugar dominó, a socializar. Ya hicimos un contacto con la Fundación Núñez Jiménez y vendrán a dar charlas, intentaremos sanear el río,  se puede hacer un trabajo educativo desde el punto de vista ecológico,” dice Erasmo Aguilar, uno de los integrantes del equipo que imparte talleres de dibujo y pintura.

Y nos cuenta con orgullo que “hace mucho, cuando el río llegaba hasta aquí arriba (señala con el dedo una marca en la tierra) se llenaba de ranas que ofrecían unos conciertos maravillosos, de ahí viene el nombre del lugar: Cantarrana.”

En toda la cuadra se pueden ver las fachadas de las casas pintadas con obras de diferentes artistas: Castillo (pintor naif), Juan Francisco y Pi, entre otros.  Las casas se preparan previamente con impermeabilizantes porque están muy pegadas al río, esto contribuye a que la obra sea más resistente a la humedad relativa y luego pintan con acrílico.

Los vecinos están contentos con la imagen de sus hogares y algunos han permitido también alguna decoración en los interiores de las viviendas: bares, cuadros, multimuebles, columnas, instalaciones, casi todo hecho con cemento y piedras del río, simulando la madera o la fibra vegetal.

Aunque sus integrantes tienen conceptos diferentes sobre el arte, los productos comerciales que entran en la categoría de lo artístico, y distintas formas de concebir la vida en general, los une el deseo de dejar sus huellas en este sitio pintoresco.

Los profesores no ven los talleres como algo educativo, con la formalidad de las escuelas, sino como un espacio donde los niños vayan a sentirse bien, sin las presiones de la dinámica escolar, que se relajen y aprendan.  Para eso una señora presta el portal de su casa y los creadores acuden cada sábado al lugar a realizar actividades con sus propios medios, con el único propósito de enriquecer la memoria artística y emocional de Cantarrana.


One thought on “Dejando huellas

  • el 25 septiembre, 2010 a las 1:49 am
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    Iri, hace un tiempecito me di cuenta que cada vez se escucha menos el canto de las ranas, ojalá con este proyecto logren también recuperar un poco el espacio que les corresponde, quizá con más ranas necesitáramos menos fumigación para eliminar mosquitos. Igual siempre admiro a todos los que inician proyectos comunitarios sin pretender alcanzar fama por eso y, sobre todo, lo hacen por amor, no porque le sobren los recursos. Me alegro que hayas tropezado con esta gente, a ver si cuando regreso puedo conocerlos también.

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