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Aleida Guevara se queja de “anarquía capitalista” en Cuba

Aleida Guevara. Foto: https://italiacuba.it

HAVANA TIMES – En ocasiones anteriores en este espacio hemos hablado sobre la aparición de empresas privadas, las actuales Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPyMes), gracias a las cuales Cuba se mantiene flote.

Hace meses que el Gobierno de nuestro entrañable Miguel Díaz-Canel no vende un paquete de pollo a la población en los llamados módulos que se distribuyen mensualmente y cada vez vienen más menguados, pero los cubanos los adquieren gracias a las importaciones de estas MiPyMes, que como hemos dicho también en varios artículos de alguna manera postergan un estallido social porque, aunque a precios altos, acercan estos productos a los ciudadanos.

Resulta que Aleida Guevara, la mayor de los hijos de Ernesto Che Guevara, le declaró recientemente la guerra a estas nuevas formas de asociación, a las que incluso acusó de favorecer el tráfico de estupefacientes.

“Las MiPyMes entrañan riesgos de seguridad, porque pueden facilitar la entrada al país de drogas u otros bienes ilícitos”, dijo en una entrevista con el medio italiano Il fatto quotidiano.

De entrada, viniendo de una vividora que ha estado rodeada toda su vida de los hijos de los demás dirigentes de la alta nomenclatura, privilegiados consumidores de todas las drogas habidas y por haber como se ha denunciado decenas de veces pese al ocultamiento oficial, esta afirmación es cuanto menos sorprendente.

Según ella esta “anarquía capitalista” contribuye también al aumento de las desigualdades, y no tiene en cuenta la mansión en la que vive, ni los constantes viajes a cualquier rincón del planeta donde su padre despierta un mínimo de admiración, porque si es por méritos propios ella no sale de su casa.

“Estamos viviendo una crisis económica brutal”, afirmó la pediatra de profesión, de 63 años, cuyo salario no le alcanza para llevar la vida que lleva, sin conocer lo que es una cola del pan o una bodega, ni mucho menos una libreta de abastecimiento.

Sus notorias libras (sin que se interprete esto como una burla a la obesidad) no las tiene viviendo y comiendo como el cubano de a pie.

Pero lo más hilarante fue lo que vino después:

 “Hay que intensificar los controles por parte de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución)”, pidió la hija del guerrillero de origen argentino. Es el colmo de la aberración, seguir potenciando la política de la delación, pero para la autodestrucción, porque si estos actores económicos salen del escenario actual la miseria sería ya insoportable.

La organización, de la que nadie se acuerda salvo a fines de septiembre cuando se realiza una tímida campaña mediática para recordar su creación, y ya ni la tradicional caldosa de esa fecha puede garantizar, fue durante décadas potenciadora de bajas pasiones y pugnas internas entre vecinos.

Entre sus recomendaciones está regular los precios, pero es prácticamente imposible cuando el propio Estado no puede controlar la tasa de cambio, porque estas entidades compran en dólares, y si el precio del dólar sigue disparado los productos tienen que seguir en esa misma dinámica.

La Guevara no fue capaz de reconocer lo más importante para esto, que es la producción nacional, que las empresas estatales puedan garantizar las necesidades de los cubanos. Esa es la manera de regular los precios, pero aquí lo (poco) bueno que se produce está destinado al mercado internacional y no al nacional. Las firmas del propio Estado Socialista son las primeras que solo piensan en exportar, y así no se puede abastecer el mercado interno para que los costos bajen.

Luego la señora se fue un poco más allá y reconoció que los maestros y los médicos necesitan salarios más altos. Esto es una verdad de Perogrullo, pero que puede extenderse igual a muchos más sectores, porque los salarios son realmente miserables en sentido general y no pueden asumir las necesidades básicas de la gran mayoría de los cubanos, sin hablar ya de cosas naturales como unas buenas vacaciones, que son privativas de los que tienen negocios particulares o reciben remesas del exterior.

También se refirió a la producción nacional de las vacunas contra la Covid-19, pero falta a la verdad cuando dice que las tuvieron que producir “porque nadie nos las daba ni nos las vendía”. Sí las vendían, pero el costo de las vacunas en el mercado libre era demasiado elevado, mientras que elaborar su propia fórmula le permitía al Gobierno cubano ahorrar e inmunizar a la población, y gracias al potencial enorme de los científicos, una vez más, no se hizo el ridículo.

Tampoco es honesta cuando se refiere al turismo, pues considera que “el mundo no se ha recuperado. Estamos en una situación de crisis general y los precios de los viajes son altos”.

Parece que le falta información, porque la propia Organización Mundial del Turismo consideró a principios de este año cerrada la crisis del sector tras la pandemia, después de que en 2023 se alcanzase el 88 por ciento de las cifras de 2019 a nivel global. Además, las potencias del turismo rebasan los niveles de esa fecha, y en nuestra propia región México y República Dominicana exhiben cifras de récord, mientras Cuba no levanta ni con el repunte de ciudadanos rusos, que no los quieren en más ningún lugar y están manteniendo a flote el sector.

Finalmente habló de la figura de Fidel Castro, y señaló que reemplazarlo es demasiado difícil, “simplemente permanecer en su lugar es un acto heroico”. O sea, que ya por el simple hecho de estar ahí hay que apoyarlo.

A propósito, esta semana se pasó por la Televisión nacional una entrevista de Díaz-Canel con el periodista Ignacio Ramonet, en la que siguió su camino de falacias y entre otras cosas indicó que la economía cubana tiene un plan macroeconómico 2030 de superación para sobrevivir al (infaltable) bloqueo de Estados Unidos.

Otro capítulo más de la misma novela, pasados los Lineamientos, Bancarización, Ventanilla Única, Reordenamiento y un largo etcétera de medidas que no resuelven nada. Cuando lleguemos a 2030 seguirá el mandatario en su puesto seguramente, y dirá: “no pudimos alcanzar el objetivo, pero para 2050 tenemos el plan…”.

La historia sin fin.

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