Autor: Ariel Glaria

La santería y yo

Como esos descubrimientos propios de la niñez, que ocurren al mismo tiempo, a la edad de nueve años fui invitado por primera vez a un toque de tambor Yoruba* y me encontré solo frente a una santera.

Moscas. Moscas. Moscas.

En el quicio sucio de un solar de La Habana, frente a un agro mercado, después de llover, las moscas Basurina y Babita conversan. Del asfalto sube un tembloroso vapor.

Las moscas del agro mercado

En el techo de cinc de un agro mercado de la habana dos moscas conversan. “¿No has conocido al moscón argentino? Tiene a todas las moscas del basurero que parecen unas estúpidas imitando el acento argentino”. (11 fotos)

Quedarse o irse. ¿Será la cuestión?

El martes 5 de enero en la parada de guaguas de Prado y Trocadero, justo frente a los Leones de bronce que custodian uno de los tramos del paseo habanero; Cinco jóvenes – dos muchachas y tres varones – discutieron, cerca de mí, sobre las razones de irse o quedarse en Cuba. Entre ellos primo la confianza.

Rencuentro con vecinos

Cuando los tomos de las obras completas de V. I. Lenin decoraban las salas de los cubanos, los televisores eran en blanco y negro, todo el mundo iba al cine y los dólares eran como el fantasma de la ópera; Alberto confesó a su mejor amigo que era homosexual. Entonces no se conocía la palabra gay y homosexual era una manera sofisticada y rara, realmente se decía pájaro o maricón.