A Juan Formell y Los Van Van

Por Jorge Dalton*

Juan Formell
Juan Formell  (1942-2014)

HAVANA TIMES – Supe de la Orquesta Los Van Van desde su fundación en diciembre de 1969 en que sus canciones comenzaron a formar parte de la vida diaria de los cubanos de la isla. En ese entonces, yo era un niño chiquitico, flaquito y revijío, cabeza y dientes nada más.

El nombre de la agrupación surgió a partir del entusiasmo generado por la campaña oficial de llegar a la meta de 10 millones de toneladas de caña de azúcar en el año 1970, mediante una movilización descomunal al estilo chino, en que la mayoría de los recursos del estado se pusieron en función de esa meta. Uno de los slogans que más recuerdo y que se divulgaba a todo dar en la prensa, la radio, el cine y la televisión era aquel que decía: “¡LOS DIEZ MILLONES VAN!!! ¡¡¡Y DE QUE VAN, VAN ¡!! Y así es que surge el nombre de “Los VAN VAN”.

Una zafra azucarera que según los discursos y los planes económicos tantas veces anunciados, “sacarían a Cuba de la pobreza para siempre”. Como todos conocen, la Zafra de los 10 Millones terminó por ser un descalabro económico. Sin embargo, a pesar de todo ese desastre nacional, la Orquesta Los Van Van se convirtió en un fenómeno musical, pasando a ser una las agrupaciones populares más famosas de la historia de la música popular cubana. Y me atrevo a decir que también, del mundo.

Claro, en esa época mis amigos y yo, no sentíamos mucho o casi nada, de aprecio por la música cubana y la juventud de esos tiempos estaba dividida en dos bandos: los que nos empeñábamos a escuchar y valorar mucho más la música “en inglés” y éramos identificados como: “hondiferos”, “pepillos” y “desviados ideológicos” (para la oficialidad) y todos aquellos fanáticos de la música cubana que nosotros a su vez, despreciábamos y despectivamente les llamábamos “cheos”.

Estaba también el elemento del racismo, muy fuerte e impregnado en la sociedad cubana y para muchos escuchar a Los Van Van y otros grupos de música popular era un “asunto de negros”, de “rufa” y “guapería”. Era una época de muchas crisis agudas a la vez. Aun había todo un ambiente de prohibición y censura de la “música en inglés”, de los Beatles, la represión a “los peludos”, los homosexuales, artistas e intelectuales, creyentes sobre todo católicos y aquellas religiones protestantes cuyas doctrinas se confundían por ignorancia con rechazo a la revolución. Los efectos del embargo económico norteamericano, eran más notorios y la sovietización de la Revolución Cubana, estaba a la máxima expresión.

Hay que agregar que eran tiempos en que había serios problemas en el ámbito de la cultura en general y la música cubana a partir de esa década, había entrado en una franca decadencia. Uno de los máximos exponentes de ese panorama, era un cantante de sombrero y bastón llamado Jarry Lewis conocido por aquella canción infame que iniciaba: ¡¡¡Trabajandoooooo!!! Para colmo la televisión y la radio cubana tenían la orientación de incluir en su programación musical agrupaciones y cantantes provenientes de la Unión Soviética y de todos los países socialistas que en su mayoría, era también infames. Habían clases de idioma ruso por radio mañana y tarde: “rusky Izik pa radio”. Estábamos verdaderamente rodeados.

Los Van Van surgieron como una luz incandescente en medio de esa oscuridad, se iniciaron con un cantante llamado Miguel Ángel Rasal, nacido en El Cerro y que le decían “El Lele” o “El Cabezón”, un magnífico intérprete cuya peculiar manera de cantar, mover la cabeza y el cuerpo atraían la atención del público isleño. Uno de los estribillos más sonados por aquel entonces decía: “Van Van, yo sé que Van Van, Van Van”.

Llegó el momento en que fui a parar a una Escuela Secundaria Básica en Campo (ESBEC) lejos de mi hogar y de mi Habana, en el Plan 19 de abril entre los pueblos de Bejucal, Quivicán y La Salud. Comenzaban los 70s y algunas de las canciones de Los Van Van que más sonaban y volvían locas a las muchachitas de mi ESBEC era esa que decía: “Una escuela en el campo y un fin de semana en La Habana. Juventud que es divino tesoro. Eres joven y lo tienes todo. Una escuela en el campo y un fin de semana en La Habana.

Pero también causaban furor: “La Bola de humo”, “Yuya Martínez”, “La Candela”, “Qué se sepa”, “Dale dos”, “Te traigo”, “Marilú” , “Televisión a colores, que bien se ve” y “dame, dame la compota, aguuuú, abre, abre la boquita, aguuuuú”.

Pero yo renuente, prefería la grabadora de Arsenio Ferrer, la de los hermanos “Pestillo” y la de “Pocholo” (Rafael Fernández Morera) los fines de semana en los barrios de La Víbora y El Casino Deportivo o los grupos de rock como “Los Almas Vertiginosas”, “Los Magnéticos”, “Los Dada”, “Flores Plásticas”, “Sesiones ocultas”, “Los Antúnez” que amenizaban las fiestas en el Vedado, Marianao, Lawton y Miramar. O dedicarme a oír los hit parade de los grupos norteamericanos e ingleses por medio de las estaciones radios del Sur de la Florida como la WQAM (“LA DOGLIU”) que yo escuchaba por medio de mi pequeño radio soviético marca SOKÓL, acostado en la tierra, mirando fijamente al cielo, flotando entre todas las musarañas, escondido entre los surcos de sembrados de Quimbombó, tomate, Ají cachucha o subido en el piquito de una mata de mango filipino. Mi ideología eran los besos de una novia y no tenía por supuesto, ningún apuro por el futuro, ni el más mínimo interés en sobrecumplir ninguna norma.

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La orquesta Los Van Van

Comencé a sentir algo de aprecio hacia la música cubana a partir del surgimiento del grupo Irakere en 1973 por su canción “Bacalao con pan” que comenzó a ponerse en todas las fiestas de los barrios habaneros por las sonoridades rock. Causaba tanta sensación como “Borrn on the Bayou” de Credence Clearwater Revival o “In a gadda la vida” de Iron Butterfly. Eso me hizo ver y oír también a los Van Van de manera diferente por el uso de las guitarras eléctricas, los violines eléctricos, pianolas y la batería, las tonalidades contemporáneas mezcladas con las tumbadoras, el chequere, el güiro me comienzan a sonar atrayentes. Además sus integrantes usaban ropa pegada al cuerpo, algunos con pantalones campana. Juan Formell se movía con su bajo al estilo de los roqueros del momento pero solo que hacían música cubana. Comencé a percatarme de esos detalles.

Llegó marzo de 1979. Cuba y Estados Unidos estaban a las puertas de poder normalizar sus relaciones diplomáticas. Nunca se estuvo tan cerca como esa vez y hasta se abrió la sección de intereses de Estados Unidos en La Habana y una oficina cubana en Washington, James Carter logro eliminar algunos capítulos del embargo económico vigentes desde la Crisis de los Misiles. En Estados Unidos, dentro del Partido Demócrata se respiraba una fuerte disposición a reanudar pláticas encaminadas a normalizar las relaciones.

En esos 17 instantes de la primavera, es que se produce uno de los eventos musicales más importantes de la Cuba de los 70s que fue el Concierto “Havana Jam”, una iniciativa sugerida por los directivos de la CBS. Concierto que tuvo lugar en el Teatro Karl Mark entre los días 2,3 y 4 de marzo, con la participación de destacadas figuras de la música cubana como Irakere, Pablo Milanés, La Orquesta Aragón, Los Papines, Manguaré, Sara Gonzales, Tata Güines, Frank Emilio, Juan Pablo Torres, Elena Burque entre otros. Por parte de Estados Unidos: Kris Kristofferson, Rita Coolidge, Stephen Still, Billy Joel, Bonnie Bramlett, Mike Finnigan, Dexter Gordon, Stan Getz, la banda de jazz-rock Weather Report con el legendario bajista Jaco Pastorius, y la orquesta Fannia All Stars, los reyes del fenómeno “Salsa” con Ruben Blades como vocalista.

Recuerdo que logré ir porque que mi amigo José Luis llanes, consiguió no sé cómo, que nos colaran, yo cursaba en ese entonces creo el once grado. Lo que más me impactó del espectáculo fue darme cuenta que los músicos cubanos sonaban tan bien como los norteamericanos, unos eran tan virtuosos como los otros.

Conocía al dedillo a todos los norteamericanos, era fanático de Stephen Still por ser miembro de Crosby, Stills, Nash & Young y me las sabía todas. Además conocía todas las canciones de Billy Joel que en ese tiempo estaba en los primeros lugares en Estados Unidos y en la cubre del éxito. Lo sabía por escuchar tanto “La DUGLIU”. Pero en relación a los músicos cubanos me sentí hasta ese momento un ignórate total, si bien había oído mencionar a la mayoría de los músicos nacionales, no me habían interesado hasta ese instante.

El otro aspecto fundamental fue comenzar a entender el jazz. La actuación de Weather Report y Patorius no me la puedo quitar de la cabeza. Irakere iniciando su Adagio de Mozart, fue fantástico e histórico. La cosa era que toda esa enorme ensalada musical que se estaba produciendo en ese trascendental concierto, no era más que el encuentro y la fusión de dos grandes potencias musicales mundiales y no “un pulseo ideológico entre músicos revolucionarios y músicos del imperio” como lo catalogó Antonio Pérez Herrero, jefe del Departamento Ideológico del Comité Central.

Pero entrado 1980 ese acercamiento se jodió con los sucesos de El Mariel. La derecha extrema norteamericana no estaba dispuesta a ir más allá. Le minó el camino a Carter no solo con Cuba, también hizo fracasar su gobierno. La Unión Soviética con Leonid Ilich Brezhnev a la cabeza, un dirigente estalinista de la vieja guardia, no estaba para tolerar esos “cuchicheos” entre Cuba y E.U. Un sector intransigente dentro del Comité Central del Partido Comunista Cubano mucho menos y todo se fue por un tubo. La nación cubana se dividió más de lo que estaba con la histórica avalancha de cubanos hacia la Florida. La Guerra Fría se puso al rojo vivo.

Aunque Los Van Van no estuvieron en “Havana Jam” ellos estaban por las nubes, en el éxito permanente y total, la década de los 80s significó el período más sobresaliente de esta agrupación que es cuando se universaliza con sus extensas giras y renocimientos internacionales. Comienza a ser conocida como Juan Formell y Los Van Van con Pedrito Calvo, el cantante de mayor pegada, que era de una energía en escena, similar a la de un arrollador huracán caribeño.

Los Van Van.  Foto: caimanbarbudo.cu
Los Van Van. Foto: caimanbarbudo.cu

Había que estar ahí para saber lo que digo. Cuando Juan Formel y los Van Van, comenzaban a tocar en cualquier estadio, teatro o plaza abarrotada de miles y miles de personas, se caía el mundo. Todos los números de cada disco que salían, se convertían en hit como era el caso de: “Se acabó el querer”, “Anda, ven y muévete”, “Que pista”, “El baile del buey cansado”, “La Habana si”, “Báilalo eh! Ah!, “Eso que anda” y muchas más.

Entre 1998 y 1990 me convertí en uno de los directores más jóvenes de la Televisión Cubana y Jorge Luis Pacheco, el director de la Redacción de Musicales del Canal 6, me propuso hacer un nuevo programa que no se pareciera en nada a lo que se hacía comúnmente y que fuera en horario estelar. Pero había un detalle, no había recursos, no había estudio ni gasolina, apenas había una cámara, un sonidista y un pequeño colectivo de trabajo con el Guille Vilar como escritor, Gladys Infante de asesora, Glorita Dilys de editora, Tomás Pliego de asistente de producción y la actriz Lili Rentería como conductora.

Era como hacer un batido de mamey sin mamey, sin leche y sin batidora. Entonces se me ocurrió hacer un programa musical que titulé: “A CAPELLA ” en ese concepto cubano de montar caballo sin montura, andar “a pelo” o “sin calzoncillo”. Pacheco fue el primero en apoyar la idea hasta que me pasaron a Cubavisión Internacional.

Casi de la nada se convirtió en uno de los espacios más vistos de la Televisión Cubana, y mi fórmula por “la escases de rinocerontes”, fue grabar el programa lo mismo en la azotea del ICRT, en una parada de guagua, con un paragua, con cartones, con lo que fuera pues consideré que era la oportunidad de hacer algo distinto pero esa manera de hacerlo, a “los compañeros” nos les hacía mucha gracia porque decían que yo no podía andar grabando un programa en una azotea que era considera “estratégica” y se vieron obligados a darme un estudio de televisión.

Pero la clave de mi programa sobre todo, era poner al mismo nivel de importancia a la música en inglés y a la música cubana. Para nosotros, Juan Formell y los Van Van, eran tan importantes como Los Beatles, Chicago, The Rolling Stones o Earth, Wind & Fire. Silvio Rodríguez y Pablo Milanés eran lo mismo que Lennon y McCartney. Janis Joplin, Linda Ronstadt o Ella Fitzgerald eran tan geniales como Elena Burque, Moraima Secada y Omara Portuondo.

Bola de Nieve era tan grande como Louis Armstrong como Rita Montaner era igual de buena que Billie Holiday y así por el estilo, Gonzalito Rubalcaba era igual de virtuoso que Chick Corea y Michel Camilo. Cuarto Espacio, Afro Cuba y Diakara eran igual que Spyro Gira o Yellowjackets. El público cubano comenzó a apreciar a Jorge Chikoy de igual manera que a Pat Metheny. Changuito, Tata Guines, los Papines y Angá eran tan fenomenales que Billy Cobhan, Ray Barreto, Airto Moreira, Tito Puentes y Giovanni Hidalgo.

En eso consintió el éxito de “A Capella” que además, se dedicó a promover los nuevos valores de la música cubana de esa época como no hacían otros y así fue el caso de: Carlitos Varela, Santiaguito Feliú, Gerardo Alfonso, Síntesis, Donato Poveda, Monte de Espuma, Tanya, Amaury Perez, José María Vitier, Ramón Valle, Pucho López. Los “peludos y los rockeros”, fusionarlos como cuando un niño obsesivo arma un rompecabezas, con Compay Segundo (que en esos días muchos ni conocían ni les interesaba), con Los Compadres, Celeste Mendoza, Los Zafiros, Yoruba Andabo, Peyo el Afrokán entre muchos. Todo eso mezclarlo también con los mejores valores de la música brasileña, argentina, colombiana y el resto de la Latinoamérica, el jazz, la música clásica y el denominado Movimiento de la Nueva Canción.

Algunos me decían: “Te has vuelto loco”. Y yo contestaba: “Si tienen toda la razón, porque hay que estar algo loco para ir en contra de lo establecido”. Danilo Sirio, el director de Cubavisión y mi jefe en ese momento, a cada rato me decía: “En qué clase de candela me has metido Daltoncito”. Otros con muy mala leche argumentaban que yo tenía la intención de prostituir la música cubana y que había que botarme del Instituto de Radio y Televisión por eso y ¿quién me había dado autoridad para hacer todo eso?

Era un menú con una mezcla que “los compañeros” del Partido como siempre, no querían entender ni aprobar, estaban renuentes ya que en ese tiempo aun prevalecía eso de “no sé cuanto por ciento de música en inglés” y no sé cuanto carajo por ciento de música en español”. Pero yo me cague en esos porcentajes y tuve tremendas broncas en el ICRT y sobre todo con “los compañeros”.

El resultado fue una batalla ganada porque conjuntamente con otros jóvenes que estaban en el ICRT con otros programas estelares como “El Programa de Ramón”, unidos a los nuevos aires en el Instituto de Cine, el ICAIC, de los nuevos valores artísticos salidos de la Escuela Nacional de Arte y el Instituto Superior de Artes, estaba naciendo el sonado movimiento de artistas surgidos dentro de la Revolución, éramos “los hijos de Guillermo Tell” y terminamos por derribar ese muro que se mantenía vigente desde 1965 y que por suerte, se acabó para siempre.

Llegaron los 90s, las crisis iban y venían pero Van Van y Formell retumbaban con su alegría y su potente sonido en toda la isla y fuera de ella como nunca antes, al compas de: “Que le den candela”, “Aquí el que baila gana”, “Que no que no”, “El negro no tiene ná caballero”,” La Titimanía” y Chirín Chirán, QUE YA SE ACABÓ!!!…

Caballeros, perdonen que no siga, ya me puse demasiado sentimental y no tengo palabras como definir la grandeza y la genialidad de Juan Formell y a los músicos de su formidable orquesta. Que gracias a él me convertí en un fanático de su música y de toda la música cubana. El legado de un gran genio como Formell, sobrevivirá por los siglos de los siglos. Sin temor de ninguna clase a que se me acusen de loco, no se podrá escribir la historia de la música universal sin Juan Formell. Que todos los cubanos, el mundo entero y dios, lo tengan en la gloria.
—–

(*) Jorge Dalton – Cineasta cubano-salvadoreño.  Considerado una de las Autoridades Cinematográficas de la Región Centroamericana, es actualmente uno de los más destacados documentalistas de la región centroamericana y del Caribe. Ex alumno del cineasta argentino Fernando Birri y del documentalista cubano Santiago Álvarez. Dalton es fundado de la Escuela Internacional De Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba y fue uno de los más destacados realizadores de la Televisión Cubana a finales de los 80s y principios de los 90s Actualmente radica en El Salvador y se desempeña como Director de Cine y Audiovisuales de la Secretaría de Cultura, Gobierno de El Salvador. Es impulsor de la creación de la Cinemateca Nacional de El Salvador y el Instituto Nacional de Cinematografía de El Salvador (INCINE) es además una pieza clave del nuevo panorama del cine y los audiovisuales en El Salvador como en el resto de la región centroamericana.


8 thoughts on “A Juan Formell y Los Van Van

  • el 9 mayo, 2018 a las 10:41 pm
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    Hola todos, desearía saber que grupo interpretaba la canción que mencionan en el artículo “Televisión a color qué bien se ve” ?
    Gracias de antemano

  • el 31 agosto, 2015 a las 9:30 am
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    El día en que se escriba nuestra historia de la segunda mitad del siglo XX habrá que hablar tanto de todo lo que usted refiere. Tiene mucha razón, a mi juicio. Era yo uno de los que no soportaba la música “chea” de nuestra isla. Hoy vivo en la diáspora, a diez mil km de nuestra tierra, y guardo celosamente una banca de datos fabulosa con nuestra música, la que entonces jamás escuchaba, ahora es para mí un tesoro sin par. En aquel momento me desvivía por sintonizar Beaker Street, que se transmitía a medianoche por la estación KAAY (se sintonizaba cerca de Radio Enciclopedia en onda media) y se oía bastante bien. Era una ventana abierta a todo lo que nos prohibieron. Fueron tiempos difíciles de sobrellevar pues nos robaron nuestros más hermosos años y la posibilidad de elegir y de pensar con nuestros propios cerebros. Nos perdíamos entre una estación y otra, la WQAM, que hoy se dedica al deporte, fue la válvula de escape de nuestra generación. Ojalá que un día escampe y podamos pensar definitivamente con tantos, tantísimos cerebros y talentos que hubo, hay y habrá siempre en Cuba.

  • el 21 noviembre, 2014 a las 8:25 pm
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    Tienes toda la razón del mundo porque es así como se escribe y se pronuncia correctamente en inglés. Tal vez hubiese sido bueno aclarar eso y no lo hice, un fallo de mi parte. Pero muchos en esa época les resultaba más cómodo no pronunciar la W y simplemente decían : “LA DIGLIU” Entre ellos yo mismo, que metía “tremendos forros” y no sabía ni papa de inglés Ja!!!!!

  • el 21 noviembre, 2014 a las 8:18 pm
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    Es la primera vez que publico aquí. Me ha gustado este sitio porque hay diversidad de opinión de los que están a favor y en contra y eso me gusta. No todo el mundo tiene que que estar a favor de lo que yo piense o diga. Nunca fue esa mi intención ni estando en Cuba ni fuera de ella. Agradezco mucho tus palabras. Soy vago para escribir aunque he escrito mucho sobre Cuba y de lo que pienso. Yo me dedico al cine y sobre todo al documental y no me queda mucho chance pero prometo enviar mas cosas.

  • el 16 noviembre, 2014 a las 7:03 pm
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    noooo, apretastes, tremendo articulo. Seria bueno que siguieras escribiendo porque seguro que tienes un millon de cosas interesantes que decirle a tus lectores, asi que animo y deja ese gorrion de lado que estoy esperando tu proximo articulo.

  • el 15 noviembre, 2014 a las 6:00 am
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    Solo decir que en aquella epoca ninguna banda sonaba en vivo como Irakere, no creo que haya habido en toda la musica del caribe un grupo como Irakere, ni siquiera Bob Marley con su ritmo monotono.

  • el 14 noviembre, 2014 a las 9:32 am
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    Excelente post que me hizo revivir los recuerdos de mi juventud asociados a la musica. Solo que las emisoras del sur de la Florida que los jovenes escuchabamos las definiamos con el nombre generico de “la Dobliu”, ya que las emisoras de Estados Unidos en virtud de un convenio internacional, sus siglas comienzan con la letra W.

  • el 14 noviembre, 2014 a las 9:14 am
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    Que tiempos aquellos Daltoncito !!!!!! te agradezco que me hayas hecho recordar, A Capella , El Programa de Ramon y todo aquella atmosfera inolvidable que se respiraba, a pesar de la censura y la vigilancia habia mucha gente valiente y con ganas que hacian cosas como las que tu hicistes. Pero perdimos, lamentablemente y muy a nuestro pesar nos ganaron la chabacaneria, la desidia , el fetichismo y muchas cosas mas, no se como sera el futuro con esta generacion regeton. Un saludo !!!!

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