Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, reunión o acto de circo

Ernesto Pérez Chang

HAVANA TIMES — Pregonado como un gran acontecimiento a celebrarse en abril de 2014, el VIII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba enrumba hacia la culminación del fracaso rotundo de la organización.

A juzgar por el creciente descontento de una buena parte de la  membresía, la pérdida de representatividad de la institución, el papel subordinado a las políticas culturales trazadas por el gobierno, unido a los temas que se han priorizado en los debates solo para silenciar o aplacar aquellos asuntos más urgentes y decisivos para los artistas y escritores, el evento será una especie de alharaca para salvar lo insalvable y demostrar lo indemostrable.

Para evitar los enfrentamientos encarnizados, las denuncias de arbitrariedades y despotismos, la avalancha de protestas, los planteamientos problemáticos que pudieran cuestionar las bases políticas fundacionales de la UNEAC (así como demostrar con cientos de argumentos su obsolescencia en el panorama cultural), a las asambleas previas no han asistido todos los miembros sino una porción minúscula, escogida con precisión quirúrgica.

Los artistas y escritores jóvenes ya no encuentran en la UNEAC un espacio de actuación efectivo y si recurren a ella es porque no existen opciones para la gestión de algunos asuntos.

Agobiados por las disputas internas, los métodos absurdos de administración, la estructura de pequeños feudos que han adquirido los distintos departamentos que la integran, la inmunidad que disfrutan algunos de sus cabecillas (amparados en el utilitario carácter de institución “no gubernamental”), más de la mitad de sus dirigentes principales, decepcionados, extenuados, han presentado sus renuncias bajo pretextos de todo tipo.

Los artistas y escritores jóvenes ya no encuentran en la UNEAC un espacio de actuación efectivo y si recurren a ella es porque no existen opciones para la gestión de algunos asuntos: la tramitación de un viaje al exterior, la organización de un evento, la autorización para algo que roza la ilegalidad o simplemente para ganarse el amparo oficial mientras los viejos les enseñan con la práctica las efectivas artes del oportunismo.

Incluso he escuchado a algunos de los miembros más antiguos plantear la necesidad de fundar otra organización, una especie de Círculo de las Artes y las Letras para, de un modo disimulado, desgajarse poco a poco de un cuerpo institucional que ya ni siquiera les sirve como agencia de viajes o sucursal de la Dirección Nacional de la Vivienda. Sin embargo, sospecho que bajo esa disensión se esconde la idea de un desplazamiento de poder, una especie de golpe de Estado contra un sitio donde dos o tres se han atrincherado para no soltar los hilos que no mueven sino inmovilizan la cultura cubana.

Una organización que convoque solo a una mínima parte de sus miembros para diseñar una maniobra de rescate basada en el maquillaje y la salvaguarda de sus principios inconmovibles, solo demuestra que no es un espacio de representación sino un mecanismo (roto e irreparable) de control de sus integrantes.

Escuchando las declaraciones tan optimistas de algunos de los dirigentes nacionales o provinciales, a raíz de las asambleas, se advierten los enmascaramientos del problema fundamental que dará al traste con la institución: la necesidad de una refundación sobre otras bases que actualicen los verdaderos objetivos y que destierren de una vez y para siempre las actitudes de control y la idea de uniformidad que conviene a algunos, casi siempre ni artistas ni escritores aunque, paradójicamente, miembros con más capacidad de decisión que cualquiera.

No puede haber en el VIII Congreso de la UNEAC otra discusión más apremiante. Incluso, no debiera ni debatirse lo que ya es sabido por todos los miembros y que tiene dos soluciones únicas y evidentes: refundar o disolver.

Una organización que convoque solo a una mínima parte de sus miembros para diseñar una maniobra de rescate basada en el maquillaje y la salvaguarda de sus principios inconmovibles, solo demuestra que no es un espacio de representación sino un mecanismo (roto e irreparable) de control de sus integrantes.

Una reunión que no priorice la solución de los problemas que afectan el proceso creativo de los escritores y artistas y que no enfrente y derribe los obstáculos al ejercicio libre del arte y la literatura, no es una reunión, es un simple acto de circo.

El problema es grave y sus raíces bien profundas. Volveré a escribir sobre el asunto en los próximos días. Los invito a la reflexión.

3 thoughts on “Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, reunión o acto de circo

  • el 1 marzo, 2014 a las 6:56 am
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    Ernesto, excelente tu post. Muy buen análisis.
    Como observo la realidad, seguirán los Congresos de cualquier cosa para mantener el control político de la población, los de la CTC, l los CDR,los de la FEU, los de la UPEC, la UNEAC y hasta los del PCC, con la misma estrategia de seleccionar a los que “discutirán” los asuntos e invisibilizar las reales necesidades de sus afiliados, porque es una necesidad de la cúpula del poder darse ese show permanente aunque todas esas organizaciones no sean más que cascarones vacíos. Darle alguna consistencia a esas organizaciones significa otorgarles autonomía y esta palabra es una blasfemia para la élite política del país.

  • el 28 febrero, 2014 a las 3:19 pm
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    Un circo de muy mal gusto, seguir enforzando las payasadas de todos ellos, después de todo Ser Payaso también se considera un arte. Que un día Milanés diga algo por Colombia, y otro día Carcasses diga otra cosa, que cuando vayan a Miami se pueden sentar con Cao y decirle alguna que otra cosita, que en este VIII Congreso la UNEAC les está dando permiso, después de todo, si siguen este guión podrán seguir dándose sus viajecitos donde podrán comer, comprar y despejar con sus colegas en el exilio.

  • el 28 febrero, 2014 a las 9:19 am
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    caballeros;

    Un poco de seriedad: No ofendan al circo.

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