Ángel Lara, un artista cienfueguero

Por Irina Echarry

Angel Lara
Angel Lara

HAVANA TIMES — Alguien lo bautizó como El ángel de la glorieta. No ha estudiado en una escuela de arte, tampoco ha profundizado en Teología, es un hombre sencillo que canta, compone y talla la madera. Su conversación está marcada por la espiritualidad y el tesón. Es difícil que algún cienfueguero que frecuente la glorieta del parque Martí no conozca a Ángel Lara.

Mientras la gente se conecta a la Wifi, él está sentado en un banco, corrigiendo el rostro que ha ido creando en un pedazo de jocuma; enseguida acepta la conversación.

Ángel Lara: Pertenezco a la Agencia Cubana de Autor Musical. Solo tengo nivel elemental, La Habana no le autorizó a Cienfuegos el nivel medio, y por esa razón no puedo interpretar mi música de manera profesional.  Hasta ahora he grabado un demo con diez temas míos, pero no tengo un lugar fijo donde presentarme, porque los lugares que están más o menos asequibles plantean una serie de requisitos, y como uno no está amparado por una empresa artística, pues es peor.

Cuba tiene una característica: aquí, aunque tú seas un burro, si tienes los papeles, eres el tipo. Ahora, tú eres el hombre, el hombre de verdad, pero no tienes papeles y para ellos eres un burro.

Todavía no pertenezco a la ACAA de Cienfuegos, aunque tengo la cantidad de exposiciones que piden. Me queda la satisfacción de que algunos críticos han escrito sobre mi obra, diciendo que tengo un estilo propio: una fusión entre Picasso y Lam.

HT: Amante de los espacios abiertos, Lara reconoce las ventajas y desventajas de estar en una galería

AL: Comencé a venir a la Glorieta en el mes de marzo del año 94. Aquí tuvimos una peña musical, pero sin apoyo de ninguna institución, funcionó solo un tiempo.

piezaUna talla mía alcanzó mención en la expo titulada: Buscando el suvenir de Cienfuegos. Luego, la galería Benny Moré hizo un contrato con los artistas plásticos que nos habíamos presentado a ese concurso. Y ese es mi trabajo ahora, lo mismo hacemos exposiciones en los portales de la galería, que trabajamos con la Alianza Francesa. No vendemos directamente ahí, pero si a algún turista le gusta mi trabajo, se acerca y nos ponemos en contacto.

No me gustaría encerrarme en una galería solamente. Claro, allí tengo las ventajas de la institución, pero también sus cosas feas. Hay mucha tensión, conflictos entre los funcionarios y los artistas, entre los artistas. Acá en la glorieta eso no sucede, aquí hay paz.

HT: ¿Cómo crea las piezas?

AL: No sé dibujar, no tengo academia, esto viene espontáneamente. Comienza en mi imaginación, cuando limpio la madera empiezo a ver figuras y las libero, sin concebir la pieza. O sea, empiezo, pero no sé a dónde voy, aunque al final siempre la pieza guarda una composición.

HT: ¿Qué madera utiliza?

AL: Aclaro que con ella no se puede hacer ventanas ni puertas ni casas, porque es la madera que los carpinteros desechan. Me basta un simple trocito. Según los críticos, en mis obras trabajo el cubismo y le pongo de mi interior. Es mi búsqueda incesante de la veracidad de la vida y en ella incluyo el cuerpo de la mujer.

Trabajo el ácana, la caoba; el material que utilizo es del tiempo de la colonia  cuando los cerramientos se hacían de madera. Esta es caguairán, pero un caguairán de casi trescientos años.

HT: ¿Caguairán?  Pero estaba trabajando con cuchilla… esa es una madera muy dura…

AL: Sí, lo hago con una técnica propia, la he ido creando con el tiempo, lo trabajo al viento y no utilizo tornillo de banco.

La glorieta de Cienfuegos
La glorieta de Cienfuegos

HT: Ángel muestra su habilidad con la cuchilla, las lascas de madera caen en un paño que tiene desplegado sobre sus rodillas. La glorieta permanece limpia, mientras las personas entran y salen. A las dos de la tarde es el único espacio del parque donde hay sombra. Preguntamos sobre la aceptación de su obra y su presencia

AL: En el día aquí llegan muchas personas, hay un señor que viene a conversar sobre religión, vienen filósofos naturales, nos ponemos a hablar de la filosofía de la vida, y algunos niños.

HT: ¿Los enseña a tallar también?

AL: Sí, solo que como son muy niños no tienen una idea clara de lo que quieren hacer, es puro embullo.

A veces falto dos días y cuando regreso, la gente me pregunta qué pasó, personas, incluso, que yo no conozco. Hay un profesor de la carrera de Estudios Socioculturales, él siempre dice a sus estudiantes que yo soy patrimonio cultural de Cienfuegos… por aquí han venido pintores, artistas, una televisora española me entrevistó. Una de mis canciones la subieron a youtube, pero yo todavía estoy en baja, no tengo acceso a Internet ni tengo un celular tampoco. Pienso que cuando logre todos esos accesorios tendré más oportunidad de estar en contacto con el público. Mira, aquí han venido extranjeros que hace años se llevaron una piececita mía y luego la traen porque quieren que la restaure, le repare algo o la limpie, etc. Tengo piezas en el mundo entero.

piezas laraTrabajo el pequeño formato, porque no es bueno hacerlo en grande, todavía hay litigio con el uso de la madera, las que se prohíben y las que no. Aquí trabajo tranquilo, hago mi música también.

HT: Hoy no trae su guitarra

AL: No, como vivo a tres kilómetros de aquí, en Oburque, a veces se dificulta el traslado con la guitarra, no todos los ómnibus tienen espacio para ella. Cuando la traigo los turistas se acercan: “Músico, la Guantanamera”; y yo les digo: “No, no, la Guantanamera no, yo tengo mis propias composiciones”. Soy un trovador porque ando con mi guitarra, pero lo que hago son temas sociales, con textos románticos y toques religiosos.  Porque le descargo al Creador; le descargo por conocimientos y una gama de testimonios que me han pasado a partir del camino que escogí.

HT: ¿Alguna religión específica?

AL: Pienso que todos somos cristianos, a eso vino Jesucristo a la tierra, a instaurar  el cristianismo. Creo que la religiosidad del hombre debe estar en su corazón. Le dedico canciones a partir del conocimiento mío que viene de él, yo solo tengo noveno aprobado, pero no creo que el grado académico es lo único que da conocimiento.

Tuvo que haber un Creador, el hombre no pudo haber venido de un animal. Fíjate que somos la única especie que dispone de las demás ¿por qué? Un animal cualquiera no puede hacer eso, tuvo que haber una mano creadora.

lara1HT: ¿Cómo aprendió a tallar?

AL: En realidad mi talento me lo dio Dios. Estoy en la situación que estoy, porque la sociedad en que me ha tocado vivir ha manipulado ese talento: “Él no, porque es negro, porque es feo…” Pero en el fondo es porque he querido ser yo. Quiero triunfar por mí mismo, si me toca, si no me toca, no. Estuve durmiendo en la calle nueve años, aquí en la glorieta dormí dos noches, y nadie me ayudó. Me ponía de rodillas y le imploraba al Señor que me diera la posibilidad de explorar dentro de mí, para encontrar algo que pudiera hacer; hubo momentos en que no tenía ni zapatos.

Un día, un conocido me dio un escalpelo y un pedazo de madera. Vine para la glorieta, en pleno Período Especial. En ese entonces tenía menos idea de lo que era la proporción, pero me puse e hice unas caritas bastante extrañas, al día siguiente me levanté y volví, unos turistas se interesaron por lo que estaba haciendo y me pagaron mucho más de lo que les pedí. Me di cuenta de que esas personas no tenían argumento para decir si mi trabajo valía más o menos, solo habían sido la vía por la cual el Creador me decía: no abandones eso. Es la energía que emano la que interactúa con las personas, por eso me buscan. También me han estafado, por ejemplo, con un juego de ajedrez tallado que hice, pero pienso: habrá una razón; pierdo, pero también gano porque la experiencia es valiosa.



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Niños paseando por un caballo, La Habana.  Por Amanda Suarez (EUA).  Cámera: Samsung G9

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